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martes, 10 de agosto de 2010

La Suma de los Detalles

Por Carlos Bevilacqua

 

Como coreógrafo y director, Leonardo Cuello brilla con luz propia en el mundo del tango escénico. Tras sorprender gratamente en 2007 con cuatro obras breves aglutinadas bajo el título de Quintaesencia, expondrá otros dos paquetes de cuatro puestas durante el Mundial de Tango este mes en Buenos Aires

 

En la siguiente entrevista Leonardo Cuello describe sus creaciones, la minuciosa elaboración que las precede y reflexiona sobre los desafíos de tener su propia compañía.

 

El destino tiene sus vueltas. Cuenta el entrevistado: “Todavía era un bailarín folklórico amateur cuando un amigo me avisó que había una audición para el UBAllet. Fui, quedé seleccionado y bailé ahí durante tres años. Fue la directora de ese ballet, Beatriz Durante, quien me abrió la cabeza para que yo me pudiera profesionalizar”. La primera prueba de fuego llegaría poco después bajo la dirección de Oscar Araiz en la ExpoSevilla ’92. Superada, Leonardo Cuello afrontó otro período clave en su formación al integrar la compañía Tangokinesis de Ana María Stekelman. Ya en sus últimos años como bailarín, fue parte de puestas de Mora Godoy, Eleonora Cassano y Silvia Vladimivsky, entre otras mientras paralelamente trabajaba en diversas casas de cena-show dedicadas al tango.

 

Desde 2002 Cuello es profesor de cinco materias de tango danza en el Instituto Universitario Nacional del Arte (IUNA). Hoy, a los 42 años, también es docente del Ballet Folklórico Municipal de Ituzaingó y del Laboratorio di Tango Argentino de Turín (Italia). Como si esto fuera poco, además se desempeña como coach de Tanguera, la obra dirigida por Omar Pacheco que realiza frecuentes giras por el exterior.

 

Quien quiera conocer su refinada estética tendrá este mes tres chances gratuitas enmarcadas en el Festival y Mundial de Tango de Buenos Aires: el 17 en Bartolomé Mitre 575, cuando participe de un taller de composición coreográfica coordinado por Milena Plebs; el 24 en el Teatro de la Ribera, cuando con el ballet de tango del IUNA presente las cuatro obras breves que componen Viento Sur; y el 26 en el Teatro 25 de Mayo, con su propia compañía cuando estrene otras cuatro creaciones breves bajo el título de Tetralogía.

 

El elenco de la compañía de Cuello está integrado por Rocío Leguizamón-Germán Filipelli, Milagros Rolandelli-Lisandro Eberle, Ayelén Sánchez-Walter Suquía, Laura Zaracho-Ollantay Rojas, Paola Camacho-Sebastián Fernández, y Mara Craham-Gustavo Vargas. Con ellos estrena este mes Tetralogía.

   

¿En qué consiste Tetralogía?

Es mi segundo ejercicio como compositor, con un equipo creativo que es casi el mismo que el del primero, Quintaesencia. Es muy comprometido afrontar un espectáculo de una hora y media desde el tango, tratando de no repetir caminos hechos. Aunque haya algunos preciosos y muy valorables, prefiero aquellos que sean míos, que hablen de lo que yo quiero contar o de las fantasías que me produce el tango. Tetralogía es también un gran juego en torno a la fusión de lenguajes.

 

¿Qué lenguajes?

A la hora de echar mano no me remito sólo a la danza contemporánea, sino también a elementos que pueden ser considerados clásicos, neoclásicos, o del fly low. No me considero un experto en esas disciplinas pero me he nutrido de esos lenguajes.

 

¿Las cuatro piezas tienen algo en común?

No, y espero que cada bloque en sí mismo resulte un episodio de estudio, de investigación, un logro diferente. Que cada uno rompa sorpresivamente con el anterior.

 

En el Mundial también se presentará la compañía de tango del IUNA, con muchos más bailarines.

Sí, son veinticuatro. Con ellos también trabajamos el formato de cuatro episodios, pero con un enfoque diferente, bajo el nombre de Viento del Plata. Como el elenco se renueva todos los años en alrededor de un treinta por ciento, el trabajo es inevitablemente menos profundo. Vamos construyendo, procesando y enriqueciendo el proyecto, pero en realidad el foco principal de la compañía es el estudio. A través de castings, los mejores alumnos pueden vivir la experiencia del ballet durante tres años y medio como máximo. En general, lo abandonan antes porque van encontrando trabajo, de hecho, en mi compañía tengo dos parejas y media salidas del ballet del IUNA. Los bailarines sólo cobran una pasantía de 300 pesos mensuales. Sin embargo, en las audiciones se presentan entre 60 y 80 alumnos cuando las vacantes son 6 o 7, o sea que valoran mucho el espacio de crecimiento profesional e investigación que implica.

 

El IUNA es como su semillero.

Más que eso, el IUNA es un espacio invalorable. Primero, porque la relación que tenés con el alumno es sincera. Hoy el tango es un enorme negocio, y en muchos estudios privados el alumno es visto como un cliente. Aquí en cambio, un alumno es un alumno, porque es una universidad pública. Por otro lado, el proceso que iniciás no es menor. Al ser profesor en cinco materias anuales, (¡puedo llegar a tener a un alumno durante cinco años!) me hace sentir una enorme responsabilidad y un enorme privilegio por todo lo que podemos crecer juntos.

 

¿Cuáles son sus fuentes de inspiración para las obras?

Son diversas. Ahora estoy creando a partir de algunas letras de tango, como hice para Entre tus Brazos, uno de los episodios de Tetralogía. Cuando empecé a escribir el guión también recurrí a vínculos que se habían dado en mi historia personal. El cine es otra fuente de inspiración, porque retengo imágenes y sensaciones de algunas películas. La escena del picnic de Domingo (Viento del Plata), por ejemplo, recrea en danza la escena de la película Mercado de Abasto en la que Tita Merello canta Se Dice de Mí. Ahí pesaron también todas las anécdotas familiares de picnics que me contaron mi mamá y mi suegra. Es más: el vestuario está inspirado en una foto familiar.

 

¿A qué adjudica que sus obras hayan tenido buena repercusión entre el público?

Supongo que algunas cuestiones pesan más que otras. Una es que respeto enormemente los procesos corporales de los bailarines. A tal punto busco que el bailarín esté cómodo en el movimiento que te diría que casi construyo a partir de ellos. Por otro lado, la iluminación, la banda de sonido, el vestuario y el maquillaje son para mí extremadamente importantes. El tango como show está instalado en un lugar de comodidad por lo que no asume riesgos. Y los lenguajes artísticos evolucionan cuando los artistas se arriesgan.

 

¿Qué expectativas le genera volver a participar del Taller de Composición Coreográfica del Mundial?

Espero sentirme tan bien como el año pasado, porque lo disfruté mucho. La consigna es crear una coreografía de cuatro minutos durante cuatro horas a la vista del público, para que se revele el proceso de creación. Cada coreógrafo lleva la música y una o dos parejas como para tener un anclaje en el elenco, pero el resto está compuesto por bailarines que uno conoce recién al llegar.

 

¿Por qué dejó de bailar siendo todavía joven?

No fue una decisión que tomé de entrada. Había tenido un rol protagónico en La Duarte, una obra de Silvia Vladimivsky en la que además había participado del proceso creativo, una obra fantástica, con tango, danza contemporánea, acrobacia... Para hacer de Perón engordé seis kilos, me leí cuatro biografías escritas desde diferentes posiciones políticas, me morfé Sinfonía de un Sentimiento de Leonardo Favio y hablamos muchísimo con Silvia sobre otros libros que ella había leído. Cuando se terminó esa temporada no encontré una opción de trabajo interesante. No había otra cosa más que bailar La Cumparsita con el smoking y la verdad que no quería retroceder. Entonces dije: “Bueno, me construyo algo interesante”. Al principio intenté ser parte de la compañía como bailarín y director, pero casi me vuelvo loco, me resultaba imposible bailar y cuidar, así que decidí dedicarme sólo a la coreografía y la dirección.

 

Su compañía privada está cumpliendo 5 años. ¿Cómo se hace para sobrevivir y además tener éxitos?

No le hago asco al laburo y no me gusta que lo hagan quienes están conmigo. Esa es la base del trabajo independiente, poner el hombro. Tampoco le hago asco a seguir invirtiendo, yo pago casi el 90% de la producción, porque todavía no encontramos sponsors. Si tuvimos modestos éxitos creo que fue porque me he tomado tiempo, nunca quise apurar ningún proceso. Por otro lado, me parece importante la sinceridad y la transparencia. Nuestra compañía es una cooperativa, por lo cual lo que se recauda se divide en porcentajes equitativos, según cada tarea, y todos saben cuánto gana el otro.

 

¿Cuáles son las principales dificultades en ese camino independiente?

Es difícil el frente de la producción. Hay quienes están esperando que tengas el producto hecho sólo para explotarlo, y no me interesa malvenderlo ni regalarlo. Me gustaría conseguir más actuaciones pero es complicado porque las productoras, en general, te ofrecen muy poco y te piden todo. Simultáneamente, los integrantes de mi compañía tienen que cumplir con otros trabajos para sobrevivir. Entonces, el tiempo que pueden dedicarle a la compañía es limitado. Si pudiese tenerlos cuatro veces por semana durante tres horas, sería el tipo más feliz de la Tierra.


 
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