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domingo, 10 de enero de 2010

Calidad y Cantidad para Todos los Gustos

Por Eliana Gissara

2009 resultó ser un año de atractivas propuestas en escena. Si bien hubo una merma generalizada en la asistencia a los distintos eventos, el público más que nunca focalizó en la propia elección, encolumnándose detrás del estilo de danza que más lo representa

La danza árabe parece haber encontrado su punto de madurez. Un cuerpo de profesionales ya consagrado a nivel internacional, un grueso de bailarines (aunque en su mayoría siguen siendo mujeres) de primera línea, aprendices de todas las edades, escuelas estilísticas bien definidas y un circuito de propuestas genuino, conforman el panorama actual de la danza en Argentina.

Si bien 2009 prometía ser un año de mayor crecimiento y dinamismo acorde a la tendencia de las últimas temporadas, variables exógenas afectaron de diversas maneras el desarrollo de la actividad. Para algunos la gripe A, para otros la crisis económica, lo cierto es que promediando la primera mitad del año la matrícula de alumnos en las escuelas disminuyó drásticamente, al igual que en los seminarios y certámenes de danza. Ni hablar de los espectáculos teatrales… Pasada la paranoia, todos los ríos volvieron a su cauce.

La actividad central comenzó en febrero, con el Workshop de verano organizado por Amir Thaleb. La figura central en esta edición fue el bailarín egipcio Yousry Sharif, de orientación jazzística. En materia de perfeccionamiento, su coterráneo Mohamed Kazafi brindó clases especiales durante el mes de julio producido por Mariel Sitka. La visita de este último, a su vez, marcó el debut oficial de la Kazafi Troupe, un grupo de bailarinas que propone continuar su legado artístico en Argentina. Las funciones llevadas a cabo por este nuevo ballet tuvieron buena repercusión entre el público que opta por un estilo más ligado a lo tradicional.

Más allá de las clases especiales de elementos y técnicas específicas de danza que la Escuela Aladín viene llevando adelante, el foco en la ciudad de Buenos Aires estuvo otra vez colocado en el XI Encuentro Internacional de Danzas Árabes, un clásico que contó con la participación de Mo Geddawi, Jillina, Natalie Becker, Amara, Angeles Cayunao y Amir Thaleb como figuras centrales. Si bien la cantidad de asistentes tanto a los seminarios como a las tres galas fue menor en comparación al año anterior, la modificación a último momento en el formato de inscripción (los chicos podían tomar clases diarias en vez del paquete entero de cinco jornadas) trajo óptimos resultados, sobre todo en la gente que venía desde el interior.

En cuanto a las producciones teatrales, Oscar Flores volvió a apostar fuerte con Mosaico Oriental II, un show de impacto visual, con puntillosa confección de vestuario y esmeradas coreografías, que también fue llevado de gira por Colombia con renovado elenco.

Asimismo, con producción del músico y compositor Mario Kirlis, Saida se presentó en el Teatro ND Ateneo junto a Yamil Annum, Shanan y el Ballet Rakkasah, un día antes de la veda impuesta a causa de la pandemia. La mejor exponente de la danza en Argentina cosechó elogios por su siempre elegante técnica y estilo apasionado, un binomio muy personal que, curiosamente, cuenta cada vez con más seguidores. En tanto, la presentación de su ballet apuntó a los destaques solistas de sus integrantes para interpretar temas del repertorio clásico.

El abanico de espectáculos alcanzó también a los artistas de convocatorias algo menores pero de notoria fidelidad, como el caso de la danza tribal con la Tribu MEM y las Haflas estacionales, el Grupo Huma especializado en la fusión de estilos contemporáneos y el conjunto Bailarinas Unidas, que organizó una serie de festivales a beneficio congregando a reconocidos bailarines. En tanto, los amantes del género oriental en su estado más puro que tienen a Paula Lena como principal referente, tuvieron un intenso calendario de presentaciones con Narjess Montasser en el mes de julio, el show y lanzamiento del DVD con la orquesta Tariq Arruh, más La Negra de Barcelona como invitada especial en diciembre.

El circuito de la danza árabe se cerró con los clásicos shows de restaurantes, el Parque Temático Tierra Santa, y los ciclos organizados por músicos, como Oriental Night de Armen Kusikian y Colette en el Paseo La Plaza de Mario Kirlis, que agregó otra fecha semanal debido a la gran convocatoria de bailarinas que quieren iniciar su carrera en los escenarios.

El interior del país concentró seminarios y certámenes muy interesantes por la propuesta artística, el número de asistentes y la organización cada vez más profesionalizada: Romina Maluf en Posadas, Angeles Cayunao en Neuquén, Marcela Mortada en Comodoro Rivadavia, Elida Muga y Munir Nellmeldín en Rosario y Nora Tacca en Carlos Paz, por citar sólo algunos workshops de mayor solidez, que se sumaron al certamen que cumplió 15 años en el país, Danzamérica, en el que Pablo Acosta se alzó con el premio mayor: el viaje a Egipto.

El ganador de Danzamérica y director del Centro Cultural La Unión de la provincia de Tucumán merece especial mención dentro del segmento de artistas destacados. Con sumo carácter expresivo, el bailarín de danzas árabes, españolas y folklore realizó a lo largo de 2009 giras como maestro y performer en México, Ecuador, Brasil y varias provincias argentinas. Acosta es también organizador del Festival Mega Dancing de Las Termas de Río Hondo, Santiago del Estero, y para 2010 ya tiene compromisos en Estados Unidos, México, Ecuador, Sudáfrica y Egipto.

Shahdana -Melisa Pustilnik- es otra de las figuras que logró un gran crecimiento en el año. Egresada de la Arabian Dance School y la Escuela de Danzas Arabes Saida, Shahdana se destaca por la riqueza de movimientos y un estilo refinado. La ascendente bailarina concluyó una gira por Corea en el mes de enero y otra por Singapur el pasado octubre, lo que marca a las claras el gusto oriental por nuestros artistas. Promotora de nuevos desafíos, la argentina fue una de las pioneras en introducir ritmos no tradicionales en el árabe como el tap (junto a los Gemelos Lombard) y bailar los tangos de Astor Piazzolla. Como generalmente ocurre con lo novedoso, este particular estilo genera atracciones y rechazos. Sin embargo, su aporte enriquece las nuevas tendencias que se vieron en escena este año y con las que han coqueteado gran parte de los bellydancers, sobre todo en lo que hace al 2 x 4.

La expectativa para el año que comienza abraza la búsqueda de una mayor cantidad de producciones de danza de escenario, en un género que goza de una alta calidad individual de bailarines pero carece de incentivo oficial para alcanzar el status que se merece.


 
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