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viernes, 09 de enero de 2009

Otro Año Desafiando a las Agujas del Reloj

Por Carlos Bevilacqua

 

Más allá de cierta caída en la llegada de extranjeros en el último trimestre, 2008 fue un año muy dinámico, con un nuevo mes del tango instituido por las autoridades porteñas, milongas y prácticas tan efervescentes como siempre y diversos espectáculos de calidad en los escenarios teatrales

 

El año empezó con el polémico traslado del festival anual que organiza el Gobierno de la Ciudad de marzo a agosto, para fusionarlo con el otro gran evento público que tiene el tango: el Campeonato Mundial de Baile.

La experiencia resultó a medias favorable, ya que si bien el octavo mes del año probablemente pasará a ser identificado con el tango, se redujo a la mitad la cantidad de períodos de magnetismo tanguero y los números oficiales hablan de una merma de público en comparación con la convocatoria que consiguieron los dos eventos por separado en 2007.

La programación de conciertos fue generosa en cantidad y calidad pero el auditorio de Harrods (sede principal del festival) resultó demasiado chico para la multitud convocada. Uno de los sustratos más valiosos del encuentro fue la reconstrucción de las partituras perdidas de orquestas históricas, como la primera de Aníbal Troilo o la de Cuerdas de Astor Piazzolla, lo cual quedó plasmado en fabulosos conciertos celebrados en el Teatro Avenida. Allí se dio la insólita paradoja de butacas vacías en funciones con entradas agotadas varios días antes.

El Mundial también combinó una rica programación artística con falencias organizativas, porque así como clases y shows se diversificaron incluyendo trabajos de mérito, la competencia se desarrolló casi toda en un Estadio Obras cuyo camarín era una incómoda carpa contigua y donde los jurados estaban demasiado lejos de la pista como para juzgar el desempeño de los bailarines en la categoría Salón. El torneo coronó a dos parejas que no habían brillado tanto como otras pero de una prolijidad indiscutible: Daniel Naccu­chio y Cristina Sosa, en Salón y José Fernández y Melody Celatti, en Escenario. Ambos binomios son integrados por profesionales argentinos, menores de 30 años y fueron entrenados para la ocasión por el coreógrafo Mario Morales.

En tanto, los encuentros impulsados por agentes particulares, tuvieron en 2008 sus ediciones anuales, desde el clásico CITA (Congreso Internacional de Tango Argentino) hasta el ecléctico Cambalache. El principal destinatario de estas propuestas sigue siendo el público extranjero que, a pesar de la crisis financiera internacional y una inflación que ya no torna tan favorable el tipo de cambio, sigue nutriendo la maquinaria económica del tango. 

Sin embargo, la fiesta popular del tango late sobre todo en las milongas, donde la gente confluye en forma espontánea para improvisar de a dos (muchas veces luego de haber tomado allí mismo una clase), charlar, escuchar música y deleitarse con exhibiciones de baile a cargo de profesionales. El lugar puede ser Gricel, La Baldosa, La Viruta, Niño Bien, el Parakultural, Porteño y Bailarín o Sunderland, por citar los más concurridos. Fue en uno de esos ámbitos que Graciela González y Olga Besio recibieron merecidos homenajes en reconocimiento a sus trayectorias como docentes. En tanto, la veterana María Nieves, pionera del tango de escenario, recibió en abril el título de ciudadana ilustre de la ciudad de Buenos Aires.

Las prácticas, menos atentas a los códigos milongueros, renovaron su vitalidad con el auge de sitios como Práctica 8, Postango y El Social, el espacio cada vez menos "under" montado por José Garófalo, Leni Méndez, Viviana Parra y Mariano Pedernera en un galpón reciclado del barrio de Once. Encuentros semanales que se suman a otros de sostenida convocatoria como los del club Villa Malcolm (templo del estilo conocido como nuevo) y la Práctica X.

Al menos en Buenos Aires, los escenarios volvieron a albergar obras de variado tono. Así como la compañía de Miguel Ángel Zotto volvió a deslumbrar con recursos clásicos durante dos meses en el Teatro Astral, el coreógrafo Gustavo Zajac apostó el año pasado a Hugo Patyn y Laura Fidalgo para encabezar el elenco del nuevo show de Madero Tango, un soberbio musical de casi dos horas ininterrumpidas llamado Bien Argentino. Las 10 funciones que entre julio y septiembre tuvo Corporación Tango en El Cubo constituyeron un acto de justicia para con el esfuerzo y buen gusto de esa compañía independiente. Para el coreógrafo y docente del IUNA Leonardo Cuello el reconocimiento pareció llegar a granel en 2008 gracias a los laureles que consiguió su Quintaesencia, serie de cuatro obras cortas que impactan por musicalidad y despliegue técnico. El que pasó fue también el año de los reestrenos de Grotesca Pasión Trasnochada (el impiadoso fresco costumbrista de Silvana Grill), Brazos y Abrazos (personal puesta de Carina Pazzaglini que volvió al Borges) y María de Buenos Aires (en la exuberante versión de Marcelo Lombardero, tras el estreno de abril). Ya en el campo de la fusión, corresponde destacar los trabajos de Mónica Fracchia (Febo Asoma), Leandro Kees (Soledad) y Ana María Stekelman (Happy Hour, con la que celebró los 15 años de su compañía Tangokinesis).

El grupo de casas de cena-show sumó dos nuevos mega-locales: Tango Porteño, donde funcionara el céntrico cine Metro y Tango Palace, en un pabellón de La Rural que cada noche cobija un portentoso show dirigido por Héctor Berra y cuyo elenco encabezan Claudio González y Melina Brufman.

No todas fueron buenas. A principios de año, se supo que la Academia de Estilos de Tango Argentino (ACETA), organismo oficial encargado de rescatar y difundir los movimientos de mi­lon­gue­ros mayores entre los jóvenes, no tendría continuidad por falta de presupuesto, según justificó la Secretaría de Cultura de la Nación de la cual dependía. A su vez, hubo que lamentar el fallecimiento de Omar Vega, un especialista en milonga con traspié que tenía sólo 49 años.

De las novedades editoriales, cabe mencionar las presentaciones de Yo Quería Bailar (biografía del bailarín Carlos Gavito, escrita por Ricardo Plazaola), Tango, Tangoing (libro de poemas y dibujos de la vietnamita Mông Lang), Ca­ba­re­te­ras (novela del actor y bandoneonista Luis Longhi) y El Tango en la Sociedad Porteña, 1880-1920 (ensayo de Hugo Lamas y Enrique Binda que ilumina la primera etapa del tango como danza popular).

Con todo, la novedad más original del año fue el Congreso Internacional de Tangoterapia, cuya primera edición -celebrada en julio en Rosario- fue un fructífero encuentro de médicos, kinesiólogos, psicoanalistas y profesores de baile que vienen usando la danza típica porteña como recurso terapéutico ante diversos trastornos. El intercambio académico, propiciado por la docente ro­sa­ri­na Marisa Maragliano, dio sustento científico a esa sensación de bienestar general que hasta el menos ducho de los milongueros experimenta antes, durante y después de bailar, desplazándose ¿casualmente? en sentido anti-horario.


 
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