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domingo, 10 de enero de 2010

Liberación o Dependencia

Por Carlos Bevilacqua 

Entre mucha tela para cortar, el año pasado dejó al ambiente tanguero la moraleja de que no conviene apostar sólo al mercado exterior 

Dinámico, adictivo, terapéutico, sensual, filosófico, eminentemente social, el tango como danza volvió a mostrar en 2009 los signos de vitalidad que lo vienen caracterizando en los últimos años, más allá de ciertas coyunturas que lo afectaron.

 

En materia de espectáculos, la cartelera porteña no mostró grandes novedades. El restaurante Esquina Homero Manzi, inauguró en mayo un ciclo de viernes a la medianoche que además de muy buena música en vivo trajo por el mismo accesible precio algunas puestas coreográficas de valor. Sobre el filo del año, Milena Plebs volvió a dirigir y protagonizar un espectáculo propio en el Teatro Alvear luego de más de una década de perfil bajo. En Tramatango armó un mosaico con abundantes dosis de danza contemporánea y en el que plantea tres temáticas: el contraste entre los nuevos y viejos vínculos de pareja, el baile social en un homenaje a Pugliese, y el componente africano que, según la mayoría de los historiadores, habría participado de la concepción del tango.

 

Curiosamente, algunos de los shows más valiosos llegaron por el lado de los reestrenos. Por un lado, Corporación Tangos, la compañía de Daniel Juárez y Alejandra Armenti logró desembarcar con sus precisos juegos grupales en la avenida Corrientes. Por otro, Melina Brufman y Claudio González volvieron a conmover con los deliciosos retratos de Episodios Cifrados en Tango, de nuevo en El Cubo. Ese mismo ámbito vio reaparecer las impiadosas caricaturas milongueras de Anoche, la obra de Camila Villamil y Laura Falcoff. En octubre, el Centro Cultural Borges reunió en un Encuentro General de Tango otras obras de valor, en general ya conocidas, como Peso Medio (de Julio Zurita) y Brazos y Abrazos (de Carina Pazzaglini). El Borges también había recibido, a principios de año, una renovada versión de Quintaesencia, la original creación de Leonardo Cuello y sus bailarines del Instituto Universitario Nacional del Arte (IUNA).        

Con su habitual carga de adrenalina, el Campeonato Mundial organizado por el gobierno porteño volvió a ser un encuentro excitante. Aunque con menos gente que otros años por la caída en el afluente de público extranjero, Buenos Aires recibió a las 427 parejas competidoras provenientes de veinticinco países y fue sede de un rico programa de actividades paralelas. La competencia de baile coronó a dos parejas poco llamativas, pero de innegables condiciones: los argentinos Jonathan Spitel y Betsabé Flores (de 28 y 20 años, respectivamente) en la categoría Escenario, y a los japoneses Hiroshi y Kyoko Yamao (de 39 y 35) en Salón. Más allá de la polémica por los fallos de los jurados, el Mundial se consolida como un trampolín laboral para bailarines profesionales más que como un ámbito de promoción para los aficionados.

 

Por su parte, la comunidad tanguera sumó a sus habituales encuentros algunas propuestas atractivas: el Misterio Tango Festival (en febrero, con foco en el llamado tango nuevo), el Festival Tango con las Estrellas (de dos ediciones anuales), la Leader's Tango Week (apuntada a los varones) y el Congreso Misión Tango (que, en Mendoza, relaciona actividades formativas y académicas con la llamada ruta del vino). Sumando otros objetivos indagatorios, se concretaron nuevas ediciones de la Cumbre Mundial del Tango (la 8ª, en Bariloche) y el Congreso Internacional de Tango (el 2º, en Villa Mercedes, San Luis), bajo la consigna Tango, Baile y Sociedad.  La primavera trajo una noticia que todavía no sabemos cuán buena puede llegar a ser: la declaración del tango como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad por parte de la UNESCO. Para conseguirla, los municipios de Buenos Aires y Montevideo prometieron preservar el acervo tanguero con una serie de medidas de incierta concreción en cuanto a plazos y financiamiento. Con mucha menos pompa mediática que la conseguida por el ministro de Cultura de la Ciudad para esa noticia, en junio se presentó formalmente un proyecto ya en marcha que sí implica un beneficio concreto para el género: el Archivo Digital del Tango, un emprendimiento de la Asociación Civil TangoVía que se propone digitalizar en formato de óptima calidad toda la discografía del tango. Apenas un 20% de las grabaciones realizadas entre 1902 y 1995 fueron re-editadas comercialmente en CD. Las demás, en su mayoría sólo en manos de coleccionistas, corren el riesgo de deteriorarse para siempre o de perderse luego de morir sus dueños. Si bien en un principio se apuntará a digitalizar la música, el archivo se propone abarcar también videos de baile, fotos, partituras y revistas especializadas.

 

Otro logro silencioso del 2009 fue la sanción de una Ley de Protección del Bandoneón que buscará frenar la escandalosa fuga de fueyes al exterior que viene dándose desde hace al menos veinticinco años. Producto del interés de muchos extranjeros por adquirir un bandoneón como souvenir, escasean para los nuevos intérpretes en la Argentina ya que su fabricación se interrumpió casi totalmente luego de la Segunda Guerra Mundial. La norma, aprobada por el Congreso de la Nación el 28 de octubre, prohíbe la salida del territorio nacional de los instrumentos que no sean llevados por sus propios dueños para presentaciones artísticas, reserva al Estado la prioridad de compra cada vez que alguien quiera desprenderse de uno de ellos y crea un registro de bandoneones para facilitar las búsquedas en casos de robo o extravío. En el fabuloso mundillo de las milongas porteñas volvieron a mezclarse ricos con pobres, jóvenes con veteranos, expertos con principiantes y argentinos con extranjeros, todos hipnotizados por el abrazo del tango. En ese contexto, la novedad acaso más estimulante del año fue la apertura de La Garufa, un baile semanal con música en vivo y una exhibición de baile en todas sus ediciones, proyecciones de video, un espacio tipo living, exposiciones rotativas de fotografías o artes plásticas y dos clases previas. La iniciativa lleva los sellos de la Fundación Konex, Gustavo Ameri y Omar Viola.

 

De mayo a agosto, todos los bailes sufrieron una significativa caída en la asistencia de público. El temor al contagio de la gripe A (en una danza que exige una cercanía permanente de rostros) se sumó a los coletazos de la llamada financiera internacional (que redujo el flujo de turistas extranjeros) en una época del año de por sí difícil, ya que es considerada de "temporada baja". Con todo, quienes sufrieron la merma más marcada de público (y desde comienzos de año)  fueron las casas de cena-show destinadas a extranjeros.

 

Esas realidades, así como la caída de público registrada en el festival y el mundial oficiales, ponen de manifiesto los peligros que implica depender tanto del mercado externo. Si bien puede ser demasiado utópico apuntar a reproducir la masa consumidora de tango que había en los años '40 (el país y la época son otros bien diferentes), el dilema vuelve a plantearse, terco: o desarrollamos un mercado interno fuerte o seguiremos atados a los vaivenes de la economía internacional.


 
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