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domingo, 10 de enero de 2016

 


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Historias con la Barra

Por Jessica Zilberman

El Campeonato Argentino y Sudamericano de Pole Dance se celebró del 21 al 23 de noviembre en la sala Pablo Picasso del Paseo La Plaza. Para inaugurarlo, un día antes, los competidores demostraron sus habilidades en las calles de la Ciudad de Buenos Aires

Carteles que indican “no estacionar”, relojes, obras en construcción y hasta las vallas que rodean al Obelisco funcionaron como barras de Pole Dance el 20 de noviembre. Los participantes de Argentina y Sudamérica Pole Championship mostraron sus destrezas en pleno centro porteño. Así empezó a palpitarse la octava edición del certamen que coronó a la argentina María Julia Aguiar y al chileno Ricardo Bustos, quienes competirán en el Mundial de China 2016. El torneo, abalado por la International Pole Dance Fitness Association y la Asociación Argentina de Pole Sport, contó con 160 atletas. Hubo representantes de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, El Salvador, Perú, Paraguay, México y Venezuela. Hombres y mujeres de distintas edades e incluso, por primera vez, concursaron niños en once categorías.

“Las competencias y los certámenes resultaron muy importantes porque fueron mostrándole a la gente que [el Pole Dance] era otra cosa: una actividad de mucho trabajo, con arte, danza, que incluye acrobacia y que nada tiene que ver con lo que se denomina baile del caño o el imaginario popular”, explicó la organizadora del evento, Mara Latasa Saloj, directora de Art Dance Studio. Lo cierto es que este modo de expresión se originó en los clubes nocturnos de Londres como un baile erótico pero actualmente está alejado de eso. “Cualquier cuestión sexy en una competencia es descalificatoria”, declaró Latasa Saloj a Balletin Dance. La disciplina abarca técnicas de palo chino, acrobacia y gimnasia artística. De hecho, quienes la promueven, pretenden que sea incluida en los Juegos Olímpicos. En ese sentido, cabe destacar que esta práctica también es denominada Pole Sport. Según Latasa Saloj, “la actividad que se enseña y que se practica es la misma. Las que son diversas son las competencias”. Por lo tanto, hay algunas “que tienen que ver con un código reglamento, con un puntaje por trucos específicos, donde prácticamente no hay danza ni piso” y otras, como esta, donde “la danza, la expresión y contar una historia es más importante”.

En general, las coreografías que se exhibieron incluyeron danza contemporánea. Sin embargo, el baile del tubo permite fusionar diversas actividades artísticas y eso es lo que enriquece a cada performance. “Vas a encontrar personas con muy alto nivel de habilidades gimnasticas. Hay acrobacia, ballet, una muy fuerte comunidad de danza contemporánea… algunos ex breakdancers”, enumeró la estadounidense Michelle Natoli, miembro del jurado. Según relató a esta revista, el Pole Dance en Nueva York tiende a atraer a más personas con una fuerte base de danza. “Nos gustan las figuras y los elementos de acrobacia pero ustedes hacen más de eso acá [en Argentina]”, expresó. No obstante, las clases de Pole Dance incluyen una entrada en calor, una parte de técnica, coreografía y también elongación. Para evitar lesiones, en términos de Natoli, es muy importante “saber cuándo descansar” y también realizar otro tipo de entrenamiento de la fuerza. En su caso, tiene un estudio de pilates y ese es su ejercicio complementario.

Como ella, hubo otros miembros del jurado que le dieron su tinte internacional al concurso: Yvonne Smink (Holanda), Shaina Cruea (Estados Unidos), Jorge Lera (Noruega), Ximena Riveros (Perú), Camila Fortunato (Brasil) y Francisca Murillo (Chile). También lo integraron los argentinos Mercedes Alegre, María Luz Escalante, Manuel Coggiola, Daniela Bazán Flitt, Mónica Avellaneda y Yanina Cohen. La evaluación se dividió en tres. Por un lado, se controló que se cumpliera con todo lo detallado en el reglamento (jurado “controller”). Por otra parte, se consideró el aspecto técnico, ligado a las figuras en la barra, la fuerza, la flexibilidad y los trucos de riesgo. “Hay muy buen nivel técnico, me parece que es el mejor en años que he estado yo acá”, celebró Mercedes Alegre y completó: “es casi imposible diferenciar un amateur de un profesional y de un master”. Finalmente, se valoró la cuestión artística, vinculada a las líneas, al trabajo de piso, a las transiciones, a lo que transmite el bailarín. “El artístico es netamente un buscador de las mismas cosas que ve cualquier juez de danzas: la conexión con el público, la presencia dentro del escenario y que se mantenga una idea coreográfica de principio a fin”, detalló María Luz Escalante.

Así, el evento plasmó el lado creativo del Pole Dance, donde cada participante contó una historia con su cuerpo. Grandes y chicos dejaron atrás cualquier escrúpulo y demostraron sus habilidades bailando con la barra.

 


 

 

 

 
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