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miércoles, 09 de septiembre de 2009

Entrevista 

“Si no nos Sostenemos entre Todos, Nos Disolvemos”

Por Laura Lifschitz

 

La coreógrafa Gabily Anadón está al frente del área de danza del Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini”. En diálogo con Balletin Dance explicó los lineamientos del proyecto que lleva adelante en esa institución

 

Cuando el Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini” (CCC) de Buenos Aires imaginó hace unos pocos años la posibilidad de un área de danza pensó en Gabily Anadón para coordinarla. El desafío consistía en que debía tener como base la experiencia desarrollada en el seno del movimiento cooperativo, para así promover un espacio de formación de nuevos artistas de la danza.

 

Anadón, aun con su juventud a cuestas, tiene una sólida formación y un derrotero que la llevó a graduarse como profesora de técnica moderna en la Escuela Nacional de Arte de La Habana, Cuba (ENA). Desde hace más de diez años estudia historia de la danza y composición coreográfica con Susana Tambutti y dirige su grupo llamado Reverso.

 

Luego de montar sus obras en el exterior y en nuestro país, y de caminar hacia una profunda reflexión del quehacer de la danza entendida como experiencia imposible de escindir de las demás prácticas sociales, le llega a la coreógrafa esta propuesta, sobre la que dialogó con Balletin Dance.

 

La charla resultó un rico muestrario de cómo ciertos aspectos teóricos de una propuesta institucional, tienen un correlato concreto y práctico en lo referente al arte, y a la danza contemporánea en especial. Una constante del diálogo fue dar cuenta de la preocupación por generar espacios participativos para artistas de diferentes vertientes, en un afán por democratizar el campo de la danza y de tal modo construir vínculos entre los propios creadores, y entre ellos y la sociedad en general.

 

La responsabilidad del bailarín y el laboratorio de práctica escénica

El CCC hace ya tres años que creó el Laboratorio de Experimentación Escénica que forma a profesionales de la danza en relación con las prácticas políticas cooperativistas. Aun cuando esto pueda sonar extraño, el desarrollo condujo a un ejercicio a través del cual el grupo discute sus intereses sin verticalismo alguno y se perfecciona no sólo técnicamente sino como sujetos sociales. En ese sentido, el compromiso al que el bailarín se enfrenta significa un paso importante en la carrera profesional. La experiencia propone también el borramiento del paradigma clásico maestro de danza-alumnos. Pero el proyecto también es el resultado de la propia experiencia de Gabily Anadón. Así señaló:

 

“Si pienso en cómo fue mi carrera, el hecho de estudiar en Cuba, y en las particularidades que siempre tuve como persona, entiendo el encuentro que tuve con el CCC. El Centro llega a mi vida en un momento personal donde había puesto en duda todo acerca de mi profesión, del arte. Estar acá reafirma la incertidumbre relacionada con un quiebre profesional, en cuanto a la responsabilidad del coreógrafo como artista y en cuanto al compromiso del artista como ciudadano, como ente político. Sin duda este es un lugar donde la información que circula y la manera de habitarlo tiene que ver con la idea de un artista integral, todo el tiempo vinculado a su hacer desde un posicionamiento crítico, con la realidad social, en un contexto político. En un primer momento, esto me parecía muy complejo de abarcar, pero en la práctica se fue haciendo cada vez más orgánico. Hasta darte cuenta de que no es imposible. Uno no tiene que dividirse en tantas partes, sino lo contrario: todo eso está dentro nuestro y todo eso forma parte de nuestras vidas. El tema es la conciencia que uno tiene de eso y la aplicación que uno hace”.

 

¿Cómo se logra esto en la danza, donde generalmente no existe la posibilidad de un discurso hablado que mencione estas prácticas y esta conciencia?

“Esto tiene que ver con lo que estamos intentando hacer, en donde se empiezan a jugar mucho los roles de poder. No ejercés como líder pero sufrís otros problemas. Las dificultades también aparecen, como grupo de colegas. Nos dimos cuenta que había deficiencias en la educación de los bailarines: no coincidía la formación de los intérpretes que teníamos con lo que se necesitaba para la escena. Quisimos crear un puente para acercarnos a los lugares más concretos de la ejecución. Así empezó el laboratorio, y al iniciarlo nos encontramos con otras situaciones. Hay muchísimos problemas de formación, sobre todo pensando al intérprete de danza como un posible artista, no un ejecutor de formas. Hay un vacío muy grande, en donde creo que habría que reevaluar el tema de la formación, de lo que estamos ofreciendo”.

 

La propuesta del laboratorio es que los bailarines que ya tienen alguna experiencia profesional integren un grupo de investigación en el que se profundiza la calidad interpretativa y donde se cuestiona permanentemente el lugar de estos profesionales en tanto sujetos sociales activamente participativos. Es por ello que año a año se agregan iniciativas al proyecto para permitir la difusión y la expansión de sus resultados en diferentes sectores sociales y en coordinación con diversas instituciones públicas.

 

El programa danza y política

Gabily Anadón también se refirió al nuevo programa que acaba de iniciarse: “Danza y política”. Su objetivo es construir un itinerario artístico-político que confronte con la idea de obra acabada. Se trata más bien de una praxis, una experiencia colectiva.

 

El itinerario artístico se compone de tres momentos fundamentales: una investigación conceptual desde una perspectiva filosófica, ensayos para la creación de una obra (diálogo y debate desde la danza, el arte en general, la filosofía y las ciencias sociales), que concluirá con la publicación de un libro de ensayos.

 

“La danza tiene esa problemática justamente, de aislarse de todo y de ensimismarse. Creo que si hay algo que le falta a la danza es conectarse con el afuera, con la vida. En ese sentido, para mi, el encuentro con los colegas y con todas las personas que trabajan en este lugar ha sido brillante. Al contrario de lo que muchas veces pasa en la danza: la crítica destructiva. Es algo que tenemos que pensar mucho realmente, porque el campo es chico, y porque no vamos a subsistir si seguimos destruyendo al otro. Entonces la colaboración, poder ver lo positivo de lo otro, aprender a convivir con las diferencias, sería el lugar a donde uno tendría que llegar, o al que tendría que aspirar por lo menos”.

 

La primera experiencia fue dirigida por Lucia Russo, con asistencia de Lucas Condro, y filosófica de Hector Monteserin, bajo la dirección de arte de Juan Gasparini, El Borde Silencioso de las Cosas contó con la interpretación de Alejandra Ferreyra Ortiz, Ana Giura, Carolina Herman, Muriel Rebora y Natalia Tencer. Junto a Miguel Solowej (diseño de iluminación), Victoria Latini (asistencia general), Alfonso Tort (asistencia escenográfica) y Claudia Ganquin (colaboracion artística).

 

‘‘El apoyo institucional que recibe el área de danza de parte del CCC es muy gratificante en este sentido. Porque el proyecto estuvo a punto de tambalear cuando se cerró la posibilidad de recibir un subsidio desde la gestión pública.

 

Los inconvenientes que causan la generación de fondos no es un tema que deba pasarse por alto, sobre todo para una mujer cuyo compromiso con las prácticas políticas es una tarea permanente. Como directora del área, Anadón también participa de las reuniones entre todas las instituciones relativas a la danza en nuestro país en pos de ciertas conquistas aún no alcanzadas en materia de la relación con los organismos de control estatal, como la ley tan demorada para la creación del Instituto Nacional de Danza.

 

“Creo que justamente lo que hace falta es la sumatoria. Una de las pautas que me impuse al llegar acá fue abrir el abanico, es decir, se necesita aunar fuerzas, empezar a colaborar, a construir redes que se sostengan entre sí, por eso a todo lo que le puedo decir que sí, le digo que sí. Sino uno solo se destruye, el esfuerzo es tan grande y lo que hay es tan poco que nos disolvemos en nosotros mismos. Si no nos sostenemos entre todos nos disolvemos”.

 

Ese es el compromiso actual de la coordinadora: seguir creando -está en pleno ensayo de una nueva obra para 2010 - con la posibilidad de aportar espacios de reflexión y de conciencia participativa, algo que promete un horizonte de praxis político-artística que hace mucha falta en el campo de la danza contemporánea local.


 
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