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martes, 10 de marzo de 2009

Original y Ameno Enfoque Pedagógico

Por Carlos Bevilacqua

 

Los Desafíos Maestros, que tendrán este mes su cuarta edición en la Práctica X, son opciones formativas tan peculiares como seductoras

 

En cada edición de los Desafíos Maestros dos parejas de bailarines son convocadas para enseñar un mismo tema siguiendo reglas muy particulares. Un sorteo con moneda (similar al que se realiza al comienzo de un partido de fútbol) decide cuál de las dos parejas enseñará en primer turno. La pareja favorecida tendrá 30 minutos para transmitir lo que considere esencial sobre la temática convocante y con la metodología que considere más efectiva, pero siempre con una proyección práctica de esas nociones.

 

Inmediatamente después, la otra pareja dispondrá de iguales prerrogativas y obligaciones, mientras la primera dupla descansa sin dejar de prestar atención a la clase del «adversario». Ya sea para insistir en algún concepto, para ampliarlos o agregar otros, las dos parejas vuelven a tener a continuación otros 15 minutos cada una, siempre según el orden que determinó el sorteo.

 

Excepcionalmente, cuando resulta necesario, se otorga un tiempo extra de 5 minutos más para cada dúo-enseñante. En todos los casos, un árbitro implacable (con silbato y actitud inflexible) irrumpirá al final del tiempo pautado, así los profesores estén en medio de una explicación.

 

La clase doble se cierra con una ronda de preguntas de los alumnos a los 4 docentes, en una especie de tercer tiempo que prolonga -y a veces hasta clarifica- la instrucción.

 

Sin embargo, ahí no termina el juego: en el mejor momento de la práctica posterior las dos parejas se enfrentan poniendo toda la carne en el asador en sendas exhibiciones de baile. Sus capacidades de improvisación se ven exigidas al máximo porque tanto la música que deben bailar como el orden en que deben hacerlo son para ellos una incógnita hasta último momento. Es el público el que decidió en secreto qué deben bailar y en qué orden llenando unos papelitos distribuidos por los organizadores y que deben depositarse en una urna. ¿Quiénes son los ganadores?, se preguntará a esta altura el lector. No los hay, en el sentido clásico de las competencias deportivas, ya que no hay una coronación de ningún tipo para alguna de los dos parejas. En todo caso, ganan todos, pero sobre todo los alumnos que reciben una extraordinaria dosis de conocimientos en una sola noche.

 

Esta modalidad tan singular, marca registrada de los Desafíos Maestros, sazona cada marzo la ya de por sí atractiva Práctica X, un espacio de experimentación que reúne una vez por semana a los milongueros más jóvenes, curiosos y desprejuiciados que viven o andan por Buenos Aires. Hoy en una nueva locación de Palermo Viejo, «la X» (como se la menciona en el ambiente) es organizada por los bailarines Pablo Inza, Raúl Masciocchi y Gabriel Bortnik.

 

Este año los Desafíos Maestros ocuparán por primera vez todos los martes del mes en una edición que tendrá la particularidad de tratar menos temas de los habituales con el objetivo de profundizar el tratamiento de cada uno. Al cierre de esta edición, Inza adelantó que estaban considerando las opciones de tratar una o a los sumo dos temáticas en total. “Me tienta mucho la posibilidad de que todos los bailarines participantes aborden el mismo tema”, justificó en diálogo con Balletin Dance. El abrazo, la marca y la música fueron algunos de los tópicos tratados hasta hoy. Para la edición ‘09 confirmaron su presencia como docentes Adrián Veredice y Alejandra Hobert, Horacio Godoy y Cecilia García, Gastón Torelli y Moira Castellano, Pablo Rodríguez y Noelia Hurtado, y Federico Naveira e Inés Muzzopappa, todos brillantes referentes de las camadas más jóvenes de bailarines.

 

Inza tiene su propia evaluación acerca de los alcances del encuentro. “Más que un desafío entre maestros es un desafío para cada uno de ellos ante la tarea que encara. Primero, porque deben exponer en forma sintética y contundente cómo hacen o entienden algo y, después, porque ponen a prueba los discursos que vienen usando en una instancia que además les permite conocer otras visiones del mismo asunto.. Esto sirve para desmitificar los ‘libritos’ del tango y para acentuar las diferencias naturales que surgen en una danza popular como el tango. Eso es lo que más me anima, más allá de cierta ebullición que genera el evento por esa fachada de enfrentamiento que lo adorna”.

 

Es claro que la atmósfera está como cargada durante los desafíos. Sea como estrategia de marketing o por mero orgullo personal, la mayoría de las parejas docentes parecen esforzarse por dejar la mejor impresión posible, dando consignas de cautivante originalidad, según pudo observarse en la edición 2008. Del otro lado, los alumnos sienten que más que nunca vale la pena prestar buena atención y cumplir con los ejercicios al estar ante mucha información junta que puede ser muy útil en el futuro. Ellos hacen su aporte de entusiasmo desde grupos compuestos por argentinos habitués de otras clases, extranjeros de paso por la ciudad y no pocos profesionales. Todos de un nivel de baile al menos intermedio pero, lejos del conformismo, se muestran ávidos de sumar capacidades.

 

El resto de los martes del año la Práctica X está precedida por una clase de prestigiosos docentes que van rotando en seminarios temáticos. Si bien cubren una amplia gama de tópicos y estilos, prima allí el llamado «tango nuevo», una modalidad caracterizada por formas más vistosas que las clásicas a partir de un abrazo en promedio más abierto que el tradicional.

 

Como esos movimientos requieren más superficie por pareja que el de otros estilos, la X se desarrolló siempre en lugares grandes y casi sin mesas. El panorama se completa con una reformulación de los llamados códigos milongueros en el trato interpersonal: si bien se mantienen algunas reglas básicas de convivencia, se invita a bailar de palabra más que cabeceando, no hay tandas sino música de corrido, nadie se ofende si recibe un golpe involuntario de otra pareja y no está mal visto comentar los pasos mientras se baila ni detenerse para analizarlos o repetirlos. Todo sea por aprender.


 
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