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Ballet de Córdoba Imprimir E-Mail
sábado, 10 de mayo de 2008


 

Córdoba

Medio Siglo de Ballet

Por Diego Llumá desde Córdoba capital

 

Balletin Dance asistió a la función inaugural de la temporada del 50º aniversario del Ballet Oficial de la provincia de Córdoba, hecho inusual en un país cuyas alteraciones institucionales afectan particularmente el desarrollo de compañías de ballet que requieren décadas de tradición para afianzar su excelencia

 

El Ballet Oficial de Córdoba conmemora en 2008 cinco décadas de trayectoria, y lo hace con una innovación auspiciosa: el desembarco en la dirección de un equipo conducido por Graciela Piedra (ex directora del Sodre de Uruguay) asistida por el bailarín Leonardo Reale, quien se tomó un año de descanso en el Ballet del Teatro Colón para iniciarse en esta novedosa aventura personal.

 

Por el resultado de la primera función de la temporada, su repercusión en el público y la calidad del producto que subió a escena, se podría inferir que fue un inicio propicio para la nueva etapa.

 

La tradición del ballet clásico en Córdoba es el resultado de una actividad que se inauguró de manera independiente en 1955, a instancias de la maestra Lyde Peralta. Un año más tarde, la coreógrafa Genoveva du Haut Bonet de Sagués reafirmó la idea de dotar a la provincia mediterránea de una compañía oficial de danza que pusiera en escena las más altas piezas del repertorio clásico, así como también las formas populares y hasta las coreografías de vanguardia. La fecha exacta del nacimiento del Ballet Oficial de Córdoba fue el 24 de marzo de 1958.

 

Durante los primeros años, todas las coreografías que el elenco llevó a escena pertenecían a Haut Bonet de Sagués. La primera obra del repertorio universal fue La Sylphide que subió a escena bajo la dirección de Nora Irinova. La repercusión inicial de la compañía llevó a la necesidad de instalar una escuela para la formación de bailarines profesionales. Fue así que la maestra Nora Irinova impulsó la creación del Seminario de Danza en 1961.

 

“La actividad del Ballet Oficial de Córdoba se inscribe en la línea que queremos imprimirle a toda la gestión cultural de la secretaría de Cultura: la diversidad” destacó, con orgullo, Jaime García Vieyra, quien asumió en diciembre pasado al frente de la repartición que tiene a cargo la administración cultural provincial.

 

El funcionario decidió apostar a la continuidad de la gestión en el Teatro Libertador San Martín, al ratificar a Marcela Rearte al frente de la entidad que alberga a seis elencos estables.

 

García Vieyra lanzó un ambicioso plan de auspicio de las artes escénicas que se propone concentrar en la principal sala de la provincia las expresiones académicas clásicas y centralizar en el Teatro Real las de la comedia, grupos independientes, danza contemporánea y experimental.

 

Córdoba plantea grandes desafíos a los programadores culturales que deben montar grandes dispositivos de organización para festivales folklóricos, entre ellos nada menos que el de Cosquín, de rock, y todo el universo de música popular que desde la provincia se exporta al resto del país.

 

“Este cuerpo de ballet clásico ha cumplido un ciclo muy importante. Queremos darle empuje, fuerza, para que no se pierda la tradición importante que viene de los años sesenta y setenta”, promete García Vieyra, quien asegura que las declaraciones están acompañadas de un sostenimiento presupuestario acorde, porque “el ballet es una de las disciplinas del arte que interesan a los cordobeses”.

 

En efecto los anuncios incluyeron convocatorias para sumarse a este elenco que ofrece grandes ventajas a los intérpretes. Sueldos que rondan los tres mil pesos, tres salas de ensayo, tapete italiano nuevo, piso flotante, sistema de aire acondicionado. “Invertimos en infraestructura para que el bailarín trabaje cómodo, con eficiencia y libertad”, destacó a Balletin Dance la directora de la sala Marcela Rearte.

 

La sala está sometida permanentemente a tareas de mantenimiento. En la actualidad se está construyendo una sala para ensayos de orquesta y banda, que permitirá liberar el escenario y así tener más tiempo para ensayo y de trabajo con los técnicos antes de un estreno del ballet.

 

“Tenemos seis cuerpos artísticos residentes en el Teatro, más los seminarios. Son grupos humanos complejos. Pero cuando las condiciones laborales son dignas la gente da lo mejor de sí mismo”, concluyó Rearte, quien aspira a llevar al ballet en gira a Rosario y Buenos Aires en 2009.

 

En lo inmediato, el mayor desafío político que enfrenta su gestión es la concreción de nuevos reglamentos, junto a los sindicatos, que, entre otras cosas permitan resolver el sempiterno problema de las jubilaciones de los bailarines. Córdoba no escapa a la regla que aqueja desde los años noventa a los bailarines de los elencos oficiales: las normativas de emergencia económica impuesta por el neoliberalismo homologó los regímenes de jubilaciones de los bailarines a los del resto de la administración pública sin tener en cuenta la especificidad del metier.

 

Parte importante de las acciones del cincuentenario del ballet consisten en salir a conquistar al público, promoviendo el acceso con entradas accesibles.

 

El primer paso de esa conquista las autoridades lo adeudan a una buena estrategia de comunicación pública y a la contratación de Graciela Piedra para conducir la formación a partir de febrero.

 

“Quiero convertir al Ballet Oficial en el mejor del interior de la República. Para ello se necesita trabajo, y cambiar algunas formas en que el elenco acostumbraba encarar el trabajo. Lo fundamental es disfrutar de lo que cada uno eligió. Esa es la clave de nuestra carrera: enamorarnos de lo que elegimos. No mañana. Hoy. Porque la carrera es corta”, enfatizó Piedra.

 

La primera función del año consistió en un programa mixto con dos coreógrafos invitados, Gustavo Mollajoli y Leonardo Reale, que fue montado, a pulmón, en un mes.

 

El desafío incluía ganar la confianza de intérpretes que recién se reintegraban de las vacaciones y que, para peor, venían de pasar siete meses sin subir al escenario.

 

“Nos estamos conociendo, los bailarines hacen un gran esfuerzo para dominar otra manera de trabajar. Indiscutiblemente, apuesto a esta compañía para crecer juntos”, declaró Piedra.

 

Pronto la directora identificó los problemas centrales a resolver para encaminar el progreso anhelado. “En Córdoba como en el resto del interior tenemos el obstáculo de carecer de una escuela pura. Encontré que hay cosas básicas en la formación que están ausentes. Otras características son virtudes que permiten resolver cosas. Pero falta una escuela pura. Los bailarines fueron formados por diversos maestros y por el seminario de danza de la provincia que funciona en el teatro”, dijo la directora. La directora regresó de Uruguay, tras dirigir el ballet del Sodre, en 2006 y el año pasado se instaló en su Córdoba natal, en una serena casa de campo a 60 km de la capital, su refugio de cada fin de semana.

 

“Volví muy cansada del Sodre. Me gustó el desafío cuando me propusieron ponerme al frente de este ballet. Pensé que, de hecho, esta es mi casa. Aquí me inicié. Este es mi teatro”, enfatizó.

 

El plan estratégico de la directora es empezar de a poco, “apostando a compromisos más grandes de largo plazo”.

 

Piedra se propone remozar el elenco, rejuvenecerlo. “Hay cargos vacantes, la idea es renovar la compañía, darle aires nuevos, traer maestros y coreógrafos. El estreno de abril fue la primera vez después de mucho tiempo que la compañía trabajó con dos coreógrafos en un mismo programa. Mi apuesta es a abrir el cuerpo a distintas propuestas, lo que incluye trabajar con bailarines consagrados de otros elencos”.

 

Los primeros invitados fueron en efecto Alejandro Parente, del Ballet Estable del Teatro Colón y Genoveva Surur del Ballet Argentino de La Plata.

 

El debut de temporada el mes pasado consistió de un programa mixto de tres obras: Milontango (creación de 2001 para el Ballet Municipal de Río de Janeiro) de Mollajoli, ocho cuadros montados sobre tangos tradicionales, que permitieron mostrar el estado del elenco para encarar un lenguaje académico pero moderno. A esa obra grupal le siguió el pas de deux de Don Quijote interpretado por Parente y Surur. Los bailarines cumplieron perfectamente con el objetivo por el cual fueron invitados: sorprender con su precisión, sutilezas, profesionalismo y -porqué no- cualidades acrobáticas.

 

Para el cierre quedó Valses de Viena creada por Reale originalmente para su compañía de cámara el Ballet Metropolitano de Buenos Aires y presentada en Córdoba en versión extendida: La pieza transcurre en la antigua capital de la Austria Imperial. Reale concibió esta obra como parte de un homenaje a Joseph Strauss, para lo cual utilizó un collage de los valses más populares del célebre compositor: Danubio Azul, Vida de Artista, Voces de Primavera y la polca Rayos y Truenos.

 

En esta última Parente fue integrado al elenco como uno más (cabe señalar que fue también uno mucho más alto que el resto de los bailarines) en las dos primeras funciones.

 

El conjunto cordobés respondió con entusiasmo y prolijidad sobre tablas. Necesita, sin duda, un entrenamiento sostenido y más escenario para terminar de dar seguridad y experiencia a sus intérpretes. Esto está contemplado en el planning para 2008, y la nueva disciplina incluirá una hora más de trabajo por día. Ciertamente, para lograr la excelencia se necesita tiempo de dedicación. Y hasta el presente el elenco se había acostumbrado a una disciplina muy sui generis, de escasas horas de empleo por día.

 

Como suele ser el caso en casi todas las compañías argentinas, el desempeño de las mujeres es más interesante que el de la media de los hombres, sin que falte entre ellos material prometedor.

 

Los dos programas que seguirán este año serán mixtos también. Los invitados serán los coreógrafos Mario Galizzi quien montará el segundo acto de El Lago de los Cisnes y una suite de Raymonda; mientras que su colega del Teatro Colón Rubén Gallardo pondrá Fados. Además, Mollajoli y Reale “donarán” unos pas de deux de sus autorías.

 

“Me gustaría también traer a (la coreógrafa catalana) María Rovira para que monte Tierra y Luna”, anheló Piedra. El cierre del año en la provincia mediterránea será El Cascanueces, con la orquesta sinfónica de Córdoba en vivo.

 

La gestión de Piedra se inició con el pie derecho. Como pocas veces en la historia reciente de la compañía, las entradas estaban agotadas. Y una sala llena ovacionó las tres piezas que subieron a escena el primer día.

 

“Me sorprendió el público, el año pasado vine dos veces y no había tanta gente, ni siquiera cuando actuaban con orquesta en vivo. Fue muy gratificante para mí ver el 18 de abril que estaba la sala llena con muy pocas entradas de gentileza. Fue un público exquisito, es lo mejor que nos puede pasar”, destacó Piedra.

 

Parte de las condiciones de la directora para aceptar el cargo fue trabajar en equipo con el productor Juan Lavanga e integrar a Leonardo Reale como asistente de dirección. El bailarín, afectado por una lesión en la espalda y en un talón, aceptó radicarse en la provincia para trabajar en permanencia con el elenco. Aprovechará el año para recuperarse y profundizar en la vía que comenzó con la formación de su propio elenco de figuras de los Tearos Colón y Argentino de La Plata.

 

Sin embargo, Reale desmiente que piense en dejar los escenarios por completo. El destacado bailarín se hizo popular entre los bailarines cordobeses con mucha facilidad.

 

El buen clima de trabajo además devolvió el entusiasmo a los bailarines y bailarinas, incluso a aquellos que no fueron convocados para estas primeras presentaciones.

 

“Con Leo hay confianza mutua, gran respeto, que para mi lo vale todo: sin buen humor y respeto no puedo trabajar”, certificó Piedra.

 

“La convocatoria de Graciela es muy importante a nivel profesional como maestra y bailarina me asegura que voy por buen camino. Es una etapa que estoy viviendo muy fuertemente, con mi compañía. Estoy manejando a primeros bailarines y solistas de compañías oficiales” declaró Reale.

 

Ante la consulta de Balletin Dance, Reale señaló que no está dejando de bailar: “lo tomo como un año de experimentación, me gusta mucho coreografiar, ser maestro. No dije que dejo de bailar… por ahora”.

 
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