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viernes, 10 de septiembre de 2010

20 Años es Mucho

Por Juan Cruz Guillén

 

Dos décadas atrás nacía en Buenos Aires el Ballet Folklórico Nacional, bajo la dirección de Santiago Ayala “El Chúcaro” y Norma Viola

 

Según dice el refrán popular, dos decenas de años es poco, pero no es así cuando se refieren a una institución que es símbolo de la mejor y más destacada danza argentina. Estos cuatro lustros se desarrollaron con mucho esfuerzo y dedicación, dos motores imprescindibles para seguir soñando.

A sala llena y con organización de la Dirección Nacional de Artes de la Secretaría de Cultura de la Nación, el Ballet Folklórico Nacional (BFN) celebró el miércoles 21 de julio sus veinte años de vida, reuniendo en el Teatro IFT de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, a la primera formación que tuvo en 1990, año de su debut, en el Teatro Colón de la Ciudad de Buenos Aires.

La creación más importante de la danza argentina tuvo su historia marcada por dos inigualables bailarines: Santiago Ayala “El Chúcaro” y Norma Viola. Ambos fueron recordados por sus bailarines históricos y a través de un video que los reflejó bailando varios cuadros típicos que formaron parte del repertorio del BFN.

También se montó en el hall del teatro a cargo de Raúl Jiménez, una muestra de treinta fotos históricas de El Chúcaro, Norma y La Dolores, pertenecientes al archivo personal de Juan Cruz Guillén, dando comienzo así a un itinerante recorrido por diferentes provincias argentinas.

Luego de la entrega de diplomas a los integrantes del Ballet Folklórico Nacional, el elenco actual, bailó entre otros cuadros La Santos Moreno, La Huella, un fragmento de la obra Giros, Danza de las Hilanderas, y el Pericón Nacional y Malambo, todos ovacionados por el público.

El BFN fue creado a través de la ley nacional Nº 23.329, del año 1986, que consiguió su reglamentación en 1989 y el debut del elenco tuvo lugar el 9 de julio de 1990 en el impactante Teatro Colón de Buenos Aires. La iniciativa partió de numerosas personas, entre ellos José Luis Castiñeira de Dios (subsecretario de Cultura de la Nación de entonces), Susana Zimmermann (área de danza de la Secretaria de Cultura de la Nación en aquel momento), diputados, senadores, el Chango Farías Gómez, entre otros grandes artistas.

En palabras de Margarita Fernández, actual coordinadora artística del BFN: “La función fue muy emotiva porque se acercaron bailarines que pertenecieron a las filas del Ballet desde el inicio, o aquellos que formaron parte del anterior Ballet Popular del maestro Santiago Ayala, o fueron discípulos o colegas suyos. Hubo otro reencuentro de gente que, en muchos casos, hacía mucho que no se veía. El marco permitió sentirlo festivo realmente. Sentir que el Ballet está vivo. Con la sangre nueva, sabe perfectamente cuáles son sus raíces: asentar nuevas propuestas pero tener presente el patrimonio coreográfico, siempre. Eso es importante para que la compañía no pierda su estilo. Aunque atraviese otras modalidades, que son bienvenidas, hay que tener siempre presente el ancla, para saber de dónde se parte. Porque si sabes de donde partís, tenés la posibilidad de ver nuevos rumbos y podes regresar, conociendo el camino de ida y de vuelta”.

 

Recuerda Raúl Marego, responsable actual del área producción y programación del BFN: “La mejor imagen que tuve del maestro Santiago Ayala fue la que transmitían Norma y Nydia Viola. La admiración que tenían por él era inmensa. Escucharlas, emocionadas, cuando contaban su grandeza como bailarín, como creador, y cómo se habían impactado cuando lo vieron por primera vez al enterarse que estaba buscando bailarinas, ellas que se habían formado en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón. Luego empezaron a crecer juntos en una compañía. . . Cuando uno hoy ve al Ballet, puede encontrar la magia de lo que ellos dejaron, porque se los ve. Entre los movimientos, la expresión, el estilo que consiguieron, las historias que querían contar, lo que investigaron previamente a sus creaciones (leían mucho) y buscaban o les componían la música que necesitaban. Esto lo inculcaban a sus bailarines, para que cuando fueran a emprender un proyecto, estuvieran muy bien informados para poder fundamentar sus propias propuestas coreográficas”.

 

¿Cuál es el secreto del Folklórico Nacional?

Margarita Fernández señala que “el ballet son los bailarines. Los bailarines tienen la suerte de trabajar coreografías excelentemente creadas, con músicas muy bien elegidas. Eso también permite que ellos se luzcan”.

 

Antes de fin de año, el BFN estrenará Juan Moreira con coreografía de Margarita Fernández, bajo la dirección de “Cacho” Nápoli y música de Luis María Serra, sobre el relato de Eduardo Gutiérrez y en eso están concentradas hoy todas sus energías.

 

Para finalizar Marego expresó que “es nuestro deseo que la gente se acerque al BFN. Que asista a sus espectáculos. A veces hay una mirada distorsionada de la danza folklórica. Algo contra lo que lucharon Norma y Santiago fue sacar a la danza folklórica del patio de tierra para llevarla a un escenario. Y ahí cambia, tiene una historia para contar, un sentimiento para transmitir, una técnica, un diseño coreográfico. . . Ellos casi no usaban escenografías, el escenario casi en exclusividad lo ocupaban los bailarines, con sus movimientos, su expresión, con su técnica, acompañados por un apropiado vestuario y sirviéndose de la luz teatral y una acertada elección musical para resaltar sus propuestas. Si uno mira hacia atrás, incluso en algunas filmaciones, comprueba que desde sus comienzos, ellos fueron visionarios. Porque los instrumentos que estaban a su alcance para realizar aquello que imaginaban eran muy precarios. A medida que fue transcurriendo el tiempo y que las posibilidades técnicas mejoraban las coreografías se nutrían de ello y pareciera que estuviesen recién creadas. Recuerdo por ejemplo, cuando mucha gente dice: esto nunca lo vi y Norma Viola respondía: esto lo estrenamos en el sesenta, lo que pasa es que volvían a reverlo, y lo rehacían con todos los medios nuevos que tenían a su alcance. Y hoy en día, la base es tan fuerte que siguen deslumbrando a la gente con sus composiciones.

Por otro lado, los bailarines se han ido perfeccionando dentro de la compañía. Diariamente, además del ensayo de repertorio o de los nuevos montajes, toman clases con distintos maestros en las que se les brinda la posibilidad de mejorar cada vez más y de desarrollar las condiciones que cada uno posee.

La compañía hoy está integrada por cuarenta y siete personas, entre bailarines, técnicos y administrativos. Esperemos que todo continúe creciendo proporcionalmente, como así también el presupuesto para posibilitarnos mantener vigente el repertorio heredado a la vez de encarar nuevos montajes, que permitan al BFN continuar siendo un embajador cultural. A lo largo del tiempo se han alcanzado muchos objetivos y reconocimientos y faltan otros más para que la compañía siga creciendo”.

 

Este artículo fue realizado con la colaboración de Diego Vázquez Comisarenco


 
 
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