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viernes, 10 de septiembre de 2010

Entrevista

Cuando la Danza no es una Cuestión de Tiempo

Por Laura Lifschitz

A partir de una férrea convicción, Elsa Agras ideó hace quince años lo que hoy ya es un cuerpo de baile de más de sesenta personas adultas que siempre desearon bailar, el Ballet 40/90. En plena temporada anual la directora dialogó con Balletin Dance con motivo de la nueva versión de su espectáculo Sandunga, que se presenta en el Teatro Empire

 

¿Cómo es su vínculo con la danza?

Yo estudié danzas muchos años con muy buenos maestros. María y Angeles Ruanova fueron mis grandes maestras, así como Esmée Bulnes. Nunca pude ser profesional, porque eran otros tiempos y no me dejaban. Pero sí me dejaron enseñar. Pero probablemente si yo hubiera seguido mi carrera en la danza no hubiera podido llegar a armar esto. Hubiera estado bastante más estructurada a mis 86 años.

 

¿Cómo define al Ballet 40/90?

Una de las cosas lindas que tiene el ballet es que la gente descubre que aún no habiendo bailado nunca, que aún teniendo más edad y teniendo los achaques propios de ésta, sin embargo bailar se puede. Depende del concepto que se tenga del bailar, que en nuestra compañía es una concepción placentera. Ese placer, esa alegría de estar en el escenario -quizá más alegría que placer- es lo que recibe la gente. Se convierte todo en un gran regocijo tanto desde el escenario como desde la platea. Pocas veces yo he visto una satisfacción tan grande, mezclado con un poco de emoción, como en esta gente.

 

Manejar un cuerpo de sesenta personas no debe ser nada fácil.

Como en todo elenco grande hablan, y además son todas mujeres. No son profesionales, pero entienden que es un grupo y cuando algo falla o cuando alguien tiene algún problema hay una solidaridad asombrosa. En el escenario se traslada eso, que para mí también es un asombro. La gente se cree que yo tenía una idea clara de lo que quería hacer. Cada vez tenemos gente más grande, desde cuarenta y pico hasta dos mujeres de ochenta años, que son dos diosas en el escenario.

 

Respecto de la danza, ¿usted como creadora se siente incluida en alguna estética en particular?

Siempre me mantuve muy vinculada a la danza. Hace tres años fui a Alemania, a Wuppertal. Allí me recibió Pina Bausch en su camarín, y hasta estuve con su elenco. Le guardo una gran admiración. Muchas de las obras que monto están inspiradas en ella.  Soy muy irreverente con los pasos, y no son fáciles. Eso lo aprendí de Pina, admiro de ella la libertad y la inteligencia llevada al escenario.

 

Hay algo de lo social o de una danza enraizada en la conciencia ¿A eso se refiere?

Sí, creo que nuestro ballet lo que más transmite es ese sentido. Es la demostración de que la sociedad en la que uno vive, es una sociedad que te limita, que te hace pensar que al tener más edad uno ya no puede hacer nada, que es una islita que se va achicando hasta quedar solita ahí parada.

 

Siempre hay humor en los espectáculos del ballet 40/90.

Trabajamos mucho con el humor. Eso lo aprendí de mi maestro de clown, Marcelo Katz, y nunca voy a terminar de agradecerle ese nuevo modo de ver la vida, que he volcado en el ballet. E incluso aparece la sensualidad. No importan los cuerpos, importa el compañerismo y tomar el compromiso. Eso sí, yo siempre voy hacia el umbral más alto, no me conformo con que levanten el brazo hasta donde pueden. En eso soy absolutamente honesta: veo lo que cada una puede hacer y le pido que expresen hasta el límite cada una de sus emociones a través de su cuerpo.

 

¿Qué se podrá ver en Sandunga?

Sandunga es un espectáculo cuyo nombre viene del folklore mexicano, se dice que era una mujer muy linda que embrujaba a los hombres. El título salió porque me acordé del nombre de una canción que mi mamá me cantaba siempre cuando era chica, que está en el espectáculo. En total son veinte bailes que pasan por todos los géneros musicales: desde una milonga de Esteban Morgado, pasando por un cakewalk de la película El Golpe, un número flamenco-árabe. Además hay jazz, tap, actuamos, cantamos. Es una comedia musical. En realidad, todo empezó sin que yo supiera mucho lo que quería hacer, y debo confesar que el ballet 40/90 me hizo a mí, me fue moldeando y enseñando.


 
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