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lunes, 10 de mayo de 2010

Internacionales

España

Caleidoscopio de Estilos

Por Tamara Gosman desde Valencia

Del 26 de marzo al 9 de mayo se realizó en la capital levantina el Festival Dansa València 2010 que ya ha conquistado un lugar de prestigio en el mundo, en homenaje a Les Ballets Russes de Serge Diaghilev

Desde su primera experiencia, han pasado por el festival ballets y coreógrafos renombrados como la Compañía Nacional de Danza (CND) de Nacho Duato, Nederlands Dans Theatre (NDT), Rambert Company y la Batsheva de Ohad Naharin.

Desde esta edición el festival cambió su nombre a Temporada Internacional Dansa València, para la que los organizadores lograron convocar al Grupo Corpo de Brasil y Les Ballets de Monte Carlo, además de los conjuntos españoles.

El vigor de Danza Valencia se expresa en la variedad de propuestas escénicas, que van desde la danza clásica y la contemporánea, a la neoclásica, el flamenco y las coreografías experimentales.

Lo que resalta de esta edición 2010 es una tendencia de las compañías, sobre todo a nivel local, a incluir elementos de otras manifestaciones como el uso de palabras, el diálogo y el canto.

La primera parte del Festival, en el Teatro Rialto, acogió a grupos independientes valencianos ya consagrados: Eva Bertomeu Compañía de Danza, Otra Danza dirigida por Asun Noales y Proyecto Titoyaya del coreógrafo Gustavo Ramírez, quien sobresalió con su última creación Lo Que No Se Ve.

La pieza de Ramírez permite apreciar su lenguaje coreográfico, rico en cuanto a detalles y con una dinámica que desafía la velocidad. Sus obras gozan de una estructura original, donde lo aparentemente caótico es racionalmente organizado y ofrece un efecto visual de gran belleza. Si bien el ballet evoluciona a partir de una historia que se basa en las relaciones afectivas y cómo son alteradas por la lejanía, dista de ser un “relato” lineal. Es un trabajo que manifiesta el lado más oscuro del coreógrafo, como él mismo lo definió.

Asun Noales, directora de Otra Danza, prefiere bucear en la naturaleza para extraer de ella su fuente de inspiración. Ejemplo de esto son sus espectáculos Tierra o LLevèig. Casi a inicios de abril se presentó Back, una pieza donde la búsqueda llega hasta lo más primitivo del movimiento y ofrece una estética muy lograda que rompe con sus anteriores obras. La utilización de recursos simples de manera inteligente crea un universo abstracto capaz de envolver al espectador y a los intérpretes. Es una coreografía concebida para seis bailarines en constante movimiento.

En otro registro, se encuentra 3XX de Eva Bertomeu Compañía de Danza, plataforma de creación que compartió el espacio escénico con Cristine Cloux y Patricia Gracia. Se destacó la originalidad del lenguaje coreográfico de esta última con 1+1 articular y la temática comprometida de Bertomeu en Lus Primae Noctis sobre el derecho de pernada y la mujer-objeto.

A mediados de abril, la acción se trasladó al Teatro Principal para presentar a Rafael Amargo con su espectáculo Rendez-Vous. Se trató de una fusión de flamenco y danza contemporánea junto a excelentes músicos y cantaores, que sumaron instrumentos musicales como un chelo y una flauta a los habituales guitarra y cajón flamenco. Acompañaron a Amargo tres bailaoras y una excepcional solista, La Lupi, que robó las miradas y los aplausos.

 

La temporada tuvo un momento excepcional al acercar al público un homenaje a Les Ballets Russes de Diaghilev. No por acaso Danza Valencia trajo a Les Ballets de Monte-Carlo con Shéhérezade del director Jean Christophe Maillot y La Consagración de la Primavera en la versión original de Vaslav Nijinsky. Es que son pocas las compañías que cuentan con esta joya en su repertorio, y fue ésta la primera vez que se mostraba en suelo español. Así los monegascas se sumaron a los valencianos en la temática de homenaje del festival de este año.

El Ballet de Les Teatres de la Generalitat Valenciana presentó tres nuevas versiones de Pulcinella por Toni Aparisi, Parade de Angel Rodríguez y Bolero de Thierry Malandain. Entre las dos primeras de tono cómico se destacó Parade con una escenografía minimalista en blanco y negro y personajes surrealistas: bailarines vestidos de colegialas, smoking, tutú y máscara de snorkel, pelucas alocadas y coloridas, y secretarias retro que escriben en máquinas de escribir imaginarias. La música de Satie completó la acción ágil y caricaturesca. Con la utilización de variados recursos (de nuevo intervino el diálogo, y se proyectó un video de los mismos intérpretes) bien articulados, la obra divierte al público y lo enternece sobre el final.

El broche del cierre lo tuvieron las compañías Sol Picó con su espectáculo El Llac de les Mosques, IT Danza con tres obras de los consagrados coreógrafos Alex Eckman, Stijn Celis y Ohad Naharin, Victor Ullate Ballet que presentó Beethoven y el Grupo Corpo de Brasil con Bach y Parabelo, ambas creaciones de Rodrigo Pederneiras.


 
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