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domingo, 10 de enero de 2010

Tras los Pasos de Diaghilev

Por Martín Goyburu desde París 

Con el título Dans l´esprit de Diaghilev, el Sadler´s Wells de Londres reunió del 19 al 21 de noviembre en el parisino Teatro Nacional de Chaillot, a cuatro de los coreógrafos más solicitados del momento: McGregor, Maliphant, Cherkaoui y De Frutos 

 

Todas las piezas que compusieron el programa fueron creadas en función de homenajear a Serge Diaghilev y los Ballet Rusos, en el centenario de su debut para el público francés, que fue en el Teatro de Chatelet de París, el 18 de mayo de 1909.

 

Alistair Spalding, director artístico de Sadler´s Wells London, en una breve entrevista a trasladada en el programa de mano, habla de las dos consignas elementales del espectáculo. “La primera, de encontrar un vínculo con l´époque del Ballet Ruso, tanto a través del tema como de la música; el segundo, de hacer colaborar l´esprit de Diaghilev con su propia naturaleza”.  

La función abrió con Dyad 1909 de Wayne McGregor, sobre la partitura de Olafur Arnalds. Quizás la fecha sea la mayor aproximación a las consignas dadas por Spalding a este tributo. O bien se trate de un homenaje a Ernest Shackleton, quien luego de muchas dificultades, alcanza la latitud récord de 88° 23' Sur, el 9 de enero de 1909, pero se ve forzado a abandonar su hazaña a tan sólo 180 km del Polo Sur.

 

Y es por eso que la primera imagen en escena que presenta McGregor, es la de un hombre expedicionario con un gesto cabizbajo vestido de esquimal junto a dos bailarines con reminiscencias del futuro como contraste de épocas.

 

El coreógrafo se apoya en una escenografía moderna, un cubo central suspendido en medio del escenario, a la izquierda se sitúa la unión de dos paredes, que en otro pasaje de la obra logran un fuerte impacto visual transformándose en un espejo que refleja las figuras de un dueto en acción, y un triángulo más pequeño delante a la derecha. En estas siluetas se proyectarán imágenes indescifrables en diferentes momentos de la obra oficiando solamente de relleno.

 

La compañía estuvo compuesta por ocho excelentes bailarines, de cuerpos y líneas impecables quienes cumplieron cien por ciento con las dificultades de movimientos complejos y vacíos que plantea la pieza. Miles de movimientos por segundo, bajo control. La mayoría de ellos desarticulados, tanto en los solos, dúos, tríos y grupales.  

 

El programa continuó con AfterLight, un solo con coreografía de Russel Maliphant, y música de Erik Satie (Gnossiennes 1-4), e interpretada por el bailarín argentino Daniel Proietto.

 

Un cenital suave deja ver parte del cuerpo del bailarín realizando sutiles movimientos que irán intensificándose en el transcurso de la coreografía. Su cuerpo comienza a girar como lo hacen los derviches (es un tipo de giro en el que los derviches entran en trance, una mano se orienta al piso para lograr conexión con la tierra y la otra mano se orienta al cielo, a los dioses). Y es en ese trance, donde Proietto logra inducir al espectador en su viaje que lo transportará al mundo Nijinsky, en el que aparecen sutiles posturas, suaves pinceladas de Scheherezade, El Espectro de la Rosa, Petrouchka y La Siesta de un Fauno.

 

A este solo, se le suma el increíble diseño de iluminación de Michael Hulls, (sin duda basada en las pinturas circulares que obsesionaron a Nijinsky), transformando esa danza solitaria en un dúo mágico.

 

Lo que sorprende de Proietto, es la forma en que trabaja sus miembros superiores, en extensión total, como si tratara de moldearse así mismo en cada momento, como si fuera de plastilina. Sus brazos se alargan y dislocan, con su torso siempre fuera de eje sin que se escuchen en la escena sus desplazamientos, giros ni saltos.

 

Una vez más, el haz de luz se atenúa y la imagen del bailarín en el centro del escenario se desvanece llevándose consigo a todos los personajes. 

 

La tercera pieza mostrada en esta oportunidad, fue Faun del coreógrafo marroquí Sidi Larbi Cherkaoui, sobre los preludios de L´Après-Midi d´un Faune de Claude Debussy.

 

Cherkaoui, puso en escena el trabajo coreográfico más tradicional de la noche. No sólo por cómo presentó a los personajes Fauno-Ninfa, sino también por cómo propuso el clima de la obra, con una iluminación con pocos matices y una escenografía de un bosque que no pudo o no quiso acoplar a su danza.

 

James O´Hara (Fauno) y Daisy Phillips (Ninfa) logran, cada uno en sus variaciones, los mejores momentos de la pieza. Ambos bailarines están dotados de gran elasticidad, dominio corporal y una técnica precisa. En toda la obra sus movimientos fueron extremos. Sus dotes más interpretativas afloraron en el momento del encuentro del Fauno y la Ninfa, sobre la música adicional de Nitin Sawhney, ella con un lirismo y sensualidad a flor de piel; él apasionado y salvaje.

 

Con movimientos circulares, envolventes sobre el otro, se acoplaron ingenuamente. Piernas y pies extendiéndose, entrando y saliendo de ese juego íntimo e inevitable de animal-Ninfa.

 

Si bien los bailarines salieron airosos de este duo, el coreógrafo no logró mantener la misma prolijidad y calidades de movimiento que había logrado en los solos. Cherkaoui y su Fauno, lograron mantener viva la llama de los Ballet Rusos.  

La velada cerró con Eternal Damnation to Sancho and Sanchez, de Javier De Frutos.


 
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