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lunes, 13 de abril de 2009

Teatro Colón: (Soap) Opera Horrible

Por la redacción

 

Tras la designación de nuevas autoridades en el “Ente Autárquico Teatro Colón” (eufemismo con el que el gobierno de la ciudad avanza en la enajenación de la mayor sala lírica de Iberoamérica) se anunció una nueva estructura que incluye un sustancial recorte de personal. Las controversias en torno al edificio, a su futuro y a la organización del mismo se profundizaron el mes pasado

 

El Teatro Colón no fue diseñado ni construido para la exhibición de operetas, sino de grandes obras del repertorio lírico, sinfónico y coreográfico.
Sin embargo, el tiempo ha convertido a la política de la ciudad de Buenos Aires en una gran opereta en la que se juega su futuro. O más bien, en una telenovela fallida, de esas que existen en la TV argentina del siglo éste.

El capítulo más reciente en la persistente historieta del descenso de nuestro Primer Coliseo a los infiernos, comenzó con un incendio en las estructuras huecas y ruinosas en que fue abandonado el fantástico edificio que otrora expresara las ilusiones y representaciones magnánimas que los argentinos teníamos de nosotros y de nuestro lugar en el mundo.

Cuatro autobombas apagaron, el 20 de marzo, el “principio de incendio” con que se inauguró (casi se diría, simbólicamente) la gestión de Pedro Pablo García Caffi, sucesor de Horacio Sanguinetti al frente de la sala.

 

El Colón, o lo que queda del mismo, no se prendió fuego entonces.

 

Siete días antes, el jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri había presentado ante la prensa al flamante equipo de conducción artística del Teatro. La fugaz ceremonia incluyó escasas palabras de Macri y la lectura de un comunicado a cargo del ex Cuarteto Zupay (ex peronista, probable; ex progresista, seguro) director de la Casa autárquica. García Caffi describió el estado en que recibía al coloso porteño, expuso cuáles eran sus planes para este año y siguió hablando de un futuro “de excelencia”.

Los directores de los cuerpos estables, sentados detrás, ni hablaron ni fueron presentados a los periodistas.

García Caffi recibe un teatro en muy malas condiciones, dijo. Aseguró que las obras edilicias se habían reiniciado y que el Teatro estaría abierto en 2010, para las celebraciones del Bicentenario. Además, el funcionario planteó la posibilidad de solucionar la deuda con los empleados en condiciones legales de ser jubilados (entre ellos alrededor de la mitad de los miembros del ballet estable). La misma promesa de cada dos años, que es más o menos lo que dura una gestión, hasta que, como en el caso de Sanguinetti, luego de anunciar un avenir luminoso, el hombre simplemente se retire agotado a cultivar su jardín.

También se habló de llamar a concursos abiertos para “todas las categorías” del Ballet Estable y recobrar así talentos argentinos que han partido al exterior, los cuales seguramente volverán corriendo, convencidos de que con el gobierno bacheador tendrán una carrera prometedora (es decir, llena de promesas).

Además, se anunció que actualizarán los planes de estudio del Instituto Superior de Arte y que se dará más importancia a la experimentación. García Caffi subrayó que el teatro será una sala de producción y prometió (nuevamente) recobrar el nivel de excelencia que el Teatro supo tener en América del Sur y el mundo.

 

¿Era imaginable otra presentación? Por ejemplo, una así:

“Señores y señoras de la prensa libre. Con total solemnidad vengo a anunciarles que el Colón no abrirá las puertas en 2010 ni hasta que se pague a los contratistas y se logre un nuevo crédito internacional y se endeude nuevamente la ciudad y se paralicen las obras nuevamente, como las de la Biblioteca Nacional, la central nuclear de Atucha II o la represa de Yaciretá. Hasta que no se pague el cuádruple de lo que saldrían normalmente las obras y que el Ente Autista esté gestionado para siempre por los amigos, no vamos a parar”.

 

No. Ciertamente no era posible otro discurso que ese que fue dicho el 13 de marzo. Quizás cuando termine esta gestión, como hizo Sanguinetti, se ensayen otros argumentos inconexos para explicar la huida.

Mientras tanto, García Caffi llamó a… “refundar el Teatro Colón”.

Entre las declaraciones «no positivas» del funcionario -quien fue director en la sala en los noventa durante la gestión menemista de Sergio Renán- sorprendieron las estadísticas kafkianas que expuso con la convicción del converso (¿será parte de la experimentación artística que anunció?).

Para tratar de argumentar a favor de la nueva estructura que se conoció poco menos de un mes después de asumir, García Caffi desplegó un trabajo que compara la ecuación producciones/empleados en tres épocas muy diferentes de la historia del Teatro: hace cien años, cuando fue inaugurado, en 1960 y en 2007. Esa misma relación se comparó con las de otras salas líricas del mundo.

La argumentación del director artístico fue la siguiente “somos un teatro de producción, no un seguro de empleo público que apila gente en los pasillos negándoles el mandato bíblico de ganarse el pan con el sudor de sus frentes”. El nuevo patrón de García Caffi puede ofrecer mandatos en la administración municipal y también bíblicos. ¿Era preciso remontarse al Antiguo Testamento para argumentar que la cantidad de trabajadores del Colón es excesiva?.

En síntesis, la línea de pensamiento del mesianismo oficial es la siguiente: el Teatro puede prescindir de unas 300 personas, pues no las requería en 1910 ni las requiere la Scala de Milán. Seguramente si nos remontáramos a la Edad de la Piedra o imagináramos una sala de ópera de estación orbital, los empleados requeridos serían menos.

En la oportunidad del primer encuentro con los formadores de opinión pública no se habló de las obras de remodelación del edificio. O sea, no se dijo cuál es exactamente el proyecto edilicio que se reinició (hay que recordar que los gobiernos -el actual y el precedente- anunciaron diversos «master planes»).

Sí se aseveró con gran énfasis que merced a la Ley de Autarquía aprobada por los legisladores porteños asociados al partido en el gobierno, la dirección artística de la sala disponía de las herramientas necesarias para lograr el nivel de excelencia tan mentado. Esto es el “Síganme que no los voy a defraudar”, pero cultural.

Esta autonomía para definir políticas en la sala se materializó el miércoles 25 de marzo por la noche. En un comunicado al personal, García Caffi anunció la «nueva estructura» que, entre otras cosas, implica la reducción de su planta de personal de 1242 personas a 808. Esto es 434 puestos de trabajo menos. Desde el gobierno municipal se aseguró que ninguno de los excluidos perderá su fuente de trabajo, sino que se los transferirá a otras áreas de la administración.

La disolución de siete áreas artísticas y dos administrativas provocó la furia de los trabajadores de la casa y la reacción de quien fuera Secretario de Cultura de la gestión de Aníbal Ibarra en la ciudad, el actual Sub Secretarío General de la Nación, Gustavo López.

“La nueva estructura tiene 808 empleados, todos de planta permanente”, confirmó García Caffi al periódico Clarín. Quienes estén en condiciones de jubilarse, dijo, fueron “invitados” a hacerlo. Y para entusiasmarlos, decidió retenerles de los sueldos a quienes no hubieran aceptado la invitación.

“Nada vital ni crítico ha sido disuelto” aseguraron las autoridades. Sólo se puso fin a las áreas artísticas de “Cantantes líricos”, “Figurantes”, “Diseño de producción”, “Arquitectura teatral”, “Grabación y video”, “Fotofilmación”, “Mecánica escénica”, “Efectos especiales electromecánicos” y “Efectos especiales de agua y prevención”. También desaparecieron “Administración” y “Mayordomía”. Nada más.

En síntesis, el primer paso de las nuevas autoridades fue la poda con criterios autocráticos de una buena parte del personal del Teatro. García Caffi tuvo el privilegio entonces de acceder a las voluminosas listas de empleados, celosamente guardadas por unos y otros. Nos preguntamos cuál habrá sido el criterio de la purga.

Como la cuerda se corta por lo más fino, el recorte de personal fue lo más sencillo para dar un golpe de efecto disciplinador. Ahora habrá que ver cómo piensan gestionar el dinero «en serio» que es el de contrataciones, producciones y obras.

Porque finalmente lo que ni García Caffi, ni Sanguinetti antes, ni Macri jamás, dicen o dijeron es que para alcanzar metas, además de enunciarlas, resulta indispensable trazar una política, sistematizarla en una acción de gobierno y -fundamentalmente- asignarle un presupuesto.

Con medidas compulsivas, como las expresadas en los permanentes cambios en el área cultural y en ausencia de una asignación presupuestaria, todo lo que se diga es vano. Sin recursos no habrá obras, sin recursos no habrá jubilaciones, sin recursos no habrá experimentación, sin recursos no habrá renovación de cátedras, ni de programas de estudio. La única experimentación seguirá siendo la de estos administradores que han tomado a la Sala como laboratorio de yerros.

Políticas culturales y dineros son fundamentales para hacer realidad lo que se enuncia. Sin eso, todo lo que se diga son ingenuidades o intencionalidades encubiertas. Y resulta difícil creer ingenuos a un ex presidente de Boca Juniors o a un ex funcionario menemista.

Aunque desde el principio pareciera que el ingeniero de «la 12» no logra dar pie con bola en esta área, el hombre para quien cultura es turismo, progresa firmemente en el desguace del Teatro Colón. Y, como ya ocurrió en los noventa con las empresas de servicios públicos, en el paroxismo del desastre será muy sencillo despojar al sector público de este patrimonio cultural.

Entonces sí, la perspectiva histórica permitirá entender que la derecha avanzó con paciencia y coherencia sobre un argumento escrito hace décadas. Y que, aunque les esté llevando tiempo, los señores doble-apellido-que-van-a-dormir-a-platea y sus socios tanos-recién-llegados, pretenden terminar apropiándose del Teatro Colón, para entonces poder lucrar con él a piaccere y exponer libremente en aquel magnánimo escenario, toda la impudicia de su mal gusto.

 

Repercusiones

Máximo Parpagnoli delegado gremial del Teatro Colón salió al cruce de muchas de las afirmaciones de García Caffi en la rueda de prensa.

“La planta actual de trabajadores del Teatro Colón, incluidos los contratos públicos y de locación de servicios, asciende a 1242 empleados. Casi 200 personas menos de las que afirma el director general del Ente”, señaló Parpagnoli.

Para el fotógrafo y sindicalista, el nuevo director apeló a una deliberada mala información para justificar su proyecto. Según Parpagnoli, lo anunciado por García Caffi “es exactamente y al detalle el mismo proyecto que presentara Martín Boschet en junio de 2008 y que incluía una delirante reforma edilicia y una no menos descabellada y peligrosa reestructuración administrativa y funcional”.

Parpagnoli agregó una información por demás relevante: que “en 1989 la planta total de trabajadores del Colón ascendía a 1178 puestos de trabajo, confirmados por auditoría. Durante la gestión de Sergio Renán (1989-1996), en la que Pedro Pablo García Caffi se desempeñó como director ejecutivo de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires (con rango de director general), la planta estable creció hasta los 1250 integrantes (creación del CETC, del Departamento de Arquitectura Teatral, el desdoblamiento de los Sectores de Audio y Video, y el sector de sobretitulado, entre otros). Durante esos siete años nadie pensaba que sobraban empleados y en más de una oportunidad, la envergadura y la complejidad de las producciones, obligaron a la contratación de personal temporal de refuerzo (artísticos y escenotécnicos)”.


Ballet Estable 2009

La temporada actual se inicia con Lidia Segni como directora del Ballet Estable del Teatro Colón, y se anunciaron cuatro programas, tres en el Teatro Coliseo y uno al aire libre en el Parque Intendente Seeber (Bosques de Palermo).

 

Junio (miércoles 17, jueves 18 y viernes 19). El Corsario de Petipa-Konstantin Sergeyev con resposición de Anna Marie Holmes.

 

Octubre (sábados 17 y 31, martes 27 y domingo 1º de noviembre). Don Quijote de Zarko Prebil que vendrá a reponerlo.

 

Diciembre (viernes 18, sábado 19, domingo 20 y miércoles 23). El Cascanueces de Rudolf Nureyev en reposición de Aleth Frantillon.

 

Al aire libre se presentarán en el marco de «Colón de Primavera» con tres coreografías de Mauricio Wainrot: Sinfonía de los Salmos, After y On@Off, en algún momento de la primavera porteña.

Poco más de una decena de funciones para un nuevo año de transición.

 

La temporada del Centro de Experimentación en Opera y Ballet contará con Four Walls con coreografía de Carlos Trunsky y los bailarines María Kumichel y Leandro Tolosa (viernes 10, sábado 11 y domingo 12 de julio).


 
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