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Ediciones 2007 - Octubre 2007 (Año 14, Nº 159)
miércoles, 10 de octubre de 2007

Ballet, Fábulas y Niños

Por Eva Alberione

Expresiva e intensa, Liliana Belfiore conversó con Balletin Dance sobre Cuentos de Ballet que presentará todos los fines de semana de octubre en el Teatro Del Globo y en el Centro Cultural Borges

El Lago de los Cisnes y La Bella Durmiente y el Príncipe son los espectáculos infantiles que Liliana Belfiore viene presentando -en su cuarta temporada consecutiva- junto a su compañía en Buenos Aires.

La maestra y coreógrafa, a cargo de la cátedra de partenaire en el IUNA, continúa formando bailarines en su instituto. “Como coreógrafa y reggiseur busco siempre desarrollarme” explicó a esta revista, a la vez de invitar a quienes deseen participar en las diversas áreas en estas propuestas, “mi lugar está abierto para ellos”.

Aquí, una charla distendida en la que se cuelan la formación de sus alumnos, su visión del arte y lo que para ella significa ser bailarina.

¿Cómo se formó la compañía?

Formamos Cuentos de Ballet hace cuatro años, para dar una oportunidad de desarrollo profesional a alumnos, ex alumnos y personas con talento. Mi objetivo también fue el de acercar a los niños al mundo del ballet, la lírica y el arte en general. Comenzamos haciendo La Bella Durmiente y el Príncipe, y fue un éxito. Este año estamos presentando una revisión de la obra en el Centro Cultural Borges (los domingos a las 16 hs), pero también nos expandimos al Teatro Del Globo donde estamos haciendo El Lago de los Cisnes los sábados y domingos de octubre. Así la compañía crece. Son unas 25 personas más los maestros de danza que me ayudan: Adela Parna y Alicia Vizo, como maestras repetidoras, y Pablo Desse en lo técnico.

¿Cómo son las obras?

La Bella Durmiente y el Príncipe es una obra integral que tiene canciones, texto, actuación y una exigencia alta en materia de danza, porque la coreografía si bien ha sido adaptada, respeta las líneas marcadas por el original de Marius Petipa. En El Lago de los Cisnes, las canciones fueron interpretadas por dos cantantes líricas. Tiene la impronta de la mímica, que es lo habitual en el ballet, más la canción. En ambas se intenta involucrar al niño en un mundo mágico, pero están estructuradas para que goce cualquiera que vaya a verlas.

¿Por qué es importante acercar el arte a los niños?

Porque el arte es la única cosa que eleva al ser humano. El arte es belleza y los niños son extremadamente sensibles a la belleza. Además los cuentos de hadas tienen un valor, una moraleja. Por ejemplo, en La Cenicienta es “sufrir y esperar, que va a venir la recompensa”, tiene una carga.

En Lago... ¿cuál es la moraleja?

Es difícil porque El Lago de los Cisnes no es un cuento de hadas, es una leyenda, pero para mí sería que no todo lo que se ve es real, y que hay que tener mucho cuidado en como uno se comporta, no ser demasiado entusiasta, tener precauciones. Por ejemplo, el Príncipe se enamora de Odette y luego la traiciona. La traiciona porque no piensa, porque se deja llevar, esa es la moraleja que tendría para mí, que hay que tener conciencia de todo lo que puede haber detrás de una acción.

¿Qué es para usted ser bailarín?

La danza es un vehículo expresivo muy intenso. El bailarín debe ser al mismo tiempo músico y plástico. Es un instrumentista porque tiene poder para expresar el sentimiento de la música, y a la vez es un plástico, un escultor de su propio cuerpo, un dibujante de la línea de la música. A través de su armonía, el espectador se conmueve.

¿Cómo ve el panorama de la danza actual?

Hoy en día la técnica ha evolucionado mucho, pero lamentablemente se ha olvidado un poco justamente, que el objetivo de la danza es conmover al espectador. No se conmueve al público si uno se mantiene frío... eso parte también del trabajo en las clases y ensayos. Por eso como maestra yo indico, doy una línea de cómo debe ser interpretado el paso, pero la manera de realizarlo es individual. Para dar otro ejemplo, puedo decir Odette en este momento se conmueve porque tiene miedo, y esa expresión del miedo la tiene que elaborar el artista. Hay que darle al bailarín la libertad para que se sienta dueño de su actuación.

¿Cuál fue su experiencia?

Yo tuve la suerte de tener a Esmeralda Agoglia como directora en el Argentino de La Plata, y de formarme con Estela Deporte, Gloria Kazda, María Ruanova y Michel Borovsky. Fui muy afortunada porque todos los maestros que tenía habían pasado por un escenario. En mi tiempo, uno jamás tenía la cabeza fija en la nuca del de adelante. La cabeza estaba afuera casi en la mayoría de los ejercicios, porque es así como está en el escenario... Hoy en las instituciones a veces no vemos gente que tenga una currículum excelso dentro de lo preformativo... Si uno no domina lo empírico de la danza, ¿cómo puede traspasarlo?

En estos espectáculos donde usted también está en escena ¿qué le brinda el público?

Hoy los elogios que más me conmueven son los que se le hacen a la gente que baila conmigo, porque estoy tratando de formar a otras personas... Pero lo mejor es la respuesta de los niños, que venga uno de 3 o 4 años y te diga “bailaste muy bien” es más lindo que si te lo dijera el mejor de los críticos del New York Times.


 
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