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viernes, 09 de enero de 2009

Teatro Colón

Por la redacción de Balletin Dance

 

Incertidumbre. La palabra, gastada de tanto uso, se presentó en 2008 como apellido de Teatro Colón. Es lo que ocurre cuando se juega a experimentar en áreas sensibles de la vida social, cuyas consecuencias pueden tener un costo inmenso en el mediano y largo plazo

 

Finalmente una mezcla explosiva de torpeza, ignorancia e intereses mezquinos, terminó arrastrando a la mayor sala lírica del hemisferio, a una situación de postración difícil de revertir.

Sobre el final de esta historia trágica asoma la cabeza de la solución política pergeñada por la actual administración de la ciudad de Buenos Aires: la creación de un ente autárquico, eufemismo con el que el Estado se desprende de este valiosísimo patrimonio y lo entrega al juego de un mercado en el que la Cultura se entiende en función del turismo.

Y esto en el mejor de los casos.

Expuesto lo anterior, que sin rodeos significa que al ingeniero Mauricio Macri le vale nada la cultura académica, la tradición lírica y el arte en general, la sociedad civil deberá hacerse cargo también de su desinterés en la protección de este valuarte.

Los sindicatos y la mayoría de los empleados del gigantesco Teatro convertido por las sucesivas gestiones en reservorio del amiguismo y del clientelismo más espúreo, admitieron un estado de cosas que terminó siendo insostenible.

Balletin Dance enfatizó siempre el valor de lo público en la cultura. Desde distintos sectores de la sociedad se termina corrompiendo este principio de lo colectivo y el espacio público termina siendo apropiado por corporaciones, una parte sus sindicatos, otra la Fundación del Teatro Colón, otras sus gerentes.

Artistas convertidos en burócratas municipales le hicieron el juego al neoliberalismo. Con argumentos progresistas o de la mano de la vieja burocracia sindical, el árbol tapó el bosque, y unos y otros se enroscaron en juegos de extorsiones en torno a reivindicaciones corporativas que hablan de una mentalidad colonizada por la banalidad.

En ese cuadro desolado y desolador algunas voces proclamaron la defensa del Teatro Colón. Nuestro Primer Coliseo pertenece legalmente al gobierno de la ciudad de Buenos Aires pero es patrimonio de la Nación argentina y de la Humanidad.

El edificio demandó casi 20 años de obras y se inauguró hace exactamente 100 años. Otros teatros de esta envergadura y antigüedad han padecido distintas catástrofes (guerras, incendios) por lo que fueron reconstruidos con el respeto y cuidado que asignan aquellas naciones a estas porciones de cultura.

En Buenos Aires, sin embargo, se abandonó el mantenimiento de la sala. Hubo obras de remodelación cosmética, de ampliación y de refacción de algunos sectores, pero se subestimó el problema estructural.

Desde hace una década, especialistas de todo el mundo elevaron proyectos y estudios acerca de la situación edilicia. Hasta que finalmente, hace dos años se decidió comenzar con las obras que fueron financiadas con líneas de crédito del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Desde entonces han cambiado el proyecto y el “Plan” de acción al menos en tres ocasiones. Tres gestiones de gobierno pasaron, la de Aníbal Ibarra, Jorge Telerman y la de Macri, con otros tantos responsables del área de Cultura.

Ninguno de ellos asume la responsabilidad por los daños ocasionados al edificio, la parálisis de las obras, la inflación de los costos y finalmente, la incertidumbre que todo empaña.

Las empresas contratadas para cada una de las reparaciones, han dejado de trabajar por falta de pagos. Así, se contrataron a nuevos “especialistas”. Cada una de las pequeñas secciones de la inmensa sala requiere un cuidado particular. No se trata de restaurar un edificio, sino el Teatro Colón, dueño de una acústica privilegiada que podría haber sido deteriorada por negligencia.

Finalmente, la empresa constructora decidió trasladar una cantidad de objetos a un lugar no identificado… sin inventario de por medio.

 

Los artistas

Además de la lamentable situación edilicia otro tanto ocurre con su personal. Artistas, administrativos, ordenanzas, técnicos, se encuentran en un contexto muy parecido.

Al cerrar el edificio por las obras de refacción, la mayor parte de sus trabajadores fueron reubicados en sedes alquiladas por el gobierno de la ciudad. En 2007 algunos cursos del Instituto Superior de Arte, de los talleres de confección de vestuario, zapatería y algunos administrativos continuaban trabajando entre el polvo de la obra. Pero ya en 2008 todo el personal había sido desperdigado por Buenos Aires.

No se cuidó el material que integra la biblioteca. Algunas cosas pueden faltar, otras pudieron haberse dañado, nadie puede conocer el estado real de situación de la memoria del Teatro.

Con cambios constantes de autoridades, cada nuevo equipo asumió ideas de conducción extremadamente disímiles a las anteriores. La programación comenzó a armarse y desarmarse sobre la marcha, sin el tiempo ni cuidados necesarios para mantener el nivel de jerarquía que supo tener la institución. La improvisación se instaló como patrón cultural. Pareciera como si siempre hubiese sido así.

 

El Ballet, Más Castigado

El Ballet Estable del Teatro Colón comenzó 2007 bajo la dirección de Raúl Candal quien al año fue sucedido, sin ningún motivo aparente, por Guido de Benedetti, quien, un semestre más tarde fue reemplazado por el tandem Olga Ferri-Jorge Amarante en la segunda mitad del año que termina.

La programación de 2008, año del centenario del Colón, acusó fuertemente el impacto: hubo títulos cancelados por problemas legales, falta de pago de derechos de autor, falta de sala para realizar los espectáculos, falta de presupuesto para contratar a nuevos coreógrafos…

Pero, así como la iniciativa para quebrar el espinazo del Teatro Colón para entregarlo al mercado, privatizarlo de manera encubierta, resultó cierto, crece hoy la percepción de que “quieren hacer desaparecer al ballet”. El Teatro Colón es un teatro lírico, lógicamente prioriza la ópera. Pero siempre ha habido un lugar destacado para el Ballet, que ya cumplió sus 80 años.

La indeterminación golpeó con fuerza la actividad diaria del cuerpo estable. Las salas de ensayo en las que lo instalaron son ambientes de un club. No solamente son reducidas y escasas, sino que tienen techos bajos que impiden saltos o levantadas, el piso no es el mejor para los bailarines, los pianos, menos.

Las funciones de esta temporada se desarrollaron en diferentes teatros de la ciudad, con escenarios ínfimos, por eso en algunos casos se decidió que ni siquiera se coloque un telón de fondo, la orquesta no acompañó al ballet porque (?)… hasta el vestuario parecía ser de otra procedencia.

En estas condiciones es imposible pretender que se logre un espectáculo de alto nivel. El jefe de gobierno porteño no asistió a ninguna de sus funciones ni a una sola de las del centenario.

 

El Instituto de Arte

Muchas irregularidades hubo con respecto a la formación de esos pequeños bailarinitos, el futuro del cuerpo de baile, en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón.

Por cuestiones de espacio, o de presupuesto, o ambas, se unieron distintos años lo cual dificulta el aprendizaje, sobre todo en los primeros cursos donde se deben asentar las bases de la técnica.

Por primera vez en su historia no hubo este año Acto de Colación de grados, una ceremonia en la cual se entregan los diplomas a los egresados, y menciones o premios de diversas entidades a los mejores promedios. Profesores del ISA indicaron a Balletin Dance que habían recibido la instrucción de desalojar la sede del la Sociedad Hebraica puesto que habrían faltado algunos pagos en los alquileres. Las clases habían terminado y no se retomarán hasta marzo próximo.

 

Ente Autárquico

A comienzos del año 2008 se cambió la planta estable agregándose directivos al coliseo.

En el medio de este terremoto de problemas, con artistas internacionales como Daniel Baren­boim o Luciano Pavarotti suplicando que alguien salga en defensa del Teatro Colón, la legislatura porteña (40 votos positivos, 12 negativos y 3 abstenciones), el 11 de septiembre resolvió aprobar la ley Nº 2855 que consagra la autarquía del Primer Coliseo. El nuevo status jurídico de la sala le otorga “personería jurídica propia, autonomía funcional y autarquía financiera, con la organización y competencias determinadas en la presente ley”.

En su artículo 31 se señalan doce funciones que, si bien hablan de la formación de artistas, nada dice de los cuerpos artísticos, e indica que la producción de los talleres podrá ser para espectáculos de terceros. Entre las funciones del Directorio, se incluye aprobar prestaciones gratuitas a terceros.

En el artículo 26 se señala que se mantendrá “la estabilidad de todo el personal de planta permanente y de los cuerpos estables al momento de la promulgación de la presente Ley”.

En el marco de esa ley, Mauricio Macri designó a su nuevo directorio: Horacio Sanguinetti como Director General (que ya venía en el cargo), Mariano Emiliani como Director Ejecutivo, Laureano Daniel Escobar y Mónica Freda como Directores Vocales. El otro director Vocal es representante de los trabajadores y sería elegido a través del voto de los empleados. (No realizó porque no cubrieron el 60% del padrón).

Además, habrá un Consejo Asesor Honorario (trabajarán ad honorem y se reunirán al menos cada seis meses), integrado por once miembros, entre ellos el ministro de cultura porteño, directores del gobierno, representantes de los trabajadores y dos personas “con reconocida trayectoria en el ámbito cultural”.

 

Suspensión

Finalmente, el 2 de diciembre, toda la programación del Teatro Colón se suspendió hasta marzo de 2009, por “motivos presupuestarios”.

Quedaron en el tintero funciones de Giselle y un Homenaje a Puccini, que se pasaron a marzo de este año que comienza. Total…

Gustavo López (actual subsecretario general de la Presidencia de la Nación) pidió a la Comisión Nacional de Patrimonio Histórico (hasta aquí la Nación no se había promulgado por el edificio) que intervenga en el caso haciendo un análisis rápido de la situación del teatro y autorizando aquellas obras que no perjudiquen el patrimonio arquitectónico.

“Después de haber gastado 18 millones de pesos para ver cómo se reanudaban las obras, no se reanudaron y no hay un proyecto definitivo”, aseguró el alto funcionario nacional.

 

Trabajadores

Los trabajadores del Colón y otras áreas de la cultura del país crearon una Comisión Organizadora del Encuentro de Trabajadores de los Cuerpos Estables de la República Argentina, que nuclea a 25 cuerpos artísticos y técnicos. La reunión realizada en la provincia de Tucumán a comienzos de diciembre trató la situación especial por la que atraviesa el Teatro Colón.

El 12 de diciembre Sanguinetti terminó de enervar a todo el mundo. En una entrevista al diario La Nación el director del Teatro anunció un nuevo “Master Plan” (bastante diferente al anterior presentado meses atrás), similar al primero de todos, dijo (tocarían solamente la sala principal y el escenario). También aseguró que el “Ballet ha estado un poco desamparado; fue el más castigado...”.

Sanguinetti explicó que Hacienda retiró 1.600.000 pesos del presupuesto destinado a la sala “porque nosotros cometimos el error de no asignar a un espectáculo concreto ese importe”.

La entrevista terminó con anuncios para 2009, en los que olvidó mencionar al Ballet.

Para finalizar, el periodista consultó sobre la comisión directiva del Ente Autárquico:

“- ¿Cómo es trabajar con una comisión que, a juzgar por sus currículums, no tiene experiencia en gestión cultural?

- Mire -respondió Sanguinetti- el director ejecutivo Mariano Emiliani es un abogado laboralista muy distinguido. El contador Laureano Escobar hace un año que está trabajando conmigo. A la otra señora, la contadora, Mónica Freda, la conozco menos, pero es una conocedora del manejo administrativo de la ciudad. Yo estoy contento con la comisión. Para hacer un presupuesto, prefiero a un contador y no a un director de orquesta. En todo caso, para el tema musical estoy yo con mi ignorancia total sobre números, cuentas y demás” (!).

 

Karina Olmedo

En una entrevista que ofreció Karina Olmedo, única primera bailarina en actividad del cuerpo estable del Ballet del Teatro Colón, también a La Nación, la artista aseguró que “no es justo para el pueblo, que nos paga el sueldo, ni para nosotros quedarnos sin programación. Un artista, más allá del dinero, trabaja con su espíritu. El hecho de no tener un proyecto, no saber lo que se va hacer mañana, no tener ni siquiera una clase para hacer a diario, da la sensación como que cerraron la compañía. Entré al Ballet Estable a los 16 años, tengo 38 y nunca terminé una temporada de esta forma”. ¨

 

En voz de todos

Balletin Dance recogió muchos testimonios, de personalidades de la cultura y, en particular, del ballet, de los cuales se seleccionaron los que siguen.

• Juan Lavanga (productor teatral, presidente de la Asociación Arte y Cultura): “Lo que pasa con el Colón es un desastre desde el comienzo del Master Plan. Es indudable que el teatro se tenía que restaurar, pero lo que se ha hecho es una estafa increíble. Un engaño a los contribuyentes. Al lanzar esa cosa ambigua que fue el primer Master Plan, para después pasar a otras obras, y terminar en otro distinto, se consumó una gran estafa política. Que no la adjudico a la actual gestión, sino que se viene arrastrando desde que el teatro se cerró. Los improvisados directores políticos de turno, que jamás habían entrado al Teatro, lo manejan como si fueran “gestores culturales”.

Lo que esta pasando con el Ballet es inconcebible. Cayó en un pozo del que no puede salir. ¿A qué puede adjudicarse todo esto? Hay una gran incapacidad de las direcciones generales del teatro y del ballet. A la dirección general no le interesa el ballet. No hay una programación acorde, ni inteligente. Yo lo veo desde afuera, trabajando para otras compañías. La producción ejecutiva debe depender de la dirección artística del ballet, no puede ser que los grandes artistas que están a la cabeza de una compañía tengan que hacer el trabajo administrativo ellos mismos.

Los bailarines muy jóvenes se van de la compañía, cuando antes el Ballet del Colón era la meta. Si se va la juventud, es que ya se está perdiendo casi todo”.

• Olga Ferri (directora del Ballet Estable del Teatro Colón): “Es el momento de las vacas flacas y hay que aguantar. Yo aseguro que el Ballet no se va a cerrar. Es una idea traída de los pelos. La próxima temporada se está programando, no la podemos dar a la publicidad porque hay muchos problemas aún. No es muy fácil programar cuando los talleres no pueden funcionar. Hay mil problemas al tener que ir de un teatro grande a uno chico. Los pisos, a lo mejor son duros o en ellos no entra todo el cuerpo de baile; entonces hay que estar mirando qué se puede hacer como programa. Si el foso es grande, si entra la orquesta… uno debe evaluar todo. Lo lógico es que el ballet trabaje con la orquesta, pero si no se puede, el ballet se arreglará con cintas.

Con respecto a las reformas edilicias no puedo hablar porque no entro donde están las obras, tengo reuniones en un sótano con los directores. Está prohibido entrar a ver las obras. Es más, ahora van a prohibir todo el acceso, así que no se dónde vamos a reunirnos. Es caótico, pero pasa en todos los teatros del mundo. Pasó con la Scala de Milán, con La Fenice que se incendió. Yo espero que nuestro querido Teatro Colon quede precioso, no tiremos malas ondas, todos deseamos que se arregle pronto”.

• Oscar Araiz: “El Teatro Colón está en un estado lamentable, es una vergüenza internacional. Eso engloba muchas cosas: desde la ignorancia, la decidía, las ambiciones, los valores. Hay una ausencia total de política cultural”.


 
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