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domingo, 10 de abril de 2016

Entrevista

La Envenenadora de Calle Corrientes

Por Jessica Zilberman

Karina K se pondrá en la piel de una de las asesinas más famosas de Argentina. Será la protagonista de Yiya, El Musical, que se estrenará el 15 de abril en el Teatro El Nacional, bajo la dirección de Ricky Pashkus, con producción de Gabriel García, Juan Pelosi y Roni Isola. En entrevista con Balletin Dance, cuenta los detalles del desafío que supone representar a Yiya Murano

“La vida de Yiya es una revista, en la que muchas veces tuvo que hablar frente a las cámaras, jueces y entrevistadores”, relató Karina K en diálogo con esta cronista. Yiya, El Musical, que se presentará de jueves a domingos en el Teatro El Nacional, va a implicar una desnudez desde las acciones, la palabra y los vínculos que ella mantenía. “No va a ser una desnudez de la pluma y el conchero, sino que será desde otro lugar”, explicó. Particularmente, el año pasado se realizó un “workshop” que consistió en una serie de encuentros en los que participaron los primeros integrantes confirmados del equipo: Tomás Fonzi (que interpretará al hijo), Osvaldo Bazán (el autor) y Ricky Pashkus (el director), con algunos de sus alumnos. Se juntaban “a transitar la pieza y ver qué tono aparecía, con las canciones de Ale Sergi, en esa primera etapa de boceto”. De ese laboratorio, de prueba y error, se encontró “el tono de revista musical”.

En la obra habrá un número de la protagonista con su amante y otro de su receta de bombas de crema. La coreografía es de Alejandro Ibarra, con quien ella había trabajado anteriormente en Víctor Victoria, donde también conoció a Fabián Gianola, que en esta ocasión encarnará al amante de la envenenadora de Monserrat. “Yiya era conocida porque usaba tantas pulseras que se escuchaba el tintineo cuando venía”, reveló Karina K, al señalar que va a haber un baile vinculado a eso “donde, seguramente, vaya a haber aros y que tenga más que ver con el hula hula”. Al cierre de esta edición de Balletin Dance, no se había terminado de completar el elenco, por lo que aún faltaba precisar quiénes harán de las víctimas y del marido.

“Ricky Pashkus es un gran generador de unión de artistas, que hace que el engranaje funcione. Tiene esa percepción, un sexto sentido. Nos llevamos muy bien, nos queremos mucho y hay un vínculo muy afectivo”, celebró la artista. El fue quien le dio la gran oportunidad en el teatro comercial, en 2004, con su actuación en Te Quiero, Sos Perfecto, Cambiá. “Tenemos una historia juntos y una dinámica de trabajo en la que ya sé, con dos palabras que me dice, qué es lo que quiere”, recalcó. “Sé que con Ricky uno tiene que prepararse mucho solo y en casa: es muy expeditivo en los ensayos y, como es un pedagogo, te da consignas que sabe que requieren un tiempo de elaboración”.

La historia de Yiya Murano fue contada por primera vez en versión musical en 1996, con Nenucha, La Envenenadora de Monserrat, que Karina K tuvo posibilidad de ver en ese momento, “si bien tenía tintes de humor, estaba tomada más como un drama”, aseguró. En esta oportunidad habrá humor negro, para lo cual la ayudarán sus estudios de teatro de composición, que transitó en España, donde vivió casi una década, “con máscara y personajes con muchos elementos que quizás no son tan cercanos a uno, donde hay que explorar la vida de otros”. A lo largo de su carrera, interpretó a personajes que fueron reales como la cantante Florence Foster Jenkins (la desafinada, en Souvenir), Judy Garland (en Al Final del Arcoíris), o Rosita de la Plata (en Pepino el 88), por mencionar algunos. No hay que olvidar aquí, que Karina K comenzó a dar sus primeros pasos profesionales de la mano de la danza: fue bailarina de Sugar (cuando todavía se llamaba Karina Moccio), musical protagonizado por Susana Giménez y Ricardo Darín. “A partir de ahí sentí mi vocación como mi carrera: realmente me quiero dedicar a esto”, recuerda. Desde los quince años iba a las audiciones mientras se formaba en la Escuela Nacional de Danzas y en el Taller de Danza Contemporánea del Teatro San Martín. Más aún, de chica se formó con la madre de la expresión corporal, Patricia Stokoe, en el Collegium Musicum de Buenos Aires. “Mis padres me mandaron a danza porque yo era muy inquieta, saltaba en los sillones”, rememoró. Entonces, muchos de sus profesores insistían en que era “muy expresiva” y eso la impulsó a estudiar teatro.

A pesar de su larga trayectoria, aún le quedan cosas por explorar. En esa línea, señala que nunca atravesó a una asesina desde la comedia y que pretende lograr un punto expresivo que no tocó hasta ahora. “Mi desafío es lograr una hilaridad, un humor, un divertimiento sobre la tragedia”, sintetizó.

 


 

 

 
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