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lunes, 11 de octubre de 2010

Gitano del Baile

Por Mariana Fernández Camacho

Invitado por la profesora Silvia Briem Stamm, el mutifacético artista norteamericano Richard Amaro pasó cuatro días en Buenos Aires y dictó clases de jazz en un estudio de Vicente López

A los dieciséis años Richard Amaro era campeón nacional de Judo y tomaba clases de actuación en una escuela de Miami, la ciudad donde se crió. Para cuando cumplió 23 ya entrenaba bailarines, alquilaba teatros, montaba escenarios y aparecía en la televisión japonesa como un gran maestro y coreógrafo norteamericano. En el medio, una audición en la compañía Alvin Ailey cambió sus planes: “Estaba estudiando para ser actor y mi maestro me mandó a baile como complemento. Empecé a estudiar clásico, jazz y varias técnicas de ballet moderno. Después fui a la Universidad de Nueva York a audicionar como actor, pero me dieron una beca completa como bailarín. Probé suerte en Alvin Ailey y también me becaron. Nunca había bailado y empecé en Nueva York”, recuerda el multifacético artista durante su corta estadía en nuestro país.

Invitado por la profesora Silvia Briem Stamm, Amaro dictó clases de jazz en el espacio “Dance, Art & Movement”, en el marco de un intercambio cultural que también lo llevó a Brasil: “Siempre quise venir a la Argentina y estoy encantado de estar aquí. Lo que enseño es que con una base fuerte de varias técnicas y aprendiendo diferentes estilos, se puede trabajar por muchos años como bailarín. Porque todos los trabajos se acaban y lo mejor es estar preparado para lo que viene. Yo aprendí de todo y ya llevo 33 años bailando, actuando y cantando. Esas son las experiencias que les paso a mis alumnos y que a mí me han enseñado los grandes maestros y coreógrafos”.

Es que Amaro tiene una larga experiencia en esto de codearse con los grandes: trabajó con Jerome Robbins en Broadway, con Prince y Tina Turner, lo eligieron entre seiscientas personas para bailar con Michael Jackson en el décimo aniversario de MTV, interpretó a Bernardo en una gira de West Side Story por Europa, fue partner de Chita Rivero y el coreógrafo de varios comerciales que dirigió Bruce Weber. “Es difícil decir con quién me gustó más trabajar. Cada artista tiene su característica y es importante. Además, es totalmente diferente trabajar en el teatro, hacer baile concierto o pop. Pero si tuviera que elegir diría que bailar con Michael fue lo máximo. Era un genio. Él hacía todo: los ritmos, todas las canciones, los vocales de atrás, de adelante. Nadie fue igual. Y el público lo adoraba. Era increíble estar a su lado y sentir esa ola de energía”, confiesa bajito para no herir susceptibilidades.

Entre el escenario y la pantalla, también es clara su preferencia: “Me gustan las dos experiencias, pero prefiero el vivo, porque te emociona y sabés si al público le gusta o no lo que estás haciendo. Las películas o los comerciales a veces salen dos años después, cuando ya estás en otra vida -explica Amaro en un perfecto castellano que heredó de su padre cubano y de sus abuelos venezolanos y costarricenses-. Lo que más me gusta cuando estoy en el escenario es pensar en que el público se olvidó de todos sus dolores, y que durante esas dos horas cambió su vida. Es como sanar a una persona”.

Coreógrafo, director y bailarín. Los tres roles le traen satisfacciones y lo llenan de orgullo. Para Richard Amaro es como tener varios sombreros que cambia según la ocasión: “Cuando entro en algún espectáculo como bailarín es más fácil, porque sólo tengo que pensar en mí y en hacer lo mejor que pueda para el público, para mi pareja de baile y para la obra. Pero cuando soy el director y coreógrafo me gusta ver cómo otras personas interpretan mis pasos. Disfruto de hacer todo”.

De hecho, en Latin Rhythms Amaro es todos en uno -“En ese show bailo, dirijo, soy coreógrafo y productor asociado”-, y la mañana siguiente a la entrevista con Balletin Dance volvía a los Estados Unidos donde lo esperaban varias reuniones con productores interesados en el éxito de su espectáculo. También lo tienta la idea de repetir en diciembre el musical Babalu en Miami, en Broadway y en Las Vegas. Además de sus clases como profesor de jazz en la escuela del Miami City Ballet.

Y así sigue, valija en mano, la vida de Richard Amaro. Un gitano del baile.


 
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