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domingo, 10 de abril de 2016

 


EEntrevista

 

Danza Rioplatense

Por Toni Más

Balletin Dance dialogó con la bailarina y vedette de Candombe, Tania Ramírez, también funcionaria de la División de Derechos Humanos y Promoción Sociocultural del Ministerio de Desarrollo Social del Uruguay (MIDES)

El 8 de marzo tuvo lugar una masiva y significativa Llamada en Isla de Flores, de la ciudad de Montevideo. Desde Argentina viajaron algunas referentes femeninas relacionadas con esta expresión artística del folklore rioplatense, para sumarse al festejo. El evento fue organizado por la Comparsa de Candombe La Melaza, creada en 2005 con el fin de celebrar el Día Internacional de la Mujer, una cuerda de tambores liderada por mujeres. Ellas truecan su rol tradicional de danzantes, por el de percusionistas (tocadoras) y los hombres son quienes bailan. Ellos sólo pueden tocar, exclusivamente, el último domingo de cada mes.

A través de esta destacada bailarina y activista social uruguaya, que visitó el mes pasado Buenos Aires, esta revista quiso extender su homenaje a todas las mujeres y resaltar la profunda connotación histórica de esta efeméride. Vinculada al digno reclamo por el sufragio femenino, a las manifestaciones por igualdades y mejoras laborales de las mujeres, suscitados entre finales del siglo XIX y los albores del siglo XX, en Europa y Estados Unidos, respectivamente, con sus trágicos desenlaces. Y, también, a las protestas y celebraciones antes y durante la Primera Guerra Mundial, específicamente, en Rusia, por el determinante protagonismo de las féminas.

De niña, Tania Ramírez, aprendió los pasos y elementos recreados por la mama vieja y a sus dieciséis años pasó a integrar el coro de mujeres Afrogama, agrupación femenina que abría las Llamadas, asociado a la organización Mundo Afro. Luego danzaría en las comparsas Zumbae, Sinfonía y actualmente lo hace en Cuerda de la Explanada, oriunda de San José.  

Ella considera que el Candombe trasciende la danza y la música, pues contiene una poética que refleja un modo de vida. Es un arte de resistencia, como casi todos los practicados por los afrodescendientes, más allá de la suprema energía de fiesta colectiva que albergan. La estructura formal de su cuerpo de baile compuesto por el escobero, el gramillero, la mama vieja, la bailarina y la vedette, al son del Chico, Repique y Piano, van a representar al mundo afrouruguayo y, por extensión, al rioplatense. Hoy en día, constituyen un núcleo vivo de conservación y rescate de una tradición cultural clave y un merecido homenaje a sus ancestros, en ambas márgenes. “Se ha perdido mucho. Tratamos de recuperarlo. La vedette es un rol relativamente nuevo, incorporado en los años ‘50, y tiene cierto parentesco con la reina de la batería de escola do samba, de las comparsas de Brasil”, aseguró Ramírez.

¿Existe una huella religiosa en los orígenes del Candombe?

Obvio. Mi tía, Chavela Ramírez, dice que cada quien baila según el Orisha que lo rige. De modo fluido emanará en la danza el rasgo característico que asociará al individuo con su deidad regente. Por ejemplo una danza guerrera… quizá sensual desde la concepción de dar amor, de afectividad, como la Mae Oshun y lejos de la perspectiva eurocéntrica del término.

¿Cómo es la técnica de esta danza?

La transmisión es, mayormente, empírica, por vía oral. Los brazos siempre irán en un nivel por encima del área de las caderas y por debajo de los hombros. El lenguaje de las manos y sus palmas posee igualmente un simbolismo, hacia arriba buscan la comunicación con lo trascendental y, hacia abajo, con lo ancestral. Si se tiene el paso más para adelante es resistencia. Hay pasos en punta de pie y reculando, relacionado al barrio Sur, o Cuareim, y el paso de Ansina que va más hacia adelante y apoya toda la planta del pie. Hay poca investigación sobre este fenómeno de raíces africanas, pero autóctono de Uruguay, gestado acá hace aproximadamente doscientos años.

¿Cómo articula su vocación artística con su labor como funcionario?

Más bien como activista social -dice entre risas-, pues como funcionario sigo “tercerizada” en semejante entidad estatal de mi país… Con la danza trato de transmitir, conceptualmente, mi labor, cosa que hago también como disc jockey con hincapié en la música de mujeres negras y de origen Afro. Muestro la rica influencia de nuestros ancestros en todo el espectro sonoro contemporáneo en el mundo. Esto contempla al jazz, hip hop, salsa, bachata, merengue, reggae, dance hall, rumba, candombe, conga y la larga lista de géneros fusionados con éstos. Trato de resumir en mi proyección estética, sea danza o música, las variantes expresivas que rozan nuestras raíces. Es una batalla dentro de un ámbito muy machista, por eso nuestra guía es la ideología centrada en la plena igualdad de derechos para todos los seres humanos, más allá de sexo, etnia o extracción social. El trabajo político lo hacemos dentro de Mizanga (Colectivo de mujeres jóvenes afrodescendientes), y luchamos contra toda forma de opresión. Esta tarea nos llevó a México, Nicaragua, Panamá, Brasil, Nicaragua, España, y Estados Unidos. Somos un equipo de diez afrouruguayas que mediante talleres, charlas y redes sociales, concretamos nuestras acciones. Acá, en Buenos Aires, el jueves 10 participamos en una reunión de la Comisión Organizadora del 8 de Noviembre, que próximamente lanzará el Programa Oficial de actividades por el Decenio Internacional de los Afrodescendientes en Argentina. El viernes 11 apoyamos a la comunidad senegalesa en el esclarecimiento por el reciente y alevoso asesinato, frente a su propia casa, de uno de sus más destacados activistas, Massar Ba, un compañero de causa con 15 años de residencia en Argentina. El sábado 12 asistimos al show gratuito de Lauryn Hill, una afronorteamericana y gran referente musical de la lucha femenina, que actuó en el Planetario.

¿Cómo se vive el programa del Decenio Internacional de los Afrodescendientes en Uruguay?

En Uruguay se hizo el lanzamiento oficial en agosto de 2015. La idea es llevar a cabo la agenda del programa, con acciones efectivas, que generen consciencia sobre la problemática del racismo. Exigir y hacer cumplir al estado los compromisos asumidos, para enmendar las desventajas históricas que sufre la población afrodescendiente, ya es un caso de emergencia social. Esas inequidades nos convierten en víctimas sistemáticas de múltiples injusticias. La realidad muestra que la existencia de un gobierno progresista no es garantía para que se resuelvan estos prejuicios, lamentablemente, tan enraizados dentro la cultura de nuestros países. Pero al menos los espacios están, con anteriores gobiernos de derecha, ni imaginar un debate se podía. Urge un cambio cultural, para que todo no sea como un placebo. Hay que evitar que se “folklorice” nuestra política.

Para el futuro

Hemos avanzado mucho, pero batallamos contra rezagos que se han instalado socioculturalmente. Son prejuicios estructurales y, por ende, naturalizados. La creciente ola de femicidios que en pleno siglo XXI sufre Latinoamérica y parte del mundo, está conectada con similares deudas históricas que arrastran las sociedades patriarcales, dadas por la desigualdad de oportunidades, en general, y una injusta repartición de la riqueza, en particular. La violencia institucional y la criminalización de la pobreza son como fantasmas que resurgen de forma cíclica. En la actualidad, sumado a las víctimas pertenecientes a los sectores más postergados, se aprecia una creciente indisciplina social, elevado clima de inseguridad, nuevos y sofisticados mecanismos para la trata de personas, xenofobia y racismo. Se respira un malestar general, extendido por toda nuestra región latinoamericana, que raya con la naturalización del crimen, el narcotráfico, el terrorismo de estado y la impunidad de los políticos corruptos ante la ausencia de una verdadera justicia. Esta cuota de caos social hace que, muchas veces, se relegue a un segundo plano la causa por el derecho de los afrodescendientes, pero es nuestra responsabilidad exigir la prioridad impostergable con que debe asumirse este tema. 

 


 

“Hace tres años, yo misma recibí una feroz golpiza a la salida de un boliche en Montevideo. Fueron, al menos, cuatro mujeres, incluyendo a una joven y su madre, quienes se ensañaron conmigo, aún estando desplomada sobre la vereda. Todo eso me costó varios meses de internación, por una fisura en el hígado y otras lesiones. Me sentí al borde de la muerte. Formalicé una denuncia por racismo, pues vociferaron ofensas discriminatorias mientras me atacaban y aún sigue impune la causa. Por mi doble exposición pública, como activista social y bailarina, fui víctima de la prensa amarilla por largo tiempo y el caso se “viralizó” polémicamente en las redes sociales, donde fui nuevamente agredida, por desconocidos que opinaban desde sus perfiles virtuales. Las acusadas, y otras voces, adujeron que me aprovechaba de mi condición, para victimizarme”.


El 3 de diciembre de 2006, se declaró como Día Nacional del Candombe, la cultura afrouruguaya y la equidad racial. Esto se logró con la contribución de las comparsas de Candombe, activistas afrouruguayos, investigadores y la iniciativa del diputado Edgardo Ortuño Silva con la Ley 18059


El Candombe ha sido declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) en 2009

 


 

 

 
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