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martes, 10 de julio de 2007

Slam o Cómo Ser Un Éxito Comercial para Regresar al Arte Académico

Por Diego Llumá 

Algunos datos. Quinta vez en la Argentina, primera como maestro. Casa en Buenos Aires, casa en Nueva York. Origen belga, padre Marroquí. Cuatro años con Madonna. Shows con George Michel, Aretha Franklin, dos años con la Aida de Elton John en Broadway 

Slam se enamoró de la Argentina. En mayo pasó un mes en Buenos Aires. Ofreció sus clases en el estudio Twins Tap. Sueña con montar un elenco independiente en la capital. El tiempo dirá.

Hasta entonces, el tiempo dice. Dice que este coreógrafo, bailarín egresado de la Escuela de Ballet de Flandes, en su Bélgica natal, encontró su rumbo en el universo del teatro musical de Broadway hasta que fue seleccionado por la megastar Madonna, en 1990, para integrar su ballet durante uno de los períodos más llamativos de su carrera. 

Así fue como en 1990, Salim Gauwloos, fue rebautizado por la diva Slam. Con ella realizó la gira The Blond Ambition Tour, el documental Truth or Dare (que se conoció entre nosotros como A la Cama con Madonna) e intervino en varios de los videos de sus canciones entre los que se destacan Vogue, Hanky Panky y Holiday (en vivo).

Otro tanto con George Michael y otras figuras que más alto no podían estar en la orografía pop mundial. Además desarrolló una carrera teatral. Actuó en las producciones de la New York City Opera (Salome, Daphne y Candide). En Broadway además de la Aida de Elton John y Tim Rice actuó en Mambo Kings y The Workshop. 

Pero de aquello casi no habla. Al parecer a Slam le facturaron el éxito cuando quiso “regresar” al universo del ballet académico. “Ahí viene el bailarín de Madonna que ahora quiere hacer ballet, piensan muchos cuando me presento. Pero en realidad fue ahí, en el ballet, donde empecé”, protestó Slam en diálogo con balletin dance minutos antes de su clase porteña.  

Sin embargo, a pesar de los prejuicios, Salim-Slam se lanzó a coreografiar para elencos académicos con éxito. El primero en confiarle dos piezas fue Fernando Bujones (entonces al frente del Orlando Ballet) poco antes de morir. Luego, el ex étoile del American Ballet Theatre (ABT), Robert Hill lo llamó para que trabajara con el Ballet de Monterrey. En Buenos Aires montó Between Hope and Fear (entre esperanza y temor) un dúo para los argentinos Lorena Sabena y Fausto Izzi, residente en Brasil.

“La carrera comercial dejó de alimentarme y volví al ballet contemporáneo. Paré porque Estados Unidos dejó de satisfacerme artísticamente. Volví a hacer un trabajo más académico y pedagógico.” aseguró. “Mi lenguaje es contemporáneo-jazz, salvo cuando trabajo con ballets clásicos”.

Slam se zambulló también en la enseñanza. “Mi clase está estructurada como una de ballet clásico con elementos de contemporáneo. Enseño a respirar. Mi movimiento parte de la respiración. Es lo más importante. Uno aprende a moverse de una manera diferente”, explicó Gauwloos.

Cada jornada de trabajo en Buenos Aires comenzó con un calentamiento y elongación de 45 minutos. Después pasó a movimientos emparentados con el hip hop, jazz, clásico puro. “Uso muchas músicas muy diversas. Y doy clases para principiantes y para profesionales. Tengo una buena clase para cada nivel”, explicó.

“En la Argentina descubrí una idiosincrasia muy parecida a la europea. La gente vuelve. En otros países, son muy discontinuados, porque mi trabajo es un poco difícil. Aquí todos vuelven, y si no pueden por algún motivo, te lo anticipan. Son muy respetuosos. Muy europeos”, destacó el coreógrafo.  

Clásico hasta con Madonna 

“La base más fuerte para un bailarín es siempre el ballet clásico. Eso me ayudó a incorporar los otros lenguajes. Me contrataban por esa cualidad. La técnica demanda un esfuerzo, que todos quisiéramos evitar a veces, pero es absolutamente necesario: te fortalece”, explicó. De hecho, en las audiciones del ‘90 Madonna sólo tomó intérpretes con una base firme de ballet, como quedó registrado en el film documental que rodó a lo largo de un año, en el que Slam aparece en varias ocasiones flirteando con la estrella. 

“En las giras con Madona no teníamos clases diarias como una compañía estable. Cada uno tiene su propia rutina. Lo fundamental es lograr una disciplina estricta. Lo que veo en la Argentina y en Europa es que hay una disciplina común, pero que está desapareciendo en Estados Unidos en el ambiente freelance. La gente no va a clase si llueve, si es sábado…”, aseguró. 

“La motivación la tenés que amar, porque éste es un negocio muy duro. El mejor ejemplo es Madonna que está al frente de absolutamente todo en sus espectáculos”.  

Con esa tenacidad, Slam se consiguió una beca para ir a estudiar a Nueva York, en 1987.  

En paralelo comenzó a coreografiar. Primero para la pantalla. Se había vuelto un experto en clips pop y lo contrataron importantes figuras para sus videos: desde Massive Attack a Britney Spears (Deep in my Heart). 

En la actualidad Slam es profesor en el Broadway Dance Center, de la materia Contemporary Jazz, que, asegura, es algo “nuevo, no ligado con el teatro musical”. Los que lo conocen aseguran que no es fácil sacarle una idea de la cabeza cuando ésta se asentó. Por lo que no será extraño encontrarlo en Buenos Aires con más frecuencia. La frecuencia necesaria para poner en marcha su proyecto de ballet independiente. Recursos no le faltan. Ganas tampoco.


 
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