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domingo, 10 de enero de 2016

Entrevista

Isa: Un Mundo en 16 Instancias

Por Toni Más

Con más de treinta años consagrados a la transmisión de danzas de matriz africana, la profesora y bailarina brasileña María Isabel Soares (Isa), relató a Balletin Dance la novedad de su metodología de enseñanza, que recrea la milenaria cultura Yoruba, de la cual ha sido depositaria, sin ser iniciada, y una transmisora excepcional, a través de la Danza Afro, en Argentina

Alabase (aquel que comparte una tarea) es el título que identifica al Instructorado itinerante, basado en el “Xirê de los Orixás”, que, a partir de este 2016 desarrollará Isa Soares. En general, xirê significa rueda, o ronda; Orixás, deidades del panteón de la cultura Yoruba. Más allá del carácter de su ejecución, sea litúrgico-ritual, profano-festivo o como espectáculo artístico, serán, al menos, 16 las deidades que recrearán los elementos específicos de su danza. En la propuesta de la maestra, la palabra xirê, reinterpreta el término siré del idioma Iorubá y lo traduce como: juego, práctica de un deporte, o fiesta, en 16 instancias. Y, asimismo, la palabra Orixá: Ori =cabeza, Sha/xa = dueño, guardián. El grafema (x) revaloriza su escritura y fonética a partir del desarrollo de la cultura Yoruba en Brasil, y su idioma portugués. El dígrafo (ch o sh) se asocia a la evolución en Cuba, el Caribe y algunos países hispanoparlantes de Latinoamérica, aunque  en Argentina, Uruguay y Paraguay se manifestará con la influencia afrobrasileña.

La estructura clásica del Xirê nace dentro del Candomble, práctica religiosa que acogen millones de brasileños procedentes de todas las clases sociales y diversas etnias hace, aproximadamente, 400 años. Aunque la cultura Yoruba cuenta con 401 deidades, indisolublemente unidas a los elementos de la naturaleza: agua, fuego, tierra y aire (con sus respectivas analogías), serán 16 las que harán su ronda en el Xiré. A saber: Exu, Ogum, Xango, Omulu, Oxossi, Ossain, Ewa, Oba, Naña, Oxum, Iemanja, Iansa, Oxumare, Iroko, Ifa u Orunmila y Oxanla.

En la Santería Cubana, o Regla de Osha-Ifá, se aprecian semejanzas generales, aunque la esencia es la misma. Entre otras, se señalan la del Toque de Tambor, ya sea de carácter semiritual o festivo (Aberikola) o sagrado y/o de fundamento (Añá), siempre determinado por los tambores Batá[1]. Igualmente, el culto a los Orishas fue ampliamente difundido, en toda la Isla, por similar cantidad de siglos, aunque la proliferación del culto de Ifá ha sido fundamental desde el siglo XIX. También, a través del sincretismo religioso de estas deidades de la cultura Yoruba con otros cultos provenientes de África y la asimilación del Catolicismo, el Espiritismo (Kardecismo en Brasil), sin olvidar a la Pacha Mama, se implantó una elaborada modalidad o combinación integral originaria de América y con diversas variantes regionales.

Como docente y coordinadora del área de Danzas afroamericanas en el Centro Cultural Rector Ricardo Rojas de la Universidad de Buenos Aires, desde 1990 al 2006, Soares tuvo a su cargo eventos y muestras anuales. Allí abrió este espacio académico a las expresiones de danza, de perfil similar. La capacidad de apropiación y transmisión, sostenida en el tiempo, de la milenaria cultura Yoruba, resignificada, por Isa, en función de la docencia en una sociedad celosamente regida por el catolicismo, revela una aguda intuición y un talento pedagógico innato. El hecho de carecer de las diversas iniciaciones esotéricas que sustentan gran parte del arte africano, no fue limitante para ella, quien confiesa que tampoco es “aleyo” especie de practicante laico en Osha-Ifá. Aunque en su quehacer cotidiano, y en soledad, también danza el Xiré de los Orixas.

En el año 2005, durante las Jornadas Afroamericanas organizadas por el Ile Ase Osun Doyo[2], en La Manzana de las Luces, alguien pidió dedicar una canción en honor a la memoria de la Iyalorixa Gladys Mallorca, su fundadora. La melódica voz, a capela, inundó el recinto que estalló en aplausos al finalizar la cálida improvisación. “Se llama Isa, Isa Soares y es profesora de danzas afrobrasileñas”, me dijeron. La abordé, porque me habían hablado mucho de su labor docente. Meses más tarde, me sorprendió con su presencia en un curso que impartí en la antigua Fundación Konex. Desde una esquina, absorta en su habitual aura de paz, observó cada movimiento. A fines de 2006, le acerqué una propuesta para impartir juntos un seminario desde las perspectivas afrobrasileñas y afrocubanas, consolidándose allí, mi gran admiración por la singularidad de su tratamiento con estas danzas y por su gesto magnánimo, sorprendido al enterarme que, hasta ese momento, jamás había compartido sala con otro docente.

Los inicios

“De San Pablo llegué a Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires, en 1983, para acompañar a mi esposo en su proyecto laboral. Soy una maestra de primaria que abandonó su profesión y una carrera de Filosofía y Letras, debido a que las mujeres de mi generación seguían a sus parejas, según el mandato familiar de aquella época. En un instituto, en el centro de esa ciudad, comencé a impartir stretching, que estaba de moda, y apliqué algunos elementos de soul, jazz, clásico, contemporáneo y de las danzas afro, que ya había trabajado en Brasil. Así logramos armar un grupo grande de señoras a quienes les encantó la propuesta. Más allá de lo heredado en casa y en mi pueblo, fue mi maestro Wilson Silva quien despertó mi pasión por la técnica de las danzas afro. Esas investigaciones iniciales en mi tierra facilitaron que me aventurara con esta modalidad y resultó algo diferente, ya que aquí rompía con ciertos estereotipos del movimiento que en Brasil son naturales, lo traemos en el cuerpo. Wilson era un gran bailarín académico y me fascinó su dominio técnico total, con él comencé mi investigación sobre la africanidad y, posteriormente, fui descubriendo otras vertientes dentro de esta vasta cultura”.

En 1983, culmina el proceso dictatorial en Argentina ¿Por qué, a pesar de las aperturas democráticas de 1988, en Brasil, y las posteriores iniciativas culturales y artísticas, jamás regresó a su país, al menos, a probar suerte?

“Creo que las costumbres de cada región, o país, moldean los cuerpos y la forma de relacionarse de sus ciudadanos. Ciertas características del argentino, en cuanto a su modo de moverse y danzar, atravesaron mi cuerpo. Ese lenguaje extraverbal me decía que yo podía ofrecer algo, quizá no reproducir el modo de moverse del brasileño, pero sí brindar algo, más allá de modas efímeras y convencionalismos oportunos, en cuanto al arte de la danza se refiere. Por eso todavía no retorné definitivamente. De hecho, cuando llegué, ya existían algunos artistas de Brasil que residían acá y se habían ganado un significativo reconocimiento y respeto tanto en la docencia como en el ambiente del entretenimiento. Por ejemplo: Estela Delfino, Joel Vieyra, Serghina Boamorte, Yuyú Dasilva, Teresinha Texeira, entre otros tantos que no logro recordar ahora. La democracia, en general, fue vital para que se iniciara ese lento reconocimiento de la, siempre relegada, cultura y presencia afro, no sólo en Argentina, sino en Latinoamérica; salvo en algunas poblaciones donde resulta imposible negarla, como en mi país, a pesar de la evidente complejidad de los conflictos que, aún hoy, infiere esa convivencia”.

¿Qué opina de la Resolución 68/237 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, votada unánimemente en 2013, que proclamó el Decenio Internacional de los Afrodescendientes, que comenzó el 1º de enero de 2015, bajo el lema “Afrodescendientes: reconocimiento, justicia y desarrollo”?

“En buena hora ha llegado. Dictaminaron 10 años para que nosotros trabajemos en aras de despertar una conciencia mundial al respecto y reflexionar, en comunión, desde el respeto a la pluralidad y las diferencias. Es un espaldarazo decisivo para nuestra población y para las nuevas generaciones que se “autoperciben” afrodescendientes, aún siendo de ojos azules y pelo rubio, más o menos rizado. Es sabido el mestizaje profundo que de formas infinitas se suscitó en Latinoamérica, tanto el forzado por las violaciones como por elección personal, durante casi 500 años.

Hay un cambio radical en la estructura de pensamiento de muchos en el mundo que, a través de la asimilación del legado afro, han reorientado su proyección artística en la danza, la música, la plástica y en otras expresiones y disciplinas estéticas. Es decir, le han dado un eje más objetivo a sus vidas. Ojalá que la cosecha trascienda el plazo institucional que, con el citado Decenio Internacional, ya supondría saldada la deuda histórica que tienen Europa, y la cultura occidental, con África y América”.

¿Considera que existe un verdadero respeto por la cultura afro?

“En lo personal, he recibido mucho amor y respeto desde que inicié esta tarea hace más de tres décadas. El entramado institucional estatal y privado ha entendido poco nuestra labor y esto conlleva a que exista un uso y abuso del legado de quienes somos transmisores directos del mismo. Por lo que se han multiplicado espacios y escenarios, que se suponen de referencia, en los que se ofrece un contenido vacío, con una forma llamativa por lo ruidosa y se denomina danza afro, acto que creo irrespetuoso.

Es algo muy complejo en lo que estamos trabajando, pues si la Universidad Nacional de las Artes se clasifica, por ejemplo, danza, tango y folklore, esto -repito-, creo, imprime cierta jerarquía a danzas foráneas por encima de estos reales baluartes de la propia cultura argentina, incluso de un patrimonio de la cultura universal, en el caso del tango. Criticamos la falta de memoria hacia los desparecidos durante las recientes dictaduras, el holocausto nazi o la trata negrera. Pero ¿qué está sucediendo con nuestro legado aquí y ahora? Lo acontecido hoy dará resultado en la vida del mañana.

La vida es un Xiré y se debe practicar con el debido respeto, para que Olofin[3] nos conceda siempre su bendición”.

 


 

“Soy docente y me gusta aprender. El espacio de la enseñanza retroalimenta y es muy diferente al del escenario y sus demandas. Por eso jamás hice una agrupación o una compañía de danza, cosa que me parece fantástica para otros con los que incluso colaboro, sólo como invitada”.

 


 

“Estoy muy satisfecha con las obras y piezas coreográficas que elaboran mis ex-alumnos. Salvo en algunas excepciones, donde aprecio un excesivo desborde y cruzamientos desde el ‘desconocimiento’. Para improvisar, antes, se debe conocer en profundidad y así se evitan anacronismos y caracterizaciones grotescas que desvirtúan la esencia del legado afro”.


 

[1] Batá: significa familia y hace referencia a la orquesta, batería o juego de tambores. Según Fernando Ortiz, los tambores Batá “son musicalmente los más valiosos” y pertenecen a los Yoruba. Son tres tambores de madera ahuecada y diferente tamaño: Iyá(madre), Itótele(hermano mediano) y Okónkolo(hermano pequeño). Son bimembranófonos, cerrados y ambipercusivos de forma clepsídrica, cuya afinación se realiza por la tensión de sus cueros a los aros de madera flexible presentes a cada lado, apretando sus tiraderas de piel y cruzando las tiraderas longitudinales con las transversales.

[2] Ile Osun Doyo es el Primer Museo Afroargentino e Instituto de Investigación y difusión de las Culturas Negras, fundado en 1986, sito en Húsares 476, Villa Tesei, Hurlingham, provincia de Buenos Aires.

[3] Dentro de la mitología Yoruba, la trinidad Oloddumare, Olofin y Olorun son los máximos responsables de la creación del universo. Olofin es la divinidad omnisciente y omnipotente que rige a los orishas, humanos y todos los seres vivos del planeta.

 
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