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jueves, 11 de marzo de 2010

Hechizo de Película

Por Agustina Llumá

 

Regresa este mes a los escenarios porteños, La Bella y la Bestia de Disney, una súper producción teatral con más de cuarenta artistas en escena, gran orquesta en vivo, increíble puesta en escena con diseño de escenografía y vestuario cargados de imaginación y deslumbrantes efectos especiales

 

La Bella y La Bestia llega a nuestro país de la mano de Time For Fun, compañía de entretenimientos responsable de la producción de festivales de música, de los musicales Cabaret y El Fantasma de la Opera y de los shows del Cirque du Soleil (que este año traerá Quidam), entre muchos otros emprendimientos.

 

Con música de Alan Menken (con arreglos para danza de Gen Kelly) y coreografía de Matt West, se presenta desde el 26 de marzo en el Teatro Opera, y contará con nuevo elenco encabezado por Martín Ruiz (Bestia), Magalí Sánchez Alleno (Bella), Federico Moore (Gastón), Carlos Silveyra (Lumière), Roger Gonzalez (Lefou), Marisol Otero (Sra. Potts), Ricardo Bangueses (Dindón), Ana Fontán (Babette), Rodolfo Valss (Maurice) y Tiki Lovera (Ropero).

 

La puesta que regresa a Buenos Aires luego de doce años, es uno de los más aclamados musicales de Broadway, y ya fue visto por más de treinta y cuatro millones de personas, en más de ciento veinte ciudades de todo el mundo, traducido en ocho idiomas. La obra está basada en La Bella y La Bestia, la película de Walt Disney, ganadora de dos Premios Oscar, recibió nueve nominaciones a los Premios Tony.

 

Los efectos escenográficos -más de doscientos cambios de vestuario y treinta y dos de escenografía- permiten introducir al espectador en un mundo de fantasía, magia y sorpresa.

 

El equipo creativo para la Argentina se integra con enviados especiales y los residentes, Gerardo Gardelín (director musical), Rocío Rodríguez Conway (directora), Héctor Hernández (coreógrafo) y Pablo Calderón (director técnico). 

 

En entrevista con Balletin Dance, Héctor Hernández, señaló que en ésta su primera experiencia como coreógrafo residente, lo que más lo ha asombrado es la manera de trabajar de Jaqueline Dunnley-Wendt (Jackie), la coreógrafa asociada enviada por Disney.

 

Los coreógrafos asociados, “generalmente salen del cuerpo del ensamble, o son swing o son dance captain (conocen todos los lugares de la obra). A ellos se contrata luego para enseñar el show en diferentes producciones a nivel mundial. Jackie ya lo ha hecho en Sudafrica, Corea, Brasil y ahora argentina, entre otros”.

 

Hernández tiene la ventaja de haber sido dance captain en la puesta porteña de 1998, cuando hacía de Lumiere. “Sabía el lugar de todo el ensamble masculino, formado por diez artistas, cuyos movimientos son totalmente diferentes, y si bien son bailarines tienen que cantar y actuar también. Porque son a la vez covers de alguno de los principales”.

 

Es que el organigrama de estas mega-producciones contemplan que los roles principales puedan ser cubiertos por los miembros del ensamble, que a su vez podrían ser reemplazados por los swing, una suerte de comodín que espera que el destino le permita subir al escenario. “Es un efecto dominó” explica el coreógrafo.

 

“Quiero recalcar el trabajo de los swings -se apresta a explicar Hernández-, que acá no se los respeta tanto como en Broadway. Ellos son las personas que van a salvar al show en momentos de emergencia. Tienen que saber el lugar de todo el mundo, y estar siempre listos, porque pueden llegar a salir a escena con dos minutos de aviso”.

 

Los swing no siempre actúan. “Suelen estar stand-by, pueden tener la suerte de enterarse el día anterior o durante el mismo día, pero generalmente ocurre en el momento. Por eso su trabajo es tan importante. En La Bella y La Bestia tenemos tres mujeres y tres varones, que nos costó muchísimo encontrarlos, es difícil por varias razones. Primero que acepten ser swing, porque uno quiere estar en el escenario y aquí se sabe que probablemente uno esté sentado mirando la función. Además tienen que ser capaces de aprenderse los lugares  de todo el ensamble que en esta obra es muy difícil, implica mucho trabajo porque nadie hace lo mismo, cada uno tiene su parte”.

 

Lógicamente la implementación en los elencos de estos multi-suplentes es el resultado de la necesidad frecuente. “Esta es la cantidad de swings que ha funcionado en las otras puestas del mundo, pero hasta nos podríamos quedar cortos, nunca se sabe, por ejemplo el año pasado en El Fantasma de la Opera, donde yo era dance captain a cargo de la coreografía cuando hubo que tomar nuevos artistas, con el tema de la Gripe A tuvimos muchas bajas, llegamos a tener seis covers en una función cubriendo lugares de los principales”.

 

Así el trabajo de las semanas anteriores al estreno, fue entera responsabilidad de Wendt, que es a la vez directora y coreógrafa del espectáculo. “Algo bastante inusual, porque generalmente son dos personas diferentes. Durante ese tiempo Jackie se ocupó de enseñar toda la obra, por eso Rocío Rodríguez Conway en la parte de actores y yo en toda la parte coreográfica, aprendimos su forma de trabajo. Cuando ella se vaya después del estreno nosotros tendremos que mantener la obra en el mismo nivel o mejor que como la dejó”.

 

“Jacky llegó con todo programado, tiene un Schedule que respetamos al pie de la letra y que evidentemente ha funcionado en otras producciones y acá, se trabaja perfecto. Es un trabajo muy complejo, por eso se necesitan dos personas para hacer lo que hace Jacky, pero ella hizo casi todos los lugares dentro de la obra, incluso ha estado en la parte de luces, ha hecho vestuario, ha aprendido la parte de las peleas, actuación, baile, es increíble realmente”.

 

En cuanto al área propiamente coreográfica, Hernández explicó que en esta producción todo es coreografía, movimiento. “En esta puesta todo es bailado, hasta lo más mínimo, como las escenas de peleas, cuando Bella habla con Bestia tiene diferentes movimientos en las manos, con qué pie comienzan a caminar, los movimientos de cabeza”.

 

Justamente por la metodología del montaje, Hernández puede arriesgar a decir que para esta nueva etapa de coreógrafo residente, no fue importante haber sido dance captain en el ’98. Ahora aprendió toda la obra desde cero directamente de las enseñanzas de Wendt y aclara que no está permitido en los montajes el uso de videos de otras producciones, claro. “Lo re-aprendí ahora, si bien en algún lugar de la mente y del cuerpo está, lo había olvidado. Fue volver atrás y tratar de recordarlo. Del ‘98 me quedó una experiencia inolvidable, fue una de las primeras obras que hice al nivel de Broadway”.

 

Desde entonces Héctor Hernández realizó una prolífica carrera. “Estuve trabajando para Royal Caribbean, con quienes hice la vuelta al mundo, viví en Nueva York, hice gira con Dreamgirls, estuve estudiando en Canadá, volví en 2003 a la Argentina para quedarme. Hice Peter Pan, El Principito, Revista Nacional, Sweet Charity, estuve al  principio con Hairspray después me fui y El Fantasma de la Opera. En televisión estuve con Marcelo Tinelli dos años, primero como couch en Bailando por un Sueño y luego como patinador (suplente porque echaron a mi patinadora). Hice mucha asistencia y coreografía para comerciales europeos, estuve como asistente de Michael Rooney (hijo de Mickey Rooney) famoso en Estados Unidos como coreógrafo para cine, videos y publicidades, y hago coreografías para cumpleaños de quince, con videos y patinando”.

 

Para el futuro el coreógrafo aclaró que no se ha retirado de las tablas, simplemente “no quiero mezclar, estar como coreógrafo residente y en el escenario al mismo tiempo, por una cuestión de respeto”. Si bien la coreografía, y sobre todo al dirección le interesan cada día más, pronto se lo verá en un nuevo proyecto como bailarín, cantante y/o actor.

 

Mensaje

Una vez más se publica en esta revista: “No se dejen intimidar por esos programas que muestran que uno se puede hacer famoso de un día para otro, sin estudiar. Es muy importante estudiar. Hay una nueva generación muy fuerte, muy bien preparada, me emociona ver eso. Esa es la clase de ejemplo para las nuevas camadas. Los jóvenes son muy inteligentes, estudian todo, canto, actuación, baile, música. Ahora estoy estudiando música y me arrepiento por no haberlo hecho hace diez años, comienzo a poder leer una partitura y en esta puesta me sirve.

Se cierran muchas puertas pero se abren otras, siempre hay que seguir adelante. Tomo muchas audiciones, y no haber quedado seleccionado no significa nada malo, a veces solo es porque no se da con el look. Siempre es bueno ir a una audición, tomarla como una clase gratuita, se aprende no solamente los pasos, el comportamiento, cómo hay que manejarse, qué hay que presentar, cómo presentar el currículum. Cómo comportarse es importante, porque desde que uno pasó la puerta lo están observando. Y ahora hay muchas audiciones para publicidades, Argentina es muy barato para los costos europeos, canadienses e ingleses y además este año es prometedor, va a haber muchas obras”.

 

Hernández es el organizador de las audiciones que el Royal Caribbean realiza en Buenos Aires, que regresarán en mayo para buscar bailarines, cantantes y otros artistas. “Ellos por ejemplo tienen muy preciso lo que necesitan, porque son artistas para integrar shows determinados. Fui el primer argentino que trabajé para ellos y durante años les insistí en que tenían que venir a tomar audiciones acá. Cuando cayó el mercado europeo en 2001, tuvieron que salir a buscar otras plazas, para nosotros los salarios son convenientes pero para ellos no. Se han abierto más, Sudáfrica, Filipinas, Australia, Londres siempre, y en Sudamérica Argentina es el único país al que vienen. Cada año toman más bailarines, pero sobre todo cada vez llevan más cantantes, que es más difícil por el idioma, hay que tener el acento americano”.

 

Lo mejor de La Bella y La Bestia

“El cuadro que más va a gustar que a la vez es el más difícil, es Gastón, Taberna. Se puede ver en los dibujitos. Es la escena en la que bailan con las choperas (vasos de cerveza), es muy difícil porque es muy preciso, cada persona tiene un movimiento muy preciso y diferente. Es un equipo, si falla uno, falla todo. Es el cuadro más difícil, el más pensado, el más complejo y el más original. Sobre todo es muy musical, básicamente es percusión y visualmente es increíble, es la escena más linda que hay”, no duda en asegurar Hernández. Claro que desde lo visual estrictamente hablando, en toda a obra la escenografía juega un rol principal, “porque vemos cosas mágicas, cubiertos y platos que bailan, la escena de la Aldea con todos los personajes típicos  muy coreografiados, con movimientos de tránsito”.

 

El elenco se completa con Walter Canella, Rodrigo Segura, Nicolás Martinelli, Horacio Vay, Leandro Zanardi, Jorge Luis Moliniers, Carlos Banega, Juan Pablo Piancino, Esteban Provenzano, Nicolas Guriani, Roberto Peloni, Pablo Graib, Leo Robaglio, Carolina Gómez, Dolores Santa Coloma, Silvina Nieto, Maia Contreras, Florencia Viterbo, Florencia Anca, Jimena González, Vanina Said, Jorgelina Maglio, Mara Moyano, Natalia Volonino, Débora Díaz, Silvina Tordente

  

Historia

Un joven príncipe egoísta y arrogante con corazón de piedra, vivía en un bello castillo, cuando una noche de invierno, golpea a su puerta una anciana. Ella le pide resguardo y abrigo para protegerse del intenso frío y a cambio le ofrece una rosa roja, tras lo cual él se lo niega con desprecio. La vieja mendiga, sintiéndose ofendida por su despreciable actitud, lanza un hechizo sobre el príncipe, sus sirvientes y el castillo, transformando al príncipe en una temible y espantosa bestia y a todos sus sirvientes en objetos encantados.

Para deshacer el hechizo, el príncipe deberá aprender a amar y ser amado por una mujer antes de que la rosa roja encantada que la anciana le deja pierda todos sus pétalos. De lo contrario, quedará convertido en Bestia para siempre. Muchos años después cuando el príncipe comenzaba a perder la esperanza de librarse del hechizo, llega al castillo una joven llamada Bella que logrará cambiar el rumbo de la historia.


 
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