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lunes, 10 de mayo de 2010


Milonga en celeste y blanco

 

Por Carlos Bevilacqua

  

La danza típica porteña estará presente de diversas maneras en los festejos del bicentenario. Aquí se adelanta la puesta que para la noche del 25 prepara la milonga del Parakultural, con la participación de dos parejas de tango, una de folclore y la música en vivo de una fabulosa orquesta.

 

El sentido común (que suele ser el menos común de los sentidos) indica que las danzas típicas nacionales deberían ser números puestos a la hora de festejar un aniversario tan importante como el de los 200 años de la Revolución de Mayo. Sin embargo, al cierre de esta edición no fue posible que las dependencias culturales de Nación y Ciudad dieran un panorama completo de las actividades oficiales que incluirán manifestaciones tangueras. Sí se sabe que el Ballet Folclórico Nacional realizará varias presentaciones durante la Semana de Mayo, una de ellas como parte de un desfile temático en un espectáculo a cargo del coreógrafo Diqui James. El otro gran cuerpo artístico de la Nación, la Orquesta Nacional de Música Argentina Juan de Dios Filiberto, ofrecerá un concierto el 26 de mayo a las 20:30 en el Teatro Cervantes con la dirección de Atilio Stampone y las participaciones de Raúl Lavié y María José Mentana como cantantes invitados. En el ámbito municipal porteño, la Orquesta del Tango de la Ciudad tocará el 18, el 20 y el 27 del corriente mes en el Teatro Alvear y el 26 en el Complejo Cultural 25 de Mayo, de Villa Urquiza.

 

Más humildes pero muchas veces más previsoras, las milongas conmemorarán el bicentenario con algunos de los recursos con que festejan otros aniversarios significativos: exhibiciones de baile y/o música en vivo, más los infaltables mini-discursos de los organizadores o alguna idea original para la ocasión. Esta última posibilidad se concretará de la mejor forma en el Salón Canning la misma noche del 25, cuando el productor Omar Viola matice una de las tres ediciones semanales de la milonga Parakultural con un show temático especial, alusivo al bicentenario nacional. Si bien buena parte de la puesta se guarda en secreto para generar un efecto sorpresa, BALLETIN DANCE pudo averiguar que participarán los bailarines de tango Julio Balmaceda y Corina de la Rosa, Rodrigo Palacios y Agustina Berenstein, la orquesta Color Tango y los bailarines de folclore Nadia Ratchitzky y Leonardo Freire. Como datos que generan expectativas favorables podría apuntarse que Julio y Corina constituyen una de las parejas más talentosas del tango salón de exhibición, con 14 años de trayectoria en el cultivo de formas tradicionales, a la vez que personales; que Color Tango (dirigida por un ex-bandoneonista de la orquesta de Osvaldo Pugliese) es una de las más apreciadas por los milongueros, en parte por su fidelidad al sonido puglieseano; que Rodrigo y Agustina son dos jóvenes que constituyeron la gran revelación de las Noches de los Maestros del Congreso Internacional de Tango Argentino (CITA), celebrado en marzo último en Buenos Aires; y que Nadia y Leonardo, bailarines tanto de tango como de folclore, ya supieron deslumbrar con la destreza de sus pies en anteriores presentaciones sobre el parquet del Canning.

 

"Originalmente habíamos pensado en programar toda una semana de actividades alusivas al bicentenario, pero después nos pareció excesivo porque íbamos a alterar demasiado el transcurso habitual de la milonga. Entonces optamos por articular algunas puestas coreográficas que nos parecen valiosas en una sola noche –cuenta Viola–. De alguna manera, va a ser como abrazarnos con artistas que queremos mucho en una fecha muy significativa". Aunque reticente a dar detalles, Balmaceda adelantó: "La idea es hacer algo fuerte, algo que va a impactar. Va a tener tramos de coreografía grupal y la orquesta va a estar integrada al concepto global del show".

 

Consultado acerca de la función práctica que puede tener la conmemoración del bicentenario, Viola contestó: "A mí el bicentenario me mueve más a la reflexión que al festejo. Es algo muy personal, que me pasa también con mis cumpleaños o aniversarios. No soy de hacer grandes fiestas, me da más por la meditación, que no necesariamente tiene por qué adquirir un tono triste. En este caso en particular, me parece que cumplidos estos 200 años seguimos teniendo deuda social muy evidente. Hay todavía mucha desigualdad y poco cumplimiento de los derechos humanos, que no son sólo una cuestión del pasado sino también del presente. Basta ver lo que pasa con el paco entre tantos chicos, por ejemplo. Ahí se da una situación delicada en la que mucha otra gente queda como rehén de la violencia que genera la droga. Por otro lado, hemos progresado mucho en nuestra forma de concebir la política. Llevamos 26 años consecutivos de democracia, algo inédito desde la sanción de la Ley Sáenz Peña, en 1912. Además somos una especie de potencia en lo cultural. Hay muchísima producción original, profunda y creativa, en muchos casos llevada adelante a pulmón. ¿Qué mejor manera de celebrar un bicentenario que con una movida cultural como la que tenemos? En los últimos tiempos hemos tenido varias muestras del reconocimiento que nuestras expresiones artísticas reciben en el exterior. El tango, en particular, es una de las más valoradas por los extranjeros, lo cual nos llena de orgullo".

 

Balmaceda, por su parte, entregó la siguiente reflexión: "El bicentenario es una fecha por demás interesante para pensar qué país tenemos y qué país queremos. A mí se me presenta como una bocanada de aire fresco entre tantos conflictos que se viven en la sociedad, a veces por cuestiones ideológicas, otras por cuestiones económicas o por el ritmo frenético de vida que muchas veces llevamos en las grandes ciudades. En ese contexto, pienso que el tango puede ser un gran nexo entre los argentinos. Necesitamos más abrazo en un sentido amplio de la palabra, involucrando el contacto físico pero también el diálogo, el esfuerzo por ponernos en el lugar del otro, algo que, por supuesto, es posible sólo después de conocer más o menos bien al otro". Al imaginar qué rol podría cumplir el tango en ese conocimiento mutuo, describió una idea que fusionaría dos instituciones de la cultura porteña: el bar y la milonga. "Sueño con lugares que estén abiertos las 24 horas, donde se pueda tomar algo y a la vez bailar en un espacio despejado de mesas. Por momentos se bailaría y por momentos no, según el deseo de los parroquianos. Sería fantástico que el baile surgiese solo, como algo natural y relajado, porque bailar tango hace bien, es una actividad terapéutica".


 
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