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viernes, 10 de septiembre de 2010

Entrevista

Amir Thaleb: Bailarín, Coreógrafo, Maestro

Por Eliana Gissara

Balletin Dance dialogó con Amir Thaleb, mentor de la danza oriental en Argentina, en la antesala del Encuentro Internacional de Danzas Árabes que este año alcanza su 12º edición. En esta entrevista, el bailarín hace un recorrido por su carrera internacional, analiza la actualidad de la danza región por región y explica qué tiene de especial el “estilo argentino” que tanto llama la atención en el exterior

A sus 47 años, Amir Thaleb parece no detener nunca su actividad: bailarín, maestro, coreógrafo, y sobre todo mentor de una escuela que desde hace veinte años está presente en todos los bailarines de Argentina. Sólo en este 2010 visitó Venezuela, Ucrania, España, Bélgica, Italia, Inglaterra, España, Ecuador, Colombia, Egipto, Chile, y ni que hablar del interior de la Argentina.

En octubre y noviembre aparecen en su agenda Estados Unidos y México, no sin antes llevar a cabo el XII Encuentro Internacional de Danzas Árabes -del 23 al 26 de Septiembre- en el tradicional Golden Center, más la gala de Sawt El Hob, el 7 de octubre en el Teatro Avenida, con la participación de la Horus Arab Music, la Arabian Dance Company y su nueva creación: El Ballet de Cámara.

Difícil encontrar un espacio para tan cargado calendario. Aún así, Amir Thaleb se las ingenió para recibir a Balletin Dance en su escuela del Abasto, una vez terminada su jornada de danza.  

 

¿Cómo prefiere llamarla: danza oriental, danza árabe, danza del vientre?

Me inclino más hacia danza oriental, porque abarca un espectro cultural mucho más amplio que la danza árabe. La danza oriental contempla la parte árabe, turca, griega, andaluz, balcánica y también la occidental, debido a que hay un montón de estilos que surgieron en Occidente que no entrarían en el concepto ortodoxo de danza árabe. La influencia mayor la tiene la danza árabe, pero no es absoluta. 

 

¿Existe un estilo exclusivamente argentino a la hora de bailar?

Creo que sí, es un estilo que impuse yo, y que luego fueron difundiendo y recreando cada una de las discípulas. Cuando uno observa a los bailarines argentinos, si bien hay estilos más veloces que otros, la esencia sigue siendo la mía.

Yo entendí el estilo argentino a través de lo que recibí de los extranjeros. Según los egipcios, hay un estilo argentino que está marcado, no solamente en la forma de los pasos, sino el temperamento, y que no está presente en los europeos, los norteamericanos ni mucho menos los asiáticos. Cuando hablamos de “estilo argentino” no hablamos solamente de las ecuaciones coreográficas usuales de la danza, sino del temperamento interpretativo que posee la  bailarina argentina. Ahora bien, dentro de este gran estilo hay dos: uno que se mantiene dentro de las tradiciones -que es el que yo propongo- subrayando la importancia del baladi, y otro estilo inventado, demasiadamente fusionado con otras disciplinas, que se alejó totalmente del significado y de la esencia del baile, generando una fábrica interminable de pasos con carencia de emoción. Hay una camada, inclusive alumnas recibidas de mi escuela, que son grandes gimnastas pero no hay baile oriental. 

 

¿Cómo están posicionados los bailarines argentinos en comparación con sus pares de otras regiones?

Sacando a Egipto, hoy el liderazgo es compartido con Rusia y Europa del Este, de hecho la ganadora del festival Ahlan Wa Sahlan fue una rumana con un nivel increíble. Ucrania a nivel artístico también es fantástica. Europa está en pañales con respecto a la danza oriental, son grandes admiradores nuestros. Mientras ellos tengan la mentalidad de la danza oriental como hobbie, va a ser muy difícil que se organicen como institución. 

 

¿El lenguaje es una barrera para interpretar las canciones?

No, no creo que el lenguaje tenga que ver con la interpretación. A los egipcios les facilita los ademanes, pero nada más. Hay muchos bailarines que son extranjeros y bailan muy bien las danzas latinas… Toda danza que respete la emoción y el sentimiento es bienvenida por ellos ya que detestan al mecanismo. 

 

Teniendo en cuenta esta relación que se da entre las danzas tradicionales y las nacionalidades, ¿el tango oriental respeta la esencia de nuestro baile? ¿Cómo surge esta tendencia?

Cualquier fusión que no pierda la esencia madre es válida. El tango oriental fue una idea que surgió de Yousry Sharif y me la comentó hace años. Sin embargo, las primeras fusiones surgieron en Alemania porque en Europa se había puesto muy de moda la música de tango electrónico, y eso inspiró a muchos bailarines. Hay una gran falla cuando se hace fusión, que es utilizar la música de tango auténtica para montarle los pasos árabes.

El verdadero tango oriental lo hice yo desde mi computadora, haciendo una mixtura en la música, que luego cedí a la Horus Arab Music para que ellos plasmaran. Para bailar esta fusión hay que adaptar el tango a un solo frente y  fusionarlo con la música árabe moderna que es la que se ajusta al tiempo del tango. La Cumparsita con shimming no va.

 

Amir Thaleb en el mundo

Uno de los grandes méritos de Amir es haber conquistado a los egipcios, un público con paladar exigente. Allí se dio el gusto de bailar y compartir vivencias con los principales referentes de la danza oriental. Su participación en el festival de Raquia Hassan es muy esperada por los asistentes al seminario y por sus pares, quienes reconocen el aporte personal que le concedió a la danza.

A pesar de ser un país que vive la danza desde la cuna, Amir no duda en señalar la ambigüedad en la que su pueblo está inmerso. “Hay una sociedad moderna y una sociedad religiosa que chocan constantemente. Se critica la danza pero todo el mundo la baila. Se critica a la bailarina oriental pero todo el mundo va a verla, hay una cosa contradictoria dentro de ellos mismos”.

 

¿Qué países nunca pensó que iba a visitar como bailarín?

Rusia y Asia en general. Como estudiante de ballet amo el folklore y el ballet ruso: Vasiliev, Maximova, Moiseyev. Estuve dos veces en San Petersburgo y una en Moscú, ¡y no lo podía creer! Fue fantástico, porque si bien el aplauso del ruso es lento y acompasado, a mí me aplaudieron en el mejor sentido latino. Y me encantó escuchar a los hombres rusos decir bravo, fue muy impactante.

 

¿Ve en la danza oriental de Rusia alguna influencia de su escuela de ballet?

Tienen la disciplina del ballet ruso. Bailen cinco o veinte personas son calcadas como en el Bolshoi. En Rusia no existe la chabacanería, no hay nada improvisado, se ensaya todo el tiempo. Lo mismo sucede con los asiáticos.

 

¿Cómo fue su experiencia como bailarín en Asia?

Me gusta Corea, pero en Taiwán me siento como en Argentina. Tienen un sentido muy argentino en su forma de ser. Me maravilló bailar en Japón, un país muy diferente para el artista. Bailar para ese público es muy especial, ellos tienen un sentido del respeto tan grande... Por ejemplo, me pasó en un espectáculo que estaba haciendo todos los movimientos que usualmente llaman la atención y levantan al público, y no pasaba nada. Ni gritos, ni aplausos… sudaba de los nervios. Terminé mi cuadro en una pose y nadie aplaudió. Dije bueno, ¡no vengo más! Pero enseguida cuando bajé el brazo y saludé se vino el teatro abajo. Ahí entendí que ellos no interrumpen al artista con el aplauso porque es una falta de respeto. También cuando las alumnas terminan una clase hacen una reverencia y nunca te dan la espalda, se retiran caminando hacia atrás, porque darle la espalda al maestro es también una falta de respeto.

 

Los nuevos talentos

El comienzo de Amir como bailarín no fue fácil. Fueron muchas las barreras que debió superar: una sociedad que no contemplaba la danza en los hombres, el prejuicio hacia la masculinidad en la danza oriental y el escaso acceso a la (in)formación en Argentina. “Yo soy producto de la prueba y el error. Hoy los bailarines tienen maestros y guías que les pueden marcar el camino, en cambio cuando yo empecé el único parámetro era el ballet. En el medio hice cosas que funcionaron bárbaro y otras no tanto, pasé del estilo clásico a la vanguardia y luego a lo autóctono, pero no me arrepiento porque todo me llevó a estar donde estoy hoy”, explica con convicción.

Minutos más tarde frunce el seño para hablar de cierto estilo hoy imperante en los hombres, que según él han perdido la masculinidad a la hora de bailar: “He visto hasta en el desierto de Egipto hombres travestidos, con gestos y movimientos que imitan a la mujer. El hombre tiene mucha riqueza como hombre para dar, puede ser sensual y hacer un camello desde su masculinidad. Esto pasaba mucho en el baile flamenco y en la escuela bolera, en este sentido Antonio Gades hizo un importante aporte para revertir la situación. Hoy la gente se impacta por ver tanta mariconeada junta en un escenario. Es innecesario.”

 

¿Cómo ve la nueva camada de bailarines locales?

Estoy tremendamente sorprendido porque hay talentos muy jóvenes, con experiencia, y un caudal de conocimiento increíble. Ni hablemos de los consagrados como Yousef, Yael, y del otro lado de Saida, Shanan.

 

¿Qué porcentaje hay en Amir Thaleb de bailarín, coreógrafo y maestro?

Como bailarín ya me voy despidiendo; estoy gastando las últimas fichas pero desde el lugar del placer, no desde el narcisismo. Hoy bailo las cosas que me gustan, por ende es mi momento más rico como bailarín. Con respecto a la enseñanza, soy una persona totalmente comprometida. Amo enseñar y soy exigente porque me gusta que la gente saque su potencial. Por último, trato de abrir un espectro del lado de la producción, lo que pasa es que no estoy en el mejor país para hacerlo. Hubo historias que conté, argumentales, que me emocionaron, como por ejemplo La Puerta de la Alhambra con Maiada e Infinito con Saida. Ambas obras fueron muy movilizantes para mí.

 

¿Está pensando en el retiro?

No voy a hacer un retiro al estilo Julio Bocca. Los cortes abruptos traen mucho dolor. Yo ya me estoy retirando hace tiempo, pero nadie se dio cuenta. Si hoy vos ves mis espectáculos hago dos cuadros y el resto lo hace el ballet. Bailo en el EIDA porque la gente lo espera pero si fuera por mí no bailaría, porque ser productor durante el día y ponerse la máscara de bailarín en cinco minutos es muy difícil. A mis 47 años logro transformarme en un chico de 20 por la energía y la polenta, pero las ganas cuestan. Hoy por hoy disfruto de la ceremonia del maquillaje; es la madurez, el momento de degustar lo que hago.


 
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