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Ediciones 2010 - Enero 2010 (Año 16, Nº 184)
domingo, 10 de enero de 2010

Balance Final en el Campo del Ballet

Por Enrique Honorio Destaville 

Pocas funciones aunque con algunos logros brillantes 

Cuando los últimos días de diciembre de 2009 nos marcan inexorablemente el fin de temporada, aún ha de quedarnos sin cumplir este análisis respecto de dos obras a estrenar dentro del Ballet del Teatro Colón y del Teatro Argentino de La Plata. Se trata de los dos ballets finales que cierran la temporada 2009.

 

Inexplicablemente, ambos coinciden… se trata de El Cascanueces de Tchaikovsky, inicialmente puesto en los comienzos de 1971 por Rudolf Nureyev, repuesto posteriormente varias veces, siempre por la repositora autorizada Madame Aleth Francillon. Se laboró en medio de una de esas crisis tremebundas que siempre acosan a la Compañía del Colón, y que en esta oportunidad proviene de la intimación que habría mandado el Gobierno de la Ciudad a numerosos bailarines para que inicien el trámite de su jubilación (muchos de ellos superan los 50 años). [NdE: ver artículo en esta edición].

 

En medio de ese ambiente de nerviosismo, Lidia Segni continúa al frente de la troupe y ya presentó novedosa programación para el año 2010. Por su parte los bailarines se aprestan a interponer contra la intimación recursos de amparo.

 

Pero lamentablemente a la fecha de entrega de esta nota, nos queda sin ver ese Cascanueces que incluye el primer reparto con Silvina Perillo como protagonista femenina, y Juan Pablo Ledo como masculina, en segundos repartos se anunciaron  Federico Fernández un joven tiene todas las condiciones para encajar en el papel y Carla Vincelli.

 

El otro Cascanueces, el de La Plata, es otro proyecto válido de Iñaki Urlezaga para afirmarse definitivamente como coreógrafo en un medio donde los que crean dentro de los estilos clásico-académico o neoclásico sólo son un pequeño grupo en el que sobresalen aquéllos que han sido primeros bailarines en Europa, o bien en Chile, con la consiguiente cuota de conocimientos que no todos tienen, a lo que se suman experiencias vividas como intérprete y creador. Veremos estas obras y expresaremos -sin ambages- nuestra opinión. Sabemos -por ahora- que encarnará a la protagonista Julieta Paul, quien será acompañada en algunas de las representaciones por Lisandro Casco, otro joven bailarín de la Compañía, pocas veces visto en protagónicos.

 

Para el Ballet del Colón, quien ya a comienzos de 2009 era conducido por Segni, la temporada se inició con la antológica Giselle de Adam, en versión de la directora, basada en la original de Jean Coralli y Jules Perrot. Encabezando el reparto vimos a Maricel De Mitri con Edgardo Trabalón. Ella arribó parcialmente con éxito a interpretar a la aldeana romántica. Y fue en el segundo acto, cuando con la máscara fantasmal de la ideal willi De Mitri asentó su etereidad, y compenetrada ya en el personaje recibió en el pas-de-deux la magnífica ayuda de su partenaire Edgardo Trabalón, también notable en su individualidad, de gran presencia escénica, cuidados todos los detalles nobles, pese al engaño de las ropas aldeanas de Loys. Los mayores defectos se observaron en algunos integrantes del cuerpo de baile, faltos de entrenamiento y de consustanciación con el estilo.

 

Entretanto, el veterano coreógrafo Zarko Prebil, quien ha bebido indudablemente en la Fuente de Juvencia, preparaba al heterogéneo elenco para remontar con éxito su versión de Don Quijote de Minkus-Petipa-Aleksandr Gorsky-Prebil. Con gran esfuerzo logró ajustadas reposiciones efectuadas en el Teatro Coliseo y ello, sumado al gran placer de la comedia bailada ocultó defectos existentes en algunos bailarines que salieron a “encarnar” personajes que hacía años no retomaban, y que no bailan ya… La pareja protagónica de Silvina Perillo con Alejandro Parente se mostró inmejorable, físicamente destacados, en el papel trabajado con vis cómica, y accionar armónico. El público premió con ovaciones su magnífica actuación.

 

Segni también contactó a Vittorio Biagi, bailarín y coreógrafo italiano, que fue parte del Ballet del Siglo Veinte, del fallecido Maurice Béjart. Biagi fue siempre muy apreciado y querido no sólo por el elenco del Teatro Colón, sino también por el enfervorizado público de los años ´70 que destacó sus intentos de actualizar el repertorio con algunas de sus obras, como la sustentada sobre la Novena Sinfonía de Beethoven, o bien Pulsaciones sobre percusión para jazz. En aquellos años la sala colmada estallaba en vítores ante la ligereza y esfuerzo de los bailarines con el baterista Leo Jacobsen exultante ante la visible batería situada a la derecha del escenario, de la que obtenía loables resultados. Ahora, la obra fue repuesta por Biagi en el Espacio del Parque Centenario, cuando aún reinaba el frío y público y bailarines lo sufrían a la intemperie. Este crítico no pudo asistir a esa función.

 

El Ballet del Teatro Argentino de La Plata inició tareas con su nuevo director Rodolfo Lastra Belgrano, quien se lanzó de lleno sobre una obra tan imponente como El Lago de los Cisnes de Tchaikovsky-Petipa-Ivanov, versión de Mario Galizzi, y cuyos méritos han recibido amplia cobertura en diversos medios en los que escribe este suscripto. Sobre todo al lograr reducir en parte la extensión sin alterar el desarrollo dramático de la música. Y logrando junto a su ayudante Sabrina Streiff, excelente disciplina en las filas.

 

También Maximiliano Guerra montó su versión de Romeo y Julieta, y Luis Ortigoza (primer bailarín en Chile) repuso su notable versión de La Bayadera de Minkus-Petipa-Ortigoza, muy apreciada por el público desde su estreno en el mismo ámbito en 2008, consagrándose como su notable intérprete Genoveva Surur.

 

En la esfera de las Compañías particulares no hay duda de que fue la denominada Ballet Concierto la más exitosa. Dirigida por Iñaki Urlezaga y Lilián Gióvine cuenta con algunos jóvenes artistas de calidad y futuro, pero evidentemente es la presencia de Urlezaga en los repartos, con la joven primera bailarina Eliana Figueroa, y el sólido Franco Cadelago los que dan los complementos y atracción mayor a los espectáculos.

 

En el mes de diciembre Urlezaga-coreógrafo estrenó el ballet La Traviata sobre la ópera de Verdi, aunque no cantada. Fue éxito rotundo del bailarín en su faceta coreográfica ante notorio problema que plantea una ópera pasada al ballet. Al espectáculo montado en el Coliseo llevó a la Orquesta Sinfónica de Salta que condujo con precisión Luis Gorelik, a su vez adaptador de la música.
 
 
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