Inicio arrow Eber Lobato
Narrow screen resolution Wide screen resolution default color green color orange color

Suscripción (impresa)

Suscripción individual a la edición impresa

 

Balletin en Facebook

Seguinos en Facebook

Balletin en Instagram

 Seguinos en Instagram

Balletin en Twitter

Twitter
Eber Lobato Imprimir E-Mail
sábado, 10 de noviembre de 2007

 

Entrevista

 
El Espíritu de la Revista Porteña
 

Por Diego Llumá

 

Virtual inventor de la Revista Porteña, radicado en Estados Unidos desde hace cuatro décadas, Eber Lobato anunció que su regreso triunfal al Teatro Maipo podría ser en 2008, con la comedia musical La Lobato. El espectáculo será un homenaje a quien fue su esposa y compañera de aventuras artísticas en los años cincuenta y sesenta, la fallecida bailarina Nélida Lobato

 

El conductor radial Juan Cruz Guillén, Fierrito, concretó una impensable mesa redonda con íconos de la cultura popular argentina de todos los tiempos, para homenajear a Eber Lobato durante una breve estadía en el país en agosto.

 

Del emotivo encuentro participaron Lobato y dos compañeros que compartieron con él y con Fierrito, la cartelera durante la primera etapa del ballet folklórico de Santiago Ayala, El Chúcaro: Antoinette San Martín y Alfredo Lucero. Este cronista de Balletin Dance también fue invitado a integrarse a esta junta de ilustres que se reunió en el programa El Aire de Aquí, que Guillén conduce en la FM Folklórica Nacional 98.7.

 

Lobato marcó a fuego toda una era. Su apellido destaca en la historia de la cultura de masas de la segunda mitad del siglo XX, asociado a quien fuera su esposa entonces, la mitológica Nélida Lobato (1934-1982).

 

En el estudio, Fierrito reveló que Lobato estaba en tratativas con el productor Lino Patalano para montar el show musical que, de cerrar el acuerdo, podría subir a escena en 2008 (se habló de marzo) en el Teatro Maipo.

 

“Todavía no es seguro, hemos hablado con Patalano, estamos viendo la posibilidad de hacer un musical. Hay dos ideas que tengo que llevar a cabo en algún momento. Se cumplen muchos años de la revista porteña y quiero realizar el show Porteñaza. Pero además, siempre pensé que algún día los argentinos haríamos una comedia musical que yo pueda llevar a Estados Unidos. Tengo la esperanza que sea La Lobato”, enfatizó el dueño del célebre apellido.

 

Recuerdos perdidos comenzaron a iluminar áreas de la historia de aquellos años pioneros, años de experimentación, de suprema creatividad. Fueron los tiempos de la creación de géneros, de la invención de la danza en la televisión (en el viejo Canal 7), empresas tributarias, en gran medida, del aporte artístico de Eber y Nélida Lobato.

 

Al coreógrafo -bailarín, compositor musical, cineasta y dibujante- le llovieron sorpresas a lo largo del programa que se desarrolló el 2 de agosto de este año. La más emocional fue un llamado de la vedette Ethel Rojo. “Somos amigos desde hace muchos años. Eber siempre comprendió la esencia del flolklore, es uno de los creadores más multifacéticos que dio la Argentina” recordó la bailarina que también se inició en las danzas regionales, en su provincia natal, Santiago del Estero. “En la época que no se cultivaba la música moderna, él la ponía en los escenarios. Podía montar un malambo, clásico o estilizado, y algo del jazz más negro, absolutamente americano. Tengo el mejor de los recuerdos de aquella época. Eber, fuiste uno de los mejores compañeros de escenario”, le señaló la Rojo, arrancándole unos lagrimones que se tradujeron en silencios extraños para la audiencia radiofónica.

 

Ethel Rojo también recordó los tiempos en que bailaba junto a Lobato y Lucero en el elenco del Chúcaro. “Después de mi estadía en España,  mezclé el folklore con algo de danza española y un toque revisteril. El chúcaro era muy tradicional bailando, muy estricto. Se ponía nervioso, tieso, bailando conmigo, cuando yo metía algo de rumba…”, recordó entre carcajadas de los invitados. El coreógrafo trabajó con ella durante un año en España, en el espectáculo Bla, Bla, Bla, donde terminaron de cultivar la amistad que se prolonga hasta el presente.

 

Por su parte, la maestra y coreógrafa Antoinette San Martín recordó “una época muy importante en mi carrera, en la que hacíamos Música y Fantasía (programa de TV en Canal 7). Hasta entonces yo era muy clásica, pero con ese show me abriste el camino de la comedia musical. Este recuerdo me transporta al antiguo Canal 7 en Ayacucho y Posadas. De ahí íbamos caminando, maquillados y vestidos, al Palais de Glace” a pocas cuadras, sobre la Avenida Libertador, donde se encontraban los demás estudios de la emisora.

 

Un día en clase de danza alguien le comentó a la joven bailarina, a sazón estudiante de arquitectura, que estaban haciendo una “selección” (no existía aún la palabra casting) para realizar una gira con el Chúcaro. “Ingresé al elenco tras las pruebas que nos tomó Norma (Viola)”, dijo San Martín.

 

Las reminiscencias, liberadas, se volcaron a borbotones en la mesa de Radio Nacional. Lobato es dueño de una memoria admirable. Su repaso de cada número de las piezas del Chúcaro que él interpretó era acompañado con movimientos del cuerpo correspondientes. “La Fiesta de la Vendimia, Los Novios, que hacíamos con caretas de Molina Campos. Los Juegos Pampeanos, con La Pulpería…”.

 

“Lo recuerdo bien, Eber, porque yo hacía de gallito de riña, corriendo de un extremo al otro de un escenario inmenso en Mendoza…”, evocó San Martín.

 

Lucero y Lobato intervinieron en la primera coreografía de El Chúcaro, El Museo, en la puesta de 1948 en el Teatro Astral junto a la mítica Blanquita Amaro. El Chúcaro interpretaba a un viejo, dificilísimo de emular, según Fierrito, bailarín también en su tiempo y gran protector del patrimonio cultural de Santiago Ayala y Norma Viola.

 

“En una oportunidad estábamos bailando una obra del Chúcaro en el Teatro Astral. Éramos figuras de óleos, que salían de su marco pictórico para interpretar algún ritmo tradicional. Habían venido a vernos un número importante de generales (NdR: que durante muchos años constituyeron un polo de poder real en nuestro país). Pero yo me enganché un fleco del chiripá (prensa gauchesca) en un clavo salido del marco de mi cuadro: ahí nomás el chiripá -que el maestro nos enseñaba a doblar meticulosamente- me quedó como bata de cola. El chúcaro estaba furioso, me mandó para el camarín”, recordó.

 

El otro Eber

 

Eber Lobato vive en Las Vegas, con su esposa, Sisi, con quien está casado desde hace 40 años. En la actualidad el maestro argentino hace “eventos”. “No estoy en un casino fijo, a mi edad tengo que cuidar mucho lo que hago. Por eso realizo especiales de TV, o para DVDs, que implican un mes de trabajo y a descansar”, explicó.

 

A pesar de la distancia geográfica y la vida peregrina que marcó su carrera, Eber Lobato siempre se las ingenió para mantener cierta presencia en la Argentina. Con Nélida ya había vivido en Chile y hasta la acompañó a París donde ella fue primera figura del cabaret más famoso del planeta, el Lido de París (hazaña que sólo concretó una artista argentina más, la bailarina Laura Lago, figura de ese elenco desde hace siete años).

 

La carrera de los Lobato incluye la incorporación de la danza y música modernizantes en los años cincuenta, a través del poder multiplicador del cine.

 

Entre los títulos más osados del artista, se cuentan Venga a Bailar el Rock (1957), junto a Nélida Lobato, Amelita Vargas, Pedrito Rico y Eddie Pequenino, entre otros. Además, compuso la música y coreografías de otras muchas películas y dirigió una, Natasha (1974).

 

Eber dibujante

 

Una de las dimensiones desconocidas de Eber Lobato, que se descubrieron en la emisión de Radio Nacional, fue la de dibujante y bocetista. Fierrito lo animó a que concluya una muestra de las caras de los personajes que hacía el Chúcaro. Y en esto no hay coincidencias extrañas. Eber Lobato destacó que “el maestro fue mi maestro de pintura y quien me enseñó a dibujar”.

 

Lucero recordó que apenas llegado a Buenos Aires, Santiago Ayala se ganaba el pan retratando a gente en la calle, en Capital Federal, y a veces iba a Luján.

 

Sobre el cierre del programa radial, el conductor del ciclo destacó una emoción que alcanzaba a todos: “seguimos siendo del Chúcaro, seguimos siendo bailarines del maestro”, cerrando así un momento largo y amable que jugó con dos dimensiones del tiempo, el ahora y el ayer, unidos en el recuerdo, actualizado por los relatos de sus protagonistas y perennizado en la transposición generacional que implica esta nota-homenaje a todos ellos- en La Revista Argentina de Danza.

 

Nélida

 

La Lobato fue una de las más destacadas culturas de la revista porteña. Era de contextura pequeña fuera del escenario, pero sobre tablas era “sensual y despampanante”, como coinciden en señalar todos los que la conocieron. Se inició en Chile junto a Eber Lobato y llegó a ser estrella del Lido de París.  En Buenos Aires hizo en los teatros de la avenida Corrientes una excelente versión de lo que había aprendido en su paso por Las Vegas y Francia. Debutó en cine en la década del 50. Su última participación cinematográfica fue en La Fiesta de Todos, un triste panfleto dirigido por Sergio Renán, que reunió a gran cantidad de actores destacados, con motivo del Mundial ‘78. En teatro se destacan Quelle Nuit Lido de París (1964) y Chicago, teatro junto a Ambar La Fox (1977-1978).

 

Eber y Nélida Lobato también asumieron el desafío de la televisión desde 1969 con el show Espectaculares. Otros ciclos suyos fueron El Ángel Azul (1970) y El Mundo de Nélida Lobato (1971).


 
< Anterior   Siguiente >