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lunes, 13 de abril de 2009

15 Años

Resulta difícil reconstruir la Argentina de 1994, momento en que decidimos crear Balletin Dance. El entusiasmo desatado por las tecnologías hogareñas de entretenimiento surgidas por esos años, el video fundamentalmente, y la TV por cable, habían contribuido en gran medida a generar un repliegue de las audiencias sobre el fuero privado.

La crisis hiperinflacionaria a fines de los ochenta había generado una herida traumática que perjudicó al espectáculo teatral. De hecho fue aquella la plataforma que permitió la entrega de patrimonios e ideales que ocurrió en los noventa.

Entre la adhesión de una importante porción de nuestra sociedad a aquellos valores de la banalidad, la plata dulce, la corrupción y la «viveza», y el desencanto de otra parte, la última década del siglo pasado no se presentaba particularmente alentadora para desarrollar apuestas riesgosas. Ni culturales, ni comerciales.

Para peor, para cuando lanzamos Balletin Dance, muchos otros antes habían encallado en la empresa de realizar una revista dedicada a la danza. No en vano Balletin Dance sigue siendo hoy la única en la historia de nuestro país en haber llegado a 15 años de vida.

La danza en la Argentina de 1994 era poco menos que la oficial. El «mercado» era muy estrecho. El público de la danza independiente era, precisamente, los propios hacedores de danza independiente.

Sobrevolaba un ánimo gris el espacio cultural. La ebullición con la que el arte había inaugurado la etapa democrática había dado paso a un retraimiento generalizado de público y de la actividad. Danza Abierta, el combativo ciclo que se había animado a desafiar la prepotencia represiva de la dictadura, era un recuerdo melancólico.

Recién casi 10 años después del nacimiento de Balletin Dance, en un contexto de fractura institucional y económica, los argentinos optamos por «salir» hacia adelante, demostrando que debajo de esa capa de concreto nihilista, algo latía aún.

 

Balletin Dance nació de una lectura acertada, de una apuesta al futuro y también de la ayuda que a veces brinda el azar. El éxito de nuestra plataforma mediática (que hoy se integra, además, con un sitio web, una editorial de libros y una tienda on-line) fue producto de una correcta orientación editorial, un profundo anclaje en el medio de la danza, un complejo dispositivo logístico y mucha voluntad.

El carácter didáctico inicial de la revista es una de las características más relevantes. Desde los comienzos razonamos de la siguiente manera: si en la Argentina la idiosincracia del intelectual propende a la pasividad, a una reflexión generalmente divorciada de la praxis, en las presentes circunstancias de crisis espiritual, una publicación especializada en danza debía alejarse de la «crítica» necia y pasiva, para, en cambio, ser un aporte a la acción y una retribución a quienes se animaran a asumir el desafío de las tablas.

La Revista Argentina de Danza acompañó, entonces como ahora, el desarrollo de la danza a lo largo de esta década y media y también contribuyó a su comunicación horizontal en la Argentina y de la Argentina con el mundo.

Con el mismo entusiasmo, y unos cuantos años más, la nueva etapa de Balletin Dance, seguirá acompañando la evolución de la danza y del arte argentino, con el compromiso de siempre que hemos asumido con nuestro tiempo: aportar a la construcción de una conciencia de ciudadano-artista-en-el-mundo.


 
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