Inicio arrow Septiembre 2016 (Año 23 - Nº 257) arrow Marianela Nuñez
Narrow screen resolution Wide screen resolution default color green color orange color

Suscripción (impresa)

Suscripción individual a la edición impresa

 

Balletin en Facebook

Seguinos en Facebook

Balletin en Instagram

 Seguinos en Instagram

Balletin en Twitter

Twitter
Marianela Nuñez Imprimir E-Mail
jueves, 10 de marzo de 2016

 


Nota de tapa

 

Marianela Nuñez, Intima, Cálida y Reflexiva

Por Fátima Nollén desde Londres

Cálida y siempre sonriente, Marianela Nuñez, Principal del Royal Ballet recibió a Balletin Dance durante el descanso de un ensayo, para reflexionar sobre su exitosa carrera y sus proyectos para este año

Sin duda, Marianela Nuñez está pasando por un momento artístico inmejorable: “Trabajo muchísimo, que me encanta, aprovecho este lugar en el Royal para crecer en cada temporada. Y además, bailé en Argentina, algo que quería hacer hacía mucho”, dijo en relación a la gira y la Gala Internacional que realizó en el Teatro Colón en 2015. “Las oportunidades llegan a mí cuando mi cabeza y mi cuerpo están en el lugar perfecto”, agregó.

Carlos Acosta la eligió como partenaire para acompañarlo en su primer rol de principal en una gala, y también para Carmen, en su despedida del Royal Ballet, ¿va a extrañarlo?

Carlos deja en esta casa, y conmigo como partenaire y amigo, un lugar irremplazable. Tengo una relación especial con él. Me conoció cuando era chica en Argentina antes de venirme a la Escuela del Royal. Vi su función allá y me contó que él también iba a Londres para la temporada 1998. Le mostré hace poco una foto de entonces. Fue al año, en que al lastimarse Leanne Benjamin, pidió bailar conmigo Diana y Acteón. Hicimos muchas cosas juntos, y lo digo sin ego y sin humos, pero imprimimos una marca enorme acá, sobre todo con La Fille Mal Gardée que hicimos juntos durante diez años. El último, fue en abril. Lloró de emoción. También con La Bayadera, o Don Quijote, su producción de 2013, que llevamos a Estados Unidos con un éxito increíble. Hice mi primer Giselle con Carlos... Mucho está en DVD. Se preocupó mucho por mí, por mi carrera, como si fuese un papá. Lo admiro y respeto mucho y le estoy agradecida.

Vadim Muntagirov ingresó al Royal Ballet como principal, proveniente del English National. Estos cambios ¿alteran mucho su dinámica como bailarina?

No, porque yo estoy súper enfocada. Hoy ya no hay en el Royal Ballet esa cosa de “partnership” (parejas fijas), que se veía mucho antes. Es bueno experimentar y cambiar porque evitás ponerte cómoda. Cuando bailás con alguien nuevo estás más alerta, hay que ensayar, pensar y hablarse. Es toda una experiencia.  Pero si conocés a la persona, el proceso es más fácil y es encantador saber que el producto que uno llevará al escenario va a funcionar.

¿Cómo prepara un rol como el de Giselle para que se vea fresco?

Una de las cosas más lindas que me dijeron últimamente es que cada vez que me ven hacer un clásico como El Lago de los Cisnes, Giselle o Bella Durmiente, parece que fuese nuevo. Obviamente trabajé mucho esos papeles y acá los maestros me cuidan. (Esta cronista fue testigo de cómo al final de El Cascanueces, su director Kevin O’Hare y su maestro Alexander Aghadzhanov, conversaron con ella diferentes aspectos de su desempeño). Llevo al estudio mi experiencia de haberlo hecho, de pensarlo, de haberlo visto bailar por gente que admiro. Antes de hacer de Giselle, que amo, hice Reina de las Willis, pero miraba todas las funciones, imaginando cómo lo quería interpretar. Lo tenía procesado. Igual, hoy entro al estudio como si fuese la primera vez y uso mi instinto y lo que me dicen. Eso da esa frescura. Como artista puedo sentir su pureza, igual en la escena de la locura. Cada vez que vuelvo a ese rol, encuentro cosas nuevas.

Cuando hice el pas de deux de Giselle para el Teatro Colón en agosto del año pasado con Alejandro Parente, que es raro porque no tiene final, le dimos uno y quedó bellísimo. Pude sentir cómo quedó la gente emocionada, diferente de Don Quijote que también bailé esa noche... Corrí al camarín y me agarraron para salir de nuevo a saludar.

La gira realizada el año pasado en la Argentina ¿le permitió observar el ambiente de la danza nacional? ¿cómo lo vio y qué expectativas le genera regresar?

Realmente me di cuenta del amor que la gente tiene por este arte, las ganas que tienen de bailar, de hacer un espectáculo con todo. Tienen mucha pasión. Hay bailarines talentosos. En cualquier compañía del mundo tenemos estrellas argentinas. Me enorgullece decir que Ludmila Pagliero está en la Opera de París, o Herman Cornejo en el American Ballet Theatre. Vi en Nueva York a Luciana Paris cuando la ascendían a solista en el ABT. Eso significa que las cosas se hacen bien en Argentina. Salimos con buen training, ganas y confianza. Falta que le den lugar al ballet. Y eso, no se cómo se puede hacer. Es importante respetar la tradición. Acá en Inglaterra se cómo son las cosas: se hace un ballet, no funcionó, en la temporada próxima se repiensa, no se deja de lado. Del mismo modo sucede con los bailarines. Están los que acaban de entrar y son el futuro, la gente que está en su mejor momento y la gente senior, que son importantísimos y a los que no se les puede decir ustedes ya no van... Ésa es la gente que da el ejemplo a la nueva. La tradición y el respeto por la carrera, la trayectoria y la ética de trabajo hacen a una compañía. Leanne Benjamin se fue del Royal con 48 años. Acá sentís que respetan cada etapa. Por otra parte me sorprendió muchísimo el público, lo informados que están. Estaban al tanto de toda mi carrera. Me fui llena de la Argentina. Por eso le estoy tan agradecida a Juan Lavanga que preparó la gira 2015 y la de este año en julio. (Ver fechas aparte)

¿La marcó algún lugar en especial?

Sí. Me encontré con el Ballet del Sur de Bahía Blanca, que me llenó. Con mucho profesionalismo, todos muy dedicados en cada ensayo. Si Dios quiere vuelvo en julio (16 y 17) para hacer Giselle completo y tendré más tiempo para compartir sus ensayos. Ricardo Alfonso, el director, es divino, igual que la gente de sastrería y peluquería, todos entregadísimos. Me gustó que fue un trabajo en equipo...

(Ricardo Alfonso considera: “un honor y una gran responsabilidad preparar al Ballet del Sur para estar a la altura de una estrella como Nuñez”.)

Uno de sus sueños era volver a bailar en el Teatro Colón.

Fue la frutilla del postre y se lo agradezco a Maximiliano Guerra. Cuando lo nombraron me dijo que quería que participe de la temporada. Para este año estaré en la Gala otra vez y en Onegin (Cranko) en septiembre. Para mí es un gran regalo. Todos queremos volver al Colón. Llevar a los argentinos que están afuera inspira a la gente, a los más jóvenes; y darle lugar a los bailarines que están, genera un equilibrio muy necesario.

¿Cómo fue su experiencia con el ABT?

Otra cosa que deseaba hace mucho. Kevin O’Hare lo organizó. Me dijo “cuando terminemos la gira de Estados Unidos, el ABT va a hacer La Cenicienta de Ashton, que está en nuestro repertorio, te viene como anillo al dedo...” y lo arregló con Kevin MacKenzie (director del ABT). Fueron dos funciones en la Metropolitan Opera House y me sentí especial allí. Los ensayos me los tomaron los dos Kevin.

¿Qué desafío significa bailar de invitada de otra compañía?

No es fácil hacer “guestings”. Implica salir del habitat normal. Sobre todo para mi que llevo dieciocho años en el Royal. Por eso elijo las invitaciones con cuidado. Me pone mal ver bailarines que, llegan a la compañía a último momento, no se adaptan al estilo ni a la producción y hacen lo que quieren en vez de respetar al grupo y aprender su producción. Excepto una emergencia, claro. Yo prefiero ensayar con la gente, entender a los bailarines locales para que se sientan valorados y yo aceptada. Por ejemplo, para Onegin en Argentina voy a tener un mes de ensayos. Quiero integrarme, sentirlos. Con el ABT fue toda una semana, mientras hacía las funciones del Royal, iba y venía entre la Metropolitan Opera House y el Joyce Theatre. Al fin y al cabo esto es arte y es una cuestión de integridad. Hay que respetar su proceso.

¿Y en el terreno personal?

Estoy muy feliz ahora. Muchos no saben que me divorcié de Thiago Soares hace más de un año. Ese, fue un año difícil y triste. En el Royal nadie sabía nada, ni notaron cambios entre nosotros, dos latinos. No lo podían creer. Creo que por eso nos respetaron. Nadie tomó lugares, ni hubo chismes. Tenemos una excelente relación de trabajo en el escenario.

Para finalizar, Marianela Nuñez que prefiere no hablar de su vida íntima, confesó que actualmente mantiene una relación con Alejandro Parente, primer bailarín del Teatro Colón y docente de la Escuela de Ballet de la Opera de Viena. De ahí proviene su felicidad personal, que se suma a la alegría de bailar nuevamente en Argentina, a partir de julio.


Marianela Nuñez tiene programada una gira a Japón en junio con el Royal Ballet y a Australia para hacer El Lago de los Cisnes, y después de la temporada en Londres Don Quijote de Nureyev en la Opera de Viena bajo al dirección de Manuel Legris.


Gira Argentina

  • 9 de julio: Gala Estadio Club Alemán, partido de San Martin, Buenos Aires
  • 12 y 13 de julio: Marianela Nuñez y sus invitados, Teatro El Círculo de Rosario, Santa Fe
  • 16 y 17 de julio: Giselle, Ballet del Sur, Teatro Municipal de Bahía Blanca, Buenos Aires
  • 20 y 21 de julio: Giselle, Ballet Clásico, Teatro Provincial de la capital salteña
  • 24 y 25 (a confirmar) de julio: Giselle, Ballet del Centro del Conocimiento de Posadas, Misiones
  • 29 y 30 de julio: Giselle, con el Ballet del Sur, Teatro del Lago, Festival de Frutillar, Chile
  • 4 de septiembre: Gala Internacional del Teatro Colón, Buenos Aires
  • 11, 13, 14, 15 y 16 de septiembre: Onegin, Ballet Estable, Teatro Colón

 


 

 
< Anterior   Siguiente >