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viernes, 09 de enero de 2009

Un Año con Muestras Diversas de Ballet

Por Enrique Honorio Destaville

 

2008 fue un año con inocultables problemas en compañías de ballet de nuestro medio. A continuación una síntesis del Teatro Colón, Ballet Argentino, Ballet Concierto, Ballet del Mercosur y Argentino de La Plata

 

El Teatro Colón prosigue cerrado. Su octogenaria Compañía de Ballet es la más perjudicada, lamentablemente al llegar diciembre se levantó el prometido regreso de Giselle, que la directora artística Olga Ferri preparaba para debutar el 19, y no habrá hasta el año próximo otra actividad escénica.

El inicio de actividades en la sala del teatro Opera con motivo del aniversario del centenario de la inauguración del Colón (1908) -nada menos- dio lugar a varias funciones, cuando la troupe contaba todavía con la dirección de Guido De Benedetti, quien pasó fugazmente por el cargo.

Integró un programa con obras de la tradición académica, y se las presentó fragmentadas... Se invitó a algunas figuras como a Iñaki Urlezaga y Ludmila Pagliero, pero las de su elenco no respondieron en la medida de lo que se aguardaba. Faltó el tapete cu­bri­dor del escenario... -elemento hoy indispensable desde el punto de vista de la seguridad que ofrece a los bailarines-. Tampoco respondió muy bien la Orquesta Estable (dir. Benzecry) y así el todo escénico-musical estuvo a media distancia de honrar al academicismo de Petipa e Ivanov, con algunas excepciones.

Después -repentinamente- hubo cambio de autoridades, con Jorge Amarante en la dirección y Olga Ferri en lo artístico. Entre tanto, el elenco en trashumantes viajes por otra s salas como el Teatro Coliseo o el Auditorio de Belgrano fue mejorando un poco su rendimiento.

Hubo funciones en el Coliseo con inclusión de Las Sílfides de Chopin-Fokin según el antiguo montaje del coreógrafo para San Petersburgo, y a cargo de la maestra rusa residente en Rosario Tatiana Fesenko, pero no hubo grandes destellos en el elenco. En cambio, los puntos fuertes estuvieron en los pas de deux como el de Espartaco basado en la versión Labis (1978) donde descollaron Karina Olmedo y Vagram Ambartsoumian en dramática actuación. Amarante incluyó su obra Momentos (2003) de factura contemporánea, que incluye tangos, expresándose con originalidad coreográfica y buen desempeño del grupo de bailarines intérpretes destacando sobre todo a Leandro Tolosa.

Entre tanto se aguardaba el arribo de la bailarina estrella Paloma Herrera, del American Ballet Theatre. La Compañía del Colón había de acompañarla en el Luna Park. El público ansiaba una obra completa, un ballet de los denominados “full-length” que permitiera a Herrera expresarse dramáticamente, y no los fragmentos de obras académicas como el caso de Raymonda de Glazunov-Petipa. No obstante tratarse del “pas hongrois”, elegante divertissement con estilizadas czardas, preparado con dedicación por Amarante. Paloma Herrera fue aclamada por su perfecto desempeño y conocimiento del repertorio histórico, al igual que en el divertissement de Paquita, uno de los mejores que conservan el estilo “a la manera de Petipa”, según se ha ido reconstruyendo desde hace más de cien años. Pero una vez más se utilizó la partitura de Minkus orquestada de una manera contraria al sentido majestuoso que buscaba el compositor, y los efectos y consecuencias son otros. Completó la función parte de una obra de Mauricio Wainrot sobre tango, con Vagram Ambartsoumian y la bailarina residente en los Estados Unidos, técnicamente exactos, faltó en cambio aquel dejo de por­te­ñis­mo. Herrera fue acompañada discretamente por el danseur canadiense Guillaume Côté, buen partenaire y bailarín. El elenco del Teatro Colón cumplió bien sobre todo en Raymonda. La visita de Paloma trajo también un encuentro con público y periodistas en el Museo de Arte Latinoamericano (Malba), exhibiéndose el film documental que sobre ella hizo Jorge Fama, con exitoso resultado.

 

El Ballet Argentino es otra de las Compañías importantes del país, sus gestores (Julio Bocca y Lino Patalano) por razones probablemente válidas, redujeron el plantel dejando fuera a varios integrantes (la mayor parte de ellos con su tarea artística asegurada al incorporarse al Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín). El Ballet Argentino, conducido por Bocca y Sara Nieto, se ha volcado hacia los estilos neoclásico y contemporáneo, aunque las formas clásicas influyan en los coreógrafos que colaboran. Ana María Stekelman es ejemplo de ello. La troupe luego de un breve fogueo en el Centro Cultural Borges con la selección de Tango de Oscar Araiz, se encaminó al estreno de Felicitas, Amor, Crimen y Castigo, de aquella creadora (mayo de 2008) con nu­me­ro­sí­si­mo público, atraido por el montaje de la historia de la bella y adinerada dama argentina que vivió su corta vida en el siglo XIX. Interesante guión el de Elio Marchi, sin truculentos episodios... que difiere en algunos puntos de la realidad. Su evocación de la historia cotidiana se vio reforzada por la escenografía y pinturas diseñadas por Tito Egurza y la iluminación de José Luis Fiorruccio. Más aún el originalísimo vestuario de Renata Schussheim, pensado para la danza, que no es recargado pero sí pleno de reminiscencias. Así, la puesta de Ana María Stekelman es exitosa aunque su coreografía ostente disímil gestación: eligió la estética de la belleza al fusionar clásico con contemporáneo, con fuerte influencia expresionista en la interpretación, expresividad y dramaturgia de la obra (las máscaras, los movimientos de brazos, los giros como torbellino...). Incorporó un personaje irreal de concepción bé­jar­tia­na: El Mayordomo-La Muerte, al que dio peculiar plástica del movimiento y estudiados matices maléficos, interpretado por el excelente Raúl Candal.

El elenco tuvo también funciones en el Ópera con Nine Sinatra Songs y otros temas como el atrayente Bésame Mucho también de Stekelman.        

 

Particularmente destaquemos el importante aporte de Iñaki Urlezaga y el Ballet Concierto, dirigido por Lilián Gióvine, en coparticipación con el Teatro Colón. El danseur contrató al coreógrafo francés Jean Pierre Aviotte para escenificar la cantata escénica Carmina Burana de Egk. Para el montaje complicado por la escenografía del mismo Aviotte, éste laboró desde el mes de agosto estrenándose en el Teatro Opera. La Orquesta Estable del Colón fue bien conducida por Luis Gorelik, y los Coros Estable y de Niños, con firme dirección de Caputo y Sciammarella más los cantantes Laura Rizzo, Alejandro Meerapfel y Pehuén Díaz Bruno. Aviotte eligió el camino de la danza contemporánea sin perder vinculación con lo neoclásico. Diseñó movimientos con brazos y manos más emparentados con el oriente que con el occidente aún semi bárbaro. Y por medio de una gran estructura de aluminio y tela enlazó las idas y vueltas de la rueda de la fortuna, y su fluctuación constante. Desde la coreografía aludió a los placeres de la carne, al juego y la embriaguez aunque no siempre quedaron muy claras sus ideas. Como régisseur y coreógrafo careció de espacio suficiente al tener durante toda la obra a los dos Coros en escena. 

Last but not least, Iñaki Urlezaga fue el bailarín estrella que lució magnífico como virtuoso no sólo en la concatenación de los pasos contemporáneos, también como partenaire (imponente Eliana Figueroa). Urlezaga tuvo a su cargo un solo especialmente coreografiado para él, quien con su altura, dinámica y plasticidad en acelerante movimiento in crescendo mostró saltos, piruetas y personalidad artística. En el Ballet Concierto que dirige Lilián Gióvine descollaron Natalia Mujtar de notable plasticidad en el movimiento, y  Maximiliano Chavarría en su descollante solo de “break-dance”.

 

Maximiliano Guerra y el Ballet del Mercosur se presentaron en el Teatro El Nacional. Las obras programadas no fueron de alto nivel. La mejor fue CONSECUENCIAS, del mito (así escrito) cuyo autor es Walter Cammertoni, coreógrafo cordobés de danza contemporánea, aquí poco conocido. Introdujo a Guerra en un mundo casi onírico, con impresionante y sugestiva música proveniente de ritmos africanos -donde predomina la percusión- y fragmentos de Johann Sebastián Bach. El lenguaje contemporáneo que utiliza se enriquece con gestualidad, y las ocurrentes inserciones clásicas del coreógrafo quien hace recrear a Maximiliano la “attitude” de la famosa estatua del dios Mercurio de Giovanni da Bologna (en la que el cuerpo se sostiene con una pierna, mientras la otra se levanta hacia atrás esbozando el arabesque, y la rodilla se curva levemente hacia fuera). Cammertoni creó también atmósferas de gran efecto como la del final que sugiere quizá el diluvio...

 

Esta evaluación no puede dejar de mencionar la actividad del Ballet del Teatro Argentino de La Plata, pues por su proximidad con la gran ciudad capital, también es parte de nuestro medio. Con problemas financieros, redujo su actividad a reposiciones de lo montado en 2007. Pero para despedida de este año se convino que Iñaki Urlezaga -como coreógrafo- estrenara El Cascanueces. Urlezaga eligió trabajar su versión dentro de los cánones clásicos de la tradición, basándose evidentemente en la primigenia obra de Petipa-Lev Ivanov de neto estilo académico, estrenada en el Teatro Mariinsky de San Petersburgo en diciembre de 1891. El coreógrafo también se apoyó en la magnífica partitura de Tchaikovsky  con lo cual su obra logró consolidar la unidad. Bien definidos el mundo fantástico del viaje al país de los hielos y el divertissement, para el cual diseñó nuevos pasos en las danzas estilizadas y seudoexóticas que lo componen.

El pas-de-deux da posibilidades de lucimiento a la pareja central en este caso integrada por Franco Cadelago y Julieta Paul. Relevante el paso de “manège” de Cadelago y las terminaciones de aquél con Julieta Paul en “pescadito”. En todo este despliegue, la Compañía del Argentino contó con la acertada conducción de Cristina Delmagro. Y el elenco también respondió bien a este esfuerzo mancomunado con actuaciones destacadas como la de Walter Aón en misterioso y gestual Drosselmeyer, Claudio González (padre), Caroline Queiroz y Lisandro Casco (flautilla), Juan Manuel Ortiz (rey de los ratones), y el desempeño del conjunto femenino en el vals de los copos de nieve.


 
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