Inicio arrow Editorial
Narrow screen resolution Wide screen resolution default color green color orange color

Suscripción (impresa)

Suscripción individual a la edición impresa

 

Balletin en Facebook

Seguinos en Facebook

Balletin en Instagram

 Seguinos en Instagram

Balletin en Twitter

Twitter
Balance. Danza Imprimir E-Mail
viernes, 09 de enero de 2009

Contemporáneo, Danzateatro, Improvisación, Performance

Por Román Ghilotti

 

El año 2008 resultó un año muy rico por la variedad de las propuestas de movimiento ofrecidas en la ciudad de Buenos Aires, desde tradiciones contemporáneas a tendencias actuales

 

Con más de 150 obras en salas y en espacios no convencionales, muy diversos gustos tuvieron oportunidad de ser satisfechos y defraudados.

Que no a todos les gusta lo mismo es una trivialidad. Lo interesante de estas divergencias en el año que pasó fue la polarización entre obras “tradicionales” y las “nuevas tendencias”. Y también la polarización del público: los más exigentes de tradición explícita murmuraban “esto no es danza”, cuando la experimentación superaba lo acostumbrado; los más urgidos por la novedad sostenían “esto ya no puede ser danza”, aludiendo a lo formalizado.

En videodanza, Mano de Obra de Artistas (MOA), con tres ciclos en el año, mostró cómo el género ha expandido su horizonte, cosa reafirmada por el VideoDanzaBA 08 (octubre): a los registros de cuerpos en movimiento se suman peripecias técnicas para construir las obras.

El II Encuentro Danza y Performance (febrero) dio cita a artistas extranjeros y locales en performances en que no siempre el cuerpo en movimiento fue lo característico. Como ejemplo, Speak de Alejandra Ceriani y Fabián Kesler, que mostró a la bailarina sentada y casi quieta frente a una cámara de registro limitado, o El Intérprete de los chilenos Sergio Valenzuela Valdés y Nicolás Cottet, quienes desnudos, con cámaras en sus cabezas, realizaron uniones y separaciones de cuerpos neutros.

En el Rojas, los ciclos Queerdance, 4x4x4x4, Festival RojasDanza 2008 y Barroco, recorrieron una zona intermedia entre tradiciones de las vanguardias del siglo XX y experimentaciones, como Montecarlo (Carlos Casella) o Barroco I (Mariano Pattin).

El Ballet Contemporáneo del San Martín sostuvo una neta danza contemporánea con reposiciones de Mauricio Wainrot, Marc Ribaud, Roxana Grinstein y Ana María Stekelman y estrenos: Excusas para el Dolor (Gabriela Prado), La Noche más Negra (Pablo Rotemberg) y Tangos Golpeados (Alejandro Cervera).

El Festival CoCoA 10 años (junio-noviembre) ofreció espectáculos nacionales y extranjeros de fuerte incidencia performática. Así, Danza Mínima (a1/v1) por QuiatoraMonorriel de México, un estudio mínimo de movimiento al borde de la quietud, o las experiencias corporales suscitadas por la brasileña Marcela Levi con objetos sub­je­ti­va­dos en In-organic. En la misma tónica, el seminario Performance: nuevas estrategias de acción (IUNA), trajo al performer australiano Andrew Morrish (septiembre) y posibilitó el estreno local (octubre) de The Show Must Go On de Jerômè Bel, una de las obras emblemáticas de la tendencia performática del nuevo siglo.

Con el V Buenos Aires Danza Contemporánea 08 (diciembre), las tendencias mencionadas volvieron a ser visitadas, en un tono más morigerado.

En los extremos de la variedad, como ejemplo: el ciclo Traducción (dirección de Roxana Galand), conjunción improvisada de danza, música, imagen y palabras; en teatrodanza ¿Quién no es salvaje? (Mabel Dai Chee Chan) trató la extrema violencia; la chilena Carne de Cañón (Colectivo de Arte La Vitrina) reunió danza, teatro, canto y testimonio político; La Concepción del Tiempo Imaginado (Iván Haidar) o The Divine Comedy (Luis  Garay) muestras de libertades en la construcción de obra.

En la vereda tradicional, Cisne Negro de Brasil presentó Revoada, Cherché, Trouvé, Perdú y Trama; en lo doméstico Los Procesos de Franz (Compañía Móvil) correctísimo Graham.

Ojos Bajos (Viviana Iasparra) o Lo (Carolina Herman) constituyeron obras en las nuevas zonas, y trabajos como El Juego del Elástico (El Descueve) y Despliegue 144 (Teresa Duggan) reafirmaron tradiciones locales.

La Movemos Danza con D (de Deseo), Cristina Moreira con Graffiti, y Julietta de Claudio Hochman, fueron obras en que danza, circo, teatro, music hall y clown coexistieron en disímiles dosis; también recurrieron a cruces: Ciudad Off, Butoh Urbano (Gustavo Collini y Roberto Galván, butoh y contemporáneo), Fronteras de Encuentros (Liliana Toccaceli, contemporáneo, folklore y flamenco), y Cabina 6 y Hálito (Sandra Reggiani, expresión corporal y teatro físico).

Sumaron en performance Degusté de los franceses Emmanuelle Becquemin y Stéphanie Sagot, y el Sinestesia Festival 2008 con trabajos libres de Ceriani, Kesler, Iasparra y otros).

Muchas de las propuestas resultaron danza en el sentido canónico acostumbrado, muchas rozaron los cánones y los desarmaron, y muchas los dejaron haciéndose fuertes en con­cep­tua­li­za­cio­nes sobre la danza.

Diógenes (siglo V a. C.) habría dicho: “El movimiento se demuestra andando”, como respuesta a Zenón (siglo IV a. C.), quien propuso la aporía de “Aquiles y la tortuga”, según la cual el movimiento es imposible si se lo piensa. Lo de Zenón es un desarrollo de conceptos (que puede rebatirse o no). Lo de Diógenes es una apreciación experiencial (que puede considerarse adecuada o no).

Algo parecido pasa con la danza: más allá de gustos coexisten formas desde lo académico a lo puramente conceptual, combinaciones de experiencias y conceptos, todas con igual derecho a la existencia (como también participan de iguales pretensiones argumentativas las proposiciones de Zenón y de Diógenes). No sólo del gusto se trata el asunto: concepciones de mundo también.


 
< Anterior   Siguiente >