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domingo, 10 de enero de 2010

Panorama 2009

Por Román Ghilotti

 

Los recorridos de la danza contemporánea y de las nuevas tendencias en movimiento a lo largo de 2009 presentaron un corrimiento, cada vez más marcado, hacia el rescate de lo emocional

 

Entre los vaivenes que transitan los procesos creativos, tanto en lo genérico como en lo estilístico, no resulta atípico que se sucedan momentos de mayor búsqueda tras configuraciones llamadas formales y luego épocas en las que se va por andariveles contenidistas. Más allá de que, rigurosamente entendida, la contraposición forma-contenido es vacua (contenido y forma suelen ser sólo categorías de análisis; las obras no se aquietan o insisten solamente en un aspecto u otro; las obras son propias de sus contextos, nunca ajenas a lo sociopolítico ni a otras perspectivas operantes en los pueblos y las comunidades donde ocurren); más allá de que entre las llamadas nuevas tendencias mucho de la novedad sea recurrir a y releer las operatorias de construcción coreográfica probadas en otras épocas (es notable la insistencia en proponer acciones cotidianas, aquellas tasks -tareas- de las vanguardias norteamericanas de los ´60); y también más allá que en los creadores que trabajan sobre códigos más reconocibles de la danza contemporánea del siglo XX, la reaparición afirmada de los elementos emocionales viene siendo una tónica en crecimiento.

 

De diferente modo a lo que fue casi canónico desde el romanticismo, claro. El atravesamiento y reconocimiento de las dificultades de sostener un sujeto pleno, protagonista conciente de sus vicisitudes, ha dado paso a lo largo de las últimas décadas a otro modo de reflexión sobre el individuo, además caracterizarlo en entramados sociales que se superponen. Este cambio paulatino, que va desde el iluminismo a los debates contemporáneos, también ha inscripto sus marcas en el arte. Incluso, en ocasiones, las obras artísticas mostraron de manera anticipada lo que la reflexión luego afirmó.

 

En el caso del arte de escena, y particularmente el del movimiento, gestos sueltos que fueron multiplicándose han dado cabida a los elementos más sintomáticos de este sujeto ya no tan potente. Los discursos se tornaron fragmentarios, las alusiones más que referencias envían a otras posibilidades, es decir, ya no hay a la mano panoramas significantes altamente seguros o convencionales y sin discusión. Hoy ver un espectáculo de danza es un propósito de co-creación por parte del espectador (si se insiste en ser rigurosos, siempre ha sido así, pero “antes”, digamos, el asunto venía algo predigerido).

 

No es extraño que en salas o espacios de los llamados no convencionales (lo que ya es una convención) se presenten trabajos de danza en los que se canta, se actúa, se reflexiona, se hacen chistes y casi nada se baila en los términos tradicionales. ¿Por qué es danza?, podría preguntarse (y se lo hace). ¿Por qué no?, podría re-preguntarse. En la plástica, la literatura o la música, las preguntas análogas ya han sido formuladas (aunque aún se siguen formulando, en algunas perspectivas). En la danza, si bien no son nuevecitas, parecen aún urgir.

 

Una de las características que sirve para aproximarse a las posibles respuestas (no definitivas, no exactas, siempre cambiantes) es recordar que, en tanto se habla de danza (o, mejor, arte de escena), la reflexión y el modo de recepción (habría que agregar la manera de producción y creación) se ponen en tela de juicio. Pero, ese juicio es relativo a los lineamientos tradicionales. Al considerar las obras por sí, lo que se trata es de tener en cuenta qué pasa con esos cuerpos, con sus acciones y gestos (movimiento), con su interpretación, tanto técnica y efectiva como haz de emisiones poéticas (y, paralelamente, qué pasa con la recepción de todo eso).

 

En 2009, trabajos como Sucio (Carlos Casella, Juan Minujín, Ana Frenkel, Guillermo Arengo y Mariano Pensotti), Giramar (Tamara Mesri, Grupo Copetín al Paso), Pertenezco, me Perteneces (Julieta Castro), La Bahía de San Francisco (Luciana Acuña y Fabián Gandini), Pura Cepa (Ana Frenkel), El Borde Silencioso de las Cosas (Lucía Russo), que ofrecieron cruces explícitos de los géneros de danza, teatro y música; o espectáculos como Aspera y Sensible (Grupo No se llama), Speak (Alejandra Ceriani y Fabricio Costa Alisedo), 3m2[Tres Metros Cuadrados] (Valeria Pagola y Andrés Menutti), en los que el cruce parecía más centrado en los lenguajes musical y bailado; o piezas en las que lo expresivo se destacaba más puntualizado en los cuerpos, como Partida (Florencia Olivieri), La Aurora (Quío Binetti), Derivada (Marina Gubbay y Vanina Goldstein), Tierra Adentro (Eva Soibelzohn y Paola Ayala) y Va: ( Mariana Carli); o bien aquellas obras de carácter más performático como Maneries (Florencia Vecino y Luis Garay), Bajo el Mediodía (Florencia Martinelli), Opus Corpus ll (Favela Vera Ortiz, grupo Fuera de Eje), Octubre (un Blanco en Escena) (Luis Biasotto) y Sobrenatural (Natalia Tencer); todos estos trabajos compartieron, en disímiles grados, la puesta en discusión del alcance y las posibilidades expresivas por medio de la danza, en muchos casos conjuntada con otros acercamientos artísticos.

 

Dentro de un registro con elementos más tradicionales de la danza contemporánea, aunque siempre filtrados, releídos y vueltos a elaborar por sus creadores, las obras de la Compañía de Danza Contemporánea Cultura Nación, Dejame Hablar (Ramiro Soñez), In Memoriam, Madre e Hijo, Charanda, Divina y Partido Compartido (de distintos integrantes del elenco), o las presentadas por la Compañía de Danza Contemporánea del IUNA, Happening de Coreógrafos (Gabriela Prado, Gerado Litvak, Rodolfo Prante, Ramiro Soñéz y Roxana Grinstein), Pack. Dentro de Algo (Juan Onofri Barbato y Agnese Vanaga), o también las coreografías plantadas por el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, Rotonda (Edgardo Mercado), Descubierto (Gustavo Lesgart), Desde Lejos -From far Away y Voces del Silencio (Mauricio Wainrot) y Escrito en el Aire (Oscar Araiz); todas estas han sido presentaciones coreográficas que no apelaron a relatos tradicionales; subsumidas también en fragmentaciones y posiciones indirectas frente a las temáticas y, aunque en gran parte con efectivas soluciones formales, no resultaron vaciadas de comunicatividad gestual (en donde sí se recurre a convenciones). Estas fueron también modos de registrar, aunque más tibiamente, que los alcances y las manifestaciones de la danza se deslizan sutilmente expandiendo su campo más allá de puros lenguajes de movimiento.

 

Lo que se destaca en estas ampliaciones de la expresividad para los trabajos en movimiento pasa fundamentalmente por el plano de la humanidad de los cuerpos: no en un sentido meramente biológico y social, estos cuerpos habitan. Están en la escena estando en operatorias que promueven y proponen lecturas encarnadas, en las que, en las fragmentaciones con que se vierten sus trabajos, también es importante el pasaje, la variación y la diferencia emocionales. Lo rico de esto, su novedad (ya no tan nueva) si se quiere, es que el costado emocional es puesto en juego de manera difusa, mezclada, sin la limpieza de emotividades puras y concretas (si las hay), aquellas que constataban el carácter de los personajes. Y esto hace un nuevo interés porque el fragmento da confusión, igual que los tránsitos emocionales, y es esto lo que se privilegia, ofreciéndolo escondido, camuflado, tergiversado y de a poco, es decir, tan confuso como efectivamente viene. Es parte de la construcción en movimiento, reasumida.

 

En lo que hace a la escena internacional, con variantes que abrevan en recorridos análogos a los locales (y ya no se puede sostener que aquí se copia aquello: la globalización de lo cultural da en que pasan cosas en todas partes, con sus rasgos particulares, contextuales, cada una de ellas), lo que se vio dio muestra de equivalencias en las operatorias.

 

A partir de los Seminarios Internacionales organizados por el Departamento de Artes del Movimiento del IUNA, se ofrecieron Una Misteriosa Cosa, Dijo e.e.cummings, Quizás Ella Pudiera Bailar Primero y Pensar Después y Olympia (Vera Mantero, portuguesa), Product of Circumstances (Xavier Le Roy, Francia), Powered by Emotion (Mårten Spångberg, Suecia), Project in Buenos Aires (Le Roy y Spångberg, con intérpretes locales). Dentro del VII FIBA (Festival internacional de Buenos Aires): Stravinsky Evening -Velada con Stravinsky-: Pretrushka y Hunt -Caza- (Tero Saarinen Company, Finlandia), Patchagonia (Les Ballets C. De la B., Bélgica) y Are You Really Lost? (Compañía Foco al Aire Producciones, México). También se presentaron la Now Dance Company (Corea), con Internal & External y Tan Lejos...Tan Cerca, trabajo desarrollado junto a La Compañía (Mariana Bellotto, Argentina); y la Compañía Nacional de Danza (Nacho Duato, España) con Castrati, Por Vos Muero y White Darkness.


 
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